25 oct. 2013



Hace una semana, cuando el sol se iba a dormir, mis dos familiares más cercanos informaron de la imposibilidad. Recuerdo que estaba sudando, a medio vestir, y que, justo después, Salí corriendo a mi habitación; me cambié el pantalón, me recogí el pelo con una pinza y… entonces vino mi tía a la habitación. Se disponía a abrazarme entre lágrimas, yo aun no reaccionaba. Después vinieron mis tíos y, sentados en mi cama, decían “Llora si lo necesitas”. Apenas cené, qué raro. Me metí a la cama sin poder dormir cómoda, oí la entrada de un sms en mi teléfono móvil y me levanté; era Océano. A las 00.10 me llamó. Fueron las primeras lágrimas y las primeras frases de ánimo. Dormí tres horas.

A la mañana siguiente desayuné sin ganas y pasé la mañana ocupada con tareas de hogar. Después fuimos un rato al hospital, comimos fuera y vuelta al hospital. Fue una tarde intensa; sin hacer nada, esperando a nada, pero contando cada respiración, valorando cada pestañeo. Llegó la noche y volvimos a casa. Una especie de despedida. Esa noche dormí cinco horas.

 A las 08.00 me extrañó no haber recibido la noticia. Llamo y “se ha ido”. Cuelgo. Ya está. Hablé con J., y un “Ánimo” bastó. También cruce tres palabras con El guitarrista. Esa mañana me negué a tener nada que ver con lo correcto. Me refugié en los pequeños. Un abrazo ya no tan infantil y alguna confesión de debilidad. Tras comer, me llamó Gnomi y me dijo que nos veríamos a la tarde. Llegó el momento. El primer abrazo lo recibí de una persona vacía de momentos; no comprendí porqué estaba allí. Después vino mi Tío pequeño de mentiras; no dijo nada, solo dejó que empapase su ropa y que lo echase todo sobre su pecho. Su novia le imitó. Después abracé a unos antiguos vecinos, unos de esos familiares elegidos; entre ellos estaba Chico muffin. Él fue el encargado de renovar mis energías con un abrazo, la brisa que ayudaba a disolver la ansiedad del momento. Y entonces aparecieron Gnomi y Princesa. Y salí hacia la puerta, desplomada. Me arrojé a los brazos de Princesa; después Gnomi. Tras unos minutos hablando, Gnomi me invitó a una pausa diaria. Me regaló un amuleto que va a cumplir una semana alrededor de mi muñeca. Princesa tuvo que irse y después vino “Estrella”. Me levanté de la mesa y la abracé. Me preguntó por mi ánimo y por el de mi familia. Llamé a Microbio: alucinó y me dijo que haría lo posible por estar al día siguiente. También hubieron abrazos de lazos unidos a mi infancia escolar o a la de Sergio. Otra pausa diaria. Demasiados abrazos sinceros para poder ser redactados. Sin cenar, sin lograr dormir, tan siquiera descansar.

 Inyecto café doble en vena, luchando por mantenerme despierta. Saco ropa de hace dos años, de ese color que tanto me apasionó. El pantalón se me cae y busco un remedio. Familiares de fuera, madre del segundo niño de mi infancia. Lágrimas. Entereza… rota por una guitarra. Por unas frases que arañan recuerdos y afloran dolor. Lágrimas nuevas. Un paso, palidez y caída. (… ) Comida apetecible que mi estómago rechaza. Una guitarra, un cajón, una voz (cosquillas en los oídos). Primera huida. Llamada a un Amarillo; voz nueva, mensajes llenos de amor. EL BAR; J. me invita a un café con leche. “¿Fría?”, “Sabes que sí”. Vuelta a la realidad, en autobús; manos entrelazadas que dan el calor necesario, un gesto amarillo perfecto. Batido de chocolate. Consigo dormir.

Mañana confusa. Mensajes de ánimo de familiares, Criso (perdón por la poca originalidad) y otros. Emoción a borbotones. Salir a la calle ya desgarra mis lagrimales. La tarde trascurre como relaté en Luz de luna.

