31 jul. 2013


Cabe destacar que ayer retomé mi rutina deportiva, en pequeñas dosis, eso sí. Una pequeña dosis que, al parecer, ha sido suficiente para contracturar uno de mis hombros. Pero no importa, eso con una pastilla y quince minutos de hielo se pasa. La angustia el miedo, las ganas de llorar, no tienen antídoto.

Ser consciente de que alguien revuele dentro de mí, sacando mi pasado y jugando con mis traumas; desde el principio supe que “el Caramelo provoca caries” pero es ahora cuando pasa factura.

25 jul. 2013


Lo necesito. Cada breve descripción de abrazos hipotéticos me llena de calor durante cinco segundos, después me deja vacía, fría y sola. Pero hoy, por primera vez, he pedido una de estas descripciones y he sido consciente de que mi pulso ha ido descendiendo y mis manos han quedado temblorosas durante unos minutos. Un temblor de emoción; mis ojos han brillado, había quedado sin palabras. Me ha costado mucho empezar a hablar porque mi corazón se ha atado a ese cosquilleo en los hombros, no quería dejarlo huir. Pero sé que cuando hable con esta persona, cuando vea su nombre escrito o simplemente vea una foto, ese calor volverá; no sé si volveré a temblar, pero ya no me da miedo.

24 jul. 2013


Tantas veces echar de menos es inútil…

Sé que las casualidades no existen y que el destino, la vida, sabe el momento perfecto para que pase algo, por eso mismo confío. Cada caída, cada bache en la vida, ayuda a fortalecer, y a menudo oigo “eres fuerte”, aunque parece que no es suficiente. Echo de menos recuerdos, aunque sean puntuales, y también sueños, aun no realizados; mucha gente los considera “cuentos”, pero son mis objetivos, los caminos que quiero tomar hasta alcanzar mi vida.

Por mucho “dolor” que conozca, no cambiaría NADA en mi vida porque, gracias a tantos errores, ahora puedo esquivarlos. He tropezado mil veces con piedras muy parecidas, pero llega un momento en el que parece que tengo un detector.

No tengo prejuicios JAMÁS, pero aun así siempre, una sola mirada, me hace saber cómo es alguien. Tengo que tener cuidado? Puedo confiar? Alguna debilidad?

Llevo tanto tiempo pensando en cómo serás que si, como dicen, es mágico, va a ser como si ya supiera todo de ti.

Puedes ser cualquiera, lo sé. Y puede que ya te conozca, aunque no lo creo; no he sentido esa seguridad de la que hablan, y quiero que me sorprenda, cuando y donde sea. Puedo conocerte sacando al perro, en el gimnasio, en la biblioteca o haciendo la compra de casa. Te busco en cada persona con al que me cruzo, porque aunque me dé igual como sea tu físico, sé perfectamente lo que me harán sentir tus ojos; ya lo he vivido. Sentir que caigo en un abismo sin ningún temor a hacerme daño. Que pueda “estar en casa” en cualquier lugar del mundo si es juntos. Ya lo dije hace muchos blogs, pero es que NECESITO un inventario de recuerdos. NECESITO tus besos de buenas noches y tus cosquillas de buenos dás. Sin despertador, sin reloj. Que el tiempo solo valga si es a tu lado. Que no sean destacables los abrazos ni besos ni caricias, sino al ausencia de ellos. Que me llames niña (mi niña), cariño, tesoro, cielo, amor… y que lo digas porque lo sientes. Que consigas hacerme reír cuando me quiera morir, es bonito.

Oír tu voz superará a los mejores violinistas y pianistas del mundo. El olor de tu cuerpo será el perfume de mi vida, al igual que mi toque de vainilla te hará soñar. Tus manos corretearán por mi espalda como niños traviesos y mis labios buscarán los tuyos, sedientos.













Enamorame, amor

20 jul. 2013


Echo de menos sentir que mis labios arden al distanciarse de los tuyos, la risa tonta cuando tus manos se deslizan por mi espalda, los suspiros que daba sobre tus hombros cuando jugabas por mi espalda. Echo en falta el sabor de nuestros besos, esos que conseguían que todo desapareciera. Echo de menos tus manos abriéndose camino bajo mi camiseta; ese cosquilleo continuo en el estómago. Echo de menos que te metas conmigo, que me abraces cuando tengo frío, que me mires a los ojos y sienta vértigo.

Ya no sé ni a quién va. No siempre se “echa de menos” algo real. Hace no mucho predije que sería un verano cálido, pero, por lo visto, no es la calidez que esperaba; por ahora. Mientras, por las noches, las sábanas arden, encierran un mundo que no para de gritar, tal vez porque no encuentra lo que quiere. Quiero que, cuando me meta a la cama, pueda aspirar su olor, tu olor; una fragancia que me haga sonreír sin poderlo evitar. Que me digas que soy dulce o como tú quieras, porque eso significa que me ves, que soy importante para ti.











