4 mar. 2016

Maniquí

No sé cómo lo has hecho, pero ya no corro por vestirme, ya no huyo de los espejos.

Vale que estos kilos ya disfrazan mis huesos, pero también hay pequeños detalles.

Hace no tanto, me avergonzaba de mis piernas, y las tapaba con pantalones "anchos".
Mis camisetas siempre tenían escotes redondos.

Mi nariz, mis orejas...

Ahora ya no.
Me gustaría tener que talla de adulta, para no tener que llevar ropa tan inocente, tan " de tapadera".

Pero si he aprendido algo en estos años es que la vida no son tallas ni modas.

No necesito escotes hasta el ombligo porque mi cuerpo no es una exposición puesta por el ayuntamiento.
No necesito tener una talla estándar porque mi ropa es para mí.

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