La mañana estaba planificada; mis cervicales son afectadas por la tensión. Veo por casualidad a una vecina de hace tiempo. Las ventosas, como siempre, consiguen descongestionar mi espalda, y un poquito mi dolor psicológico; es más, Sus manos consiguen que caiga dormida largo rato. Cómo no, toca café; con Infancia. Infancia, a mi lado en ese sofá lleno de historia, se encarga de llenar el silencio. Después Microbio, que respeta mis lágrimas pero también me anima a comer un poco. Me promete quedar dentro de poco.

Al día siguiente El guitarrista me saluda con ese abrazo que había reservado. Otros trocitos de mi “Familia” acompañaron mi dolor en forma de abrazo o palabras cálidas.

Esta mañana he llamado a Océano h; le he pillado con prisas, pero su voz como siempre, me ha hecho sonreír y sentir cosquillas. Por la tarde ha estado Tato. ¿Qué más da la lluvia? Un abrazo como nunca; mucho más que un bar de copas, con sus cafés, su tentempié y sus chupitos de niña. Lágrimas, recuerdos, lo clásico de ese sitio. Tato decide regalarme el día. Cómo no, centro. Y cómo no, libros. Es la primera vez que Tato me regala algo físico, es la primera vez que alguien viene conmigo para regalarme un libro, es la primera vez que Tato está conmigo toda la tarde, pero no es la primera vez que Tato está en los momentos difíciles. Ha estado siempre, da exactamente igual la distancia, la diferencia entre su vida y la mia, y da exactamente igual el dolor que pueda sentir y la rabia por no poder corresponder a su apoyo, porque justo por eso le llamo Tato.

23 oct. 2013

Otro martes


Hola. Café con leche; no te acostumbres, que ya sabes que yo soy de café solo. ¿Qué tal estás? Pues mal; creía que hoy estaría mejor… pero nada.

Aparece Luz de luna; zumo de melocotón. “Momento tenso” que yo no consigo percibir.

Al rato, nos refugiamos en el mismo bar que otro martes, el cumpleaños de mi estrella. Esta vez sí qu3e estaba abierta la parte de abajo, y, cómo no, hubo billar. Mis habilidades son y serán malísimas, pero J. es un buen compañero de equipo, lo mismo acierta con tres bolas seguidas que con la blanca.

Con lo que he criticado yo la Coca-Cola, fue lo primero que bebí allí.

¿No decías que te ibas a beber un chupito? No estoy en condiciones para ponerme sincera, J., lo sabes. Luz de luna se sorprendió de mi memoria extrema, le sonrieron los ojos cuando le enseñe la foto de Sergio y me dio ese abrazo extraña: yo sentada en mi silla y ella de rodillas. Le hablé de mi mundo amarillo, le dije que J. forma parte de él, que me pierdo cuando tengo contacto físico con él, pero que no tiene nada que temer. Le quiero muchísimo porque tengo mis motivos, porque lo más malvado que me ha hecho fue arañarme el corazón, y él sabe que lo agradecí. Compartí con ambos los recuerdos de mi etapa yonki, de los olores, las canciones. Luz de luna alucinaba cada vez más, y le dije que apenas me conoce, aun.

Total, como pasa a menudo, los relojes desaparecieron y la lluvia se fue a dormir. J. bostezaba. ¿Dónde vives? Yo te guio. Y así, con botellas de plástico bajo mis pies, terminó al pausa diaria de ayer, sin café, sin abrazo de J. pero recordando cómo era eso de sonreír.

20 oct. 2013

Vuelta a la rutina


No somos conscientes de la suerte de cada respiración o cada latido. Por supuesto que es bueno que, a veces, huyamos de la realidad; pero esas huidas también formaran parte de nuestro historial vital, que, por otro lado, será una colección de sonrisas, lágrimas y otros síntomas afectivos las marcas que dejemos de nuestra existencia.

¿Recuerdas esa tarde, cuando propusimos una cena que nunca llegó?; cuando te recuperes iremos de rebajas, que aún queda un mes (ya entrado el otoño y sin haber ido de compras.