Enamorame, amor

19 jul. 2013


Sé que llevo varios blogs sin dejarme llevar, simplemente relatando acontecimientos. Y puedo garantizar que lo echaba de menos. Este blog es, ante todo, el espejo de mi corazón. Ahora toca dejar que hablé él solito. Toma las riendas del teclado.

A veces puedo sentir envidia sana, por tener ante mis ojos buenos consumidores de mi droga (amor); también puede que mi cerebro se alegre por ellos y que quiera que nunca se les acabe el suministro de droga… pero mi corazón siente impotencia por no poder robarles aunque sea unos míseros gramos. Recientemente, ya lo dije, vi a Esperanza y me dio un vuelco el corazón. Sentí muchísimo por él, aun lo recuerdo; sus ojos negros quedaron grabados en mi mente, al igual que la curvatura de sus labios al sonreír. Pero ya es pasado, ya no hay abrazos suyos, ni consejos ni nada. También he de puntualizar que Caramelo ha cambiado, por consecuencia de lo que tanto quería: enamorarse. Verle llorar de emoción, y no de nostalgia, fue el tope; entendí la importancia que le da, la necesidad que tenía de encontrarla. Y me alegro muchísimo por él; ya sabía de antes que mis súplicas terminan surtiendo efecto. Ahora queda que se cumpla MI sueño. Los abrazos siempre serán mis puntos fuertes, por supuesto, pero me parece que ya no actualizaré su Fórmula secreta. ¿Para qué? Todos, cada uno de los abrazos, son importantes, y, últimamente, he visto que ser abrazador también llena por dentro, aparte de que esas 6 reglas no son estrictamente necesarias. Aunque no la vaya a publicar en blogspot, me gustaría hacer una lista de sonrisas de miradas; esos ojos que, cuando brillan, te remueven las mariposillas que andan resecas, sin ganas de vivir, en alguna parte del cuerpo. Y esas miradas no necesitan estar a centímetros de ti, puede que estén a kilómetros, pero que una imagen consiga ese revoleteo.

17 jul. 2013


Encontrarme H, mi estrella, esos ojos negros, fue el principio del fin de ayer.

Mareos, aparentes lipotimias, regadas por lágrimas, y abrigadas por abrazos.

Esta mañana, he hablado con “Océano h” y resulta que la solución a mi temor actual es el helado de chocolate.

El problema es que ahora reaparece un sentimiento impulsivo que ya tenía abandonado; metáfora gastronómica: La mozzarella no utilizada mira cómo su compañero, el jamón york, ya es parte de una pizza. Y yo no sé si mi pizza va a ser dulce, salada, picante… sólo siento miedo de temer que estar mucho tiempo en el recipiente de ingredientes.

12 jul. 2013

Un gran día


En la entrada anterior me quejaba de no llorar. Las rutinas deportivas son metas imposibles con esta temperatura, esta bajada de peso, esta deshidratación, esta preocupación continua. Me he mareado, cómo no, esta vez lo de siempre: una hipoglucemia; aunque he de destacar que es la primera vez que me mareo en una tienda. Cómo no, el antídoto es una lata de Coca-Cola.

El resto de la tarde, como estaba planeado, ha sido bestial. A una hora temprana nos dirigimos a la cita; buen rollo, la sinceridad y el trato amigable persiste. Nos bajamos, veo a mi cuñada y la estrujo entre mis brazos. Es una persona que se deja llamar “amor” y de las pocas a las que apetece llamárselo. Nos lleva hacia su casa, aunque, antes, tenemos que pasar cierto tramo de Casa del terror. Por extraño que siga sonando, “mi nuevo colega” (aun me extraña decirlo) me coge de la mano para darme seguridad en la subida de esas escaleras irregulares, es gracioso, porque Caramelo hizo lo mismo en esa torre. Llegamos, hay presentaciones.

Claras de huevo que se empeñan en no separarse de la yema, espuma de pelo desperdiciada, un vestido monísimo, galletas, cosquillas, un masaje en la espalda, álbumes fotográficos, risas desenfrenadas, sinceridad, más gente, un café que se cae, consejos para el cuidado del pelo, algún leve mareo, comparaciones genéticas, confesiones castigadas con silencios, promesas… y lo mejor: Una carta y una pulsera.

11 jul. 2013

Deshidratandome


Esa sensación que describe Pablo Alborán n una canción tiene distintos factores. El calor actual me provoca una de sus versiones. Me empeño en buscar explicaciones a cada pequeño detalle, pero es imposible. ¿Por qué ayer, sentados en la  cama, tenía tanta sed? La sed es síntoma de inicio de deshidratación. ¿Por qué, estos días, me puedo llegar a beber 3 litros de agua en cuestión de horas? ¿Por qué no lloro? ¿Por qué me doy duchas frías cuando siempre lo he hecho con agua a punto de hervir? Ya no sé si odiar a este elemento (H2O).

Incompatibilidad de mis mayores vicios. comerme la cabeza y deporte


Ayer fue un día fuerte, de emociones inigualables. Tres chicas metidas en escasos metros cuadrados que apenas se conocen, pero con una confianza asombrosa. Colocación de las toallas, tocará compartir una, aunque la mía de perritos (una toalla con historia, muy especial) se queda demasiado pequeña. Varios de los presentes optamos por proteger nuestra piel de la radiación solar, otros no (malditos kamikazes). “La familia” decide darse un chapuzón, aunque yo estoy algo indecisa. Comemos nuestros bocadillos, mi cuñada me ayuda con el mío. De postre, cómo no, “nutella”. Tomamos el sol, abrasamos un poquito nuestra pie, hasta que nos animamos a meternos en la olímpica; a alguien se le ocurre cruzarla, y es entonces cuando sucede algo que quisiera olvidar, algo que anoche trató de impedirme dormir. Por muchas hipoglucemias, síncopes cardiacos o desmayos que haya sufrido a lo largo de estos años, ayer pasó algo nuevo, en el agua, la misma que dije hace tiempo que… era peligrosa, era el origen pero también provocaba tsunamis; bien, a veces no hace falta que sea agua marina. No estoy criticando a Océano, no tiene nada que ver; solo que ayer tuve mucho miedo, aunque al final todo terminó bien.

Tras ese “mal trago” todo continuó redondo. Las chicas nos tomamos un helado mientras ellos siguen en el agua, como los peces. Reparo en que tengo una bolsa de gominolas, que pronto desaparece, al igual que las “Tucs” del postre. Llega la hora de irse, y mi sobrina se desprende del grupo. Mi cuñada y yo compartimos de nuevo el vestuario, mientras a ellos les toca esperarnos en la entrada. Mi pelo terminó rizado, por supuesto, y mi espalda algo roja, pero no picaba; a Caramelo sí.

Terminamos yendo a casa, y, como siempre, acabé encerrándome en una habitación, la habitación. “¿Estás bien?” “No, déjalo. Es normal”. Nos vamos a la parada del autobús, un autobús que no viene. Y hay lágrimas, unas lágrimas que me destrozan por dentro, como nunca antes. Mi cabeza empieza a pensar en mil planes, posibles o improbables; cualquier plan efectivo es suficiente. Y entonces es cuando me sale abrazar a Caramelo. Me dio igual tener que ponerme de puntillas, me dio igual la corta duración del abrazo y la respiración agitada del abrazado. Ahí sí que hubo taquicardia, una bien fuerte. Tomé el control de la situación, a pesar de todo. No quise escuchar nada más, no quise que dijera ni una palabra más. Entramos en casa y yo me quedé en el salón. Fui traslúcida, no transparente. Solo una lágrima brotó de mis ojos, a pesar de que controlé muchísimo mi sinceridad y mi pulso cardiaco. Regresé a la habitación, pedí un trago de agua y me senté sobre esa cama, recuerdos de Telepizza. Quise cambiar de tema, hablar de cualquier otra cosa. Había sido un día perfecto, casi redondo; solo ovalado por “ese susto” en la piscina y ese momento de debilidad. Mi “ex contra” me propuso bajar a la calle, para huir de la situación que bien sabía no iba a soportar. Fuimos al parque, mi parque; ese del que, hace unos años, huí cierto día de noviembre. Hablamos de todo, me permití ser traslucida con él, nunca tanto como con Caramelo. No supe cómo agradecerle su actuación en la piscina; él me confesó que no supo porqué lo hizo, olvidó quién era yo, solo acortó la distancia. Decidí actualizar el papelito de mi cartera.

Llamadme friki, pero necesito decirlo. No sé a quién agradecerle… todo lo de ayer: las risas, la ayuda, los helados, el desahogo. Será Dios, será intervención de Caramelo, tal vez esta “familia” o, quién sabe, mi hombro. Gracias por un día más.

8 jul. 2013

Puede que...


Esta mañana me he levantado de la cama sola, como de costumbre, pero con la piel ardiendo; conste que estoy sana. Sé que se debe al calor, pero, emocionalmente, podría deberse a un grito por sensaciones.

Puede que un amigo me acompañe a casa y hablemos sin filtro: es un gran tesoro esa trasparencia, pero nada se sale de la normalidad del término “amigos”.

Puede que, por una vez, haya desechado la idea de un abrazo; a veces vale más jugar con sabores y texturas con los consecuentes recuerdos y risas.

Puede que tenga que retomar mis rutinas deportivas; mi droga con sus agujetas, tirones y contracturas. La liberación, la seguridad, la confianza en mí misma y en dicho entorno.