Son frases que, habitualmente, carecen de todo, simplemente rompen el silencio. Pero toda regla tiene excepciones. Tiene que pasar un día, después, si tengo fuerzas, tomaré ese café que me prometí y reanudaré poquito a poco mi rutina deportiva. Me parece que es el único método para abrirme el estómago.

18 oct. 2013

Sonrisas


Este blog significa huida, “válvula de escape”, por tanto, me niego a dejar tantos días en blanco. Escribiré, aunque mi ánimo insista en quedarse paralizado bajo las sábanas; aprovecharé el huracán de pensamientos que me persigue para enfocar mis emociones, tratar de relatar mis objetivos.

A contracorriente. Es el titulo de dos canciones, ambas comerciales, pero de diferentes estilos musicales y con varios años entre ellas. Así es como, tal vez, sonría durante un tiempo; sucederá cuando más impotencia sienta, cuando más pequeña y sobrepasada me encuentre. De ahí que existan las sonrisas entre lágrimas. No implican felicidad, por tanto no vienen cargadas de endorfinas. O tal vez sí, no lo sé. Pero quién sabe. El cuerpo es sabio, pero también torpe, puede ser que no detecte la sinceridad de las sonrisas.

¿Sueños? Preciados o malditos deja ´vus. Sí, digo malditos. Porque, en cuanto a miedos profundos, el cuerpo sí que es sabio. Por qué si no, existen los desvelos de madrugada empapados en gotas de sudor. Pero TODO tiene su parte positiva, las pesadillas no iban  ser menos. Pueden avisarte de peligros o simplemente prepararte para lo peor. Las vacunas son pequeñas dosis del mismo virus, para que el cuerpo no entre en shock. Sucede igual. Y por esa preparación mental de las pesadillas, tal vez los sueños positivos cumplan la misma función. Lo que podemos imaginar, puede ser real.

¿Sabéis? He soñado infinidad de veces los suspiros cargados de amor que me darán las buenas noches y los buenos días; he soñado con las cosquillas recorriendo mi nuca cuando despierte y observe cómo juega con mi melena. Y, cómo no, he soñado mil formas de decir sí. Sí, quiero estar contigo toda la vida; sí, me comprometo a pagar este préstamo en X años; sí, me comprometo a educar a estos niños en un entorno familiar; y sí, enseñaré a sonreír.

14 oct. 2013

STOP, please


Hoy no me apetece ni teclear. Ni ser poética, ni rimar, ni ser positiva. Solo gritar. Pero al final, cómo no, recurro a mi dichosa válvula de escape. Ayer apunté mentalmente pasarme por el trabajo de J.; tengo mis motivos por querer verle y tomar café en su barra. Pero por otro lado, paso de oscurecerle la felicidad que tiene. No seré la primera, pero me alegro más que mucho por su situación. No sé si alguna vez escribí de esto, de él por supuesto que sí. Lo malo es que me haya pillado en esta etapa. No hace tanto de cuando me abrazó porque se lo pedí. Al tiempo me enteré de que, con mis mareos, no me convenía tomar té, pero qué más da.

Ahora es feliz, intuyo que puede enamorarse, si no lo ha hecho ya, y estoy tranquila. A pesar de que él haya sido el único, a pesar de que esté pasando una racha de dependencia emocional brutal, me da paz saber que está bien. Él, que siempre se ha resignado a vivir lo que le toca, ahora… no sé, hablando ayer con él me trasmitía esa magia que yo sentí hace dos años. Y por otro lado me falta tiempo.

Con depresión, cuatro quilos por debajo de mi peso, sin hambre, dividiendo el tiempo de mis días para dormir, estar en el hospital y hacer la compra básica. “No hace falta tener tiempo para un café” ¿Perdón? Yo no lo encuentro. Tal vez sea muy especialita para los cafés, yo qué sé. Pero no me vale tomar un café cualquiera y a toda prisa. Como ya escribí, mi último café duró dos horas, y hubo de todo. No es uno de mis favoritos, pero era el más cercano a mi cama; un domingo por la mañana no se puede exigir mucho.

Pero ya no hablo de J., ni de hospitales, ni de Sergio, ni Océano h… por qué será. Tal vez me haya cansado de compartir el peso de una depresión. Si no duermo bien, es mi problema; si me mareo a menudo, también es mío. Y así podría estar hasta la madrugada. Un “amigo” (entrecomillo porque no sé si puedo considerarlo amigo; digamos que “nos conocemos” y compartimos ciertas formas de ver el mundo, otras no) me ha dicho que nada de lo que pueda pasar en este tiempo es culpa mía. Me lo ha explicado y lo he entendido, es verdad. No deja de ser lógico que me preocupe, pero pase lo que pase no es mi responsabilidad.

13 oct. 2013

Cafe


¿Echabais de menos las entradas con títulos de este tipo? Bien, pues… Como siempre, un café es pausa diaria, desaparece el ruido, la presión e incluso la pesadez de un reloj. Hablar de amores pasados, filosofías, temas personales o la familia; no siempre se consigue. No siempre un café tiene que ser compartido con otro café; también vale un Cola-cao.

Hablar sin tapujos, porque la otra persona te conoce desde siempre, incluso antes de existir. Albert, Risto… o mamá. Frases ajenas que se sienten propias. Impresión de soledad, miedo. Abrazos sin fórmulas y miradas regadas por lágrimas. Corazones solitarios y gélidos que en el fondo sufren fiebre.

10 oct. 2013

Vamos a ver


¿Por dónde empiezo? Ni siquiera hay un orden de cantidades; miedo, debilidad, impotencia, añoranza, rabia…

Vuelvo a echar de menos a Sergio, como en todos los momentos verdaderamente difíciles. Sigo creyendo que todo lo que ocurra en mi vida son baches que podré esquivar. He gritado, literalmente, su nombre entre lágrimas; tarde o temprano me ayudará.

Tengo miedo a la soledad, la penumbra, la ausencia de una luz, aunque sea pequeñita y no muy cercana. La autosuficiencia es terreno desconocido para mi corazón; siempre se apoya en “amarillos” ya sean familiares o amigos. Y, tal vez, por eso tenga ganas tremendas de ver a Jasmine, Tato, Océano, J.… todas esas personas que forman parte de mi historial vital.

Me esfuerzo en hacer vida normal, comer como siempre, hidratarme y no echarme a llorar. Pero es imposible, la debilidad me asalta en momentos inoportunos; hablando con una vecina, tendiendo una lavadora o sacando al perro. Abrazar a mi oso grande de peluche ya no me sirve de casi nada.

Tampoco imaginar una respiración tras mi espalda para conciliar el sueño. A veces rozo mi tripa con mucha suavidad, me estremezco y cierro los ojos para imaginar que no estoy sola, que el universo oculto bajo mis sábanas es real, que no tengo miedo del mundo.

1 oct. 2013

Tardo, pero aprendo


Tomar café (hacer pausa diaria) con cualquiera, conformarme con estrechar brazos desconocidos o perderme en canciones desconocidas.

Digamos que son barreras impuestas a mi forma de ser, pero situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Esto me suena de una película, pero ahora es lo que siento y pienso. “Cualquiera” no es el concepto exacto; podría decir “un amarillo” o alguien que me conoce pero que yo apenas conozco. En cuanto a abrazar y hallar refugio es algo que anhelo, echo de menos ese calorcito, y, honestamente, no me importaría ser la parte activa del abrazo: la trasmisión de energía surte el mismo efecto en ambas direcciones, creo.  ¿Y qué decir de las canciones? Sí, soy coleccionista. Siempre he apostado por versiones lentas y cargadas de amor, pero ya no. El agudo de la música Heavy o la simpleza del Soul equivalen a la misma sensación, erizan la piel de mis oídos.

Por supuesto que sigo apostando por mis sueños, por mi “cuento imperfecto”, pero, hace tiempo, aprendí a vivir todo lo demás.