Puede que la ropa se acorte y deje que el sol dé vitalidad a mi piel.

Puede que haya desistido en ciertos recuerdos; que ya no quiera Mojito´s, ni piruleta, ni que me muerdan la boca hasta hacer herida, ni que me llamen Pequeño Saltamontes.

Puede que eche de menos a Sergio; es lógico. Puede que imagine cada día cómo sería todo con él, pero no vale de nada. No voy a llorar, porque no cambiará las cosas.

Puede que lo diera todo por un beso lento, por un par de ojos fijos en los míos, por parar el reloj, por sentir mariposas en el esófago.

2 jul. 2013

5´58


(Más tarde se comprenderá el título)

Prometí acompañarte en tu búsqueda de pantalones y camisa, y, por qué no, un cinturón. Esta mañana no he dejado tiempo entre mi despertador hasta el desayuno. Un té unas galletas han sido suficientes. He estrenado mi adquisición de ayer, lo más ligero que he visto en mi armario. Era previsible, he sido vuestro despertador. Tú no desayunas, te duchas, te vistes y nos vamos. Te has cortado el pelo; he de reconocer que tenías un puntazo. Estás igual que siempre, incluso mejor; eres fiel a ti mismo. Te enamoras de un cinturón, yo de otro; sucede como en las películas y como ya dije en un blog de hace mucho: te cargo con las bolsas, pero no te quejas. Te niegas a entrar a cierta tienda, aunque no tardo en salir. Poca variedad. Te aconsejo que te quedes fuera. Mis pies se empiezan a quejar. Otra tienda que optas por no entrar; una camiseta. Sección de cierta tienda hasta ahora desconocida para mí; te encaprichas de una chaqueta que será parte de tus sueños, pero al final me haces caso y admites mi buen gusto por esa camisa. Tienda con escaleras libres, cualquier lector de mi ciudad ya sabe a cuál me refiero; subes conmigo, deambulando por la planta hasta que encuentro prenda y me encamino al probador; te quedas (lo agradezco, aunque no te lo haya dicho directamente) y opinas sobre cómo me queda; ojeamos el sector masculino sin éxito; pago. Subimos al autobús buscando gafas de sol, otra vez sin éxito, para hacer una visita a mi gimnasio; no me ha importado lo más mínimo ver al sujeto “A”. Nuestras gargantas gritan por refrescarse, pero no hay granizado, excusa perfecta para una pausa diaria y uno de tus vicios. Charlamos animadamente y salimos en busca de los ingredientes. Ahora es cuando cobra sentido el título, es el precio que ha supuesto este viaje a Roma. Has visto que soy lista, en cuanto a esencias. Orégano, nata, aceite de oliva, sal, bacon y, cómo no, pasta. El emplatado perfecto, aunque no tenga mucha historia; la textura, exacta. El sabor ya te lo he dicho, y por otra parte estaba mi risa floja. Muchísimas gracias, Chef.

Vuelvo a dirigirme a ti


Anoche me faltaron un par de horas para poder plasmar el día.

Todo empezó por quedar a una hora extraña, a media digestión. Me encontré a un conocido, me pregustó qué tal…etc, y luego te vi. Cómo no, dos besos; te animas a mirar ropa, te conviene, nos conviene. Primeras adquisiciones. A continuación, nos impregnamos por la magia infantil de estas fiestas; es más, tú descargaste tu puño y sobrepasaste los resultados. “Deshidratamos” nuestros hígados, como es costumbre en estos días, destacando la paz existente respecto al protagonista de “¿Contento?”. Decidimos cenar el plato italiano por excelencia, los tres sentados sobre una cama. El final fue demasiado empalagoso para tu gusto, tranquilo hermanito, me refiero a la avellana. Nutella sin chocolate. Tras tu indignación por el poco ambiente de esta ciudad, me acompañasteis a casa. Hacía mucho tiempo que no le daba dos besos a quien tú ya sabes. Gracias otra vez.

1 jul. 2013

Cambio de chip


PROS:  

-          Reencontrarme con la primera chica con la que hablé en ese mal verano, la misma chica que bajó al rellano del portal con una lata de Coca-Cola para rehidratar mis lágrimas.

-          Tapear; no estoy acostumbrada, pero me conviene. Todo sea con tal de recuperar ese 9 en la báscula

-          Un café con hielos, cómo no, en ese bar; parada obligatoria cada vez que bajo al centro

-          Enamorarme de un yogur helado con diversas frutas y dulces

-          Risas incontrolables con comedia familiar en la calle

-          Aprender a beber en bota NOTA: De dos peñas diferentes. (¿Tengo cara de alcohólica?)

-          Impregnarme de una noche de rock

-          Disfrutar, a distancia, de un espectáculo de pirotecnia

ÚNICO CONTRA:

-          Sin ti, seas quien seas