28 ago. 2013


Abrázame, quédate a mi lado, deja que llore hasta quedarme seca, haz lo que sea para que sonría.

Esto y mucho más es lo que quiero mañana; será absurdo, pero tomaré el clásico té de las 5. Lloraré, porque sé que con él no puedo fingir; son muchos años de penas compartidas. Y, como ya no hay Fórmula secreta, le pediré un abrazo en el que yo marque el tiempo y la distancia. Y sé que sonó muy romántico, pero esta vez también desaparecerá cualquier temperatura. Qué más dará que la infusión hierva o que la cerveza esté fría. Dará igual. Porque quiero fundir la puta escarcha que se empeña en paralizar cualquier positivismo de este verano. A pesar de todo, tengo que recordar el dibujo de ese unicornio y otros muchos detalles. Tengo 21 años; seria patético dejarme llevar por la negatividad y anclar un verano más. Sí, han vuelto la ansiedad y las ganas de llorar, peo la palabra depresión dejó de existir para mí; porque nadie, ni siquiera la vida, tiene el poder de derribar mi sonrisa. Ahora está en obras, pero volverá, más amplia que nunca. O tal vez con la misma sencillez, fiel al recuerdo.

Café

Es justo lo que necesito. Evadirme de todo, desahogarme en el fondo de un café solo, pero es lo que menos me conviene. Ayer no comí; ayer rompí a llorar; ayer me quedé dormida en el sofá. Menos mal que la báscula aun no se ha sumado a esta tortura psicológica.

Siento decir que un abrazo carece de sentido; siento abandonar un libro cuando ya me queda menos de la mitad, siento pensar por alto en trozos de cristal. Siento no ser fuerte.

Visto que no podré parar el tiempo durante una temporada, retomaré los tés. Para empezar, una tila de dos sobres, por favor.

23 ago. 2013


No he querido preocuparte. Sí, te he contados las “novedades” familiares y propias; te he contado mi último abrazo, los besos, las caricias y mis molestias para dormir. Pero me he negado a que te preocuparas por una más de mis bajadas de tensión. Ella ya me conoce, sabe mis reacciones, y una mirada ha bastado para saber que un hielo podía ser la solución.

Ojalá todo lo arreglara un hielo. Soy consciente de que los polos se están derritiendo, pero siempre habrá hielo; en las gasolineras, en los bares, en cualquier congelador. El hielo combate accidentes puntuales como un golpe de calor; también es bueno para los dolores musculares. Y el corazón es un músculo. Recuerdo que hace ya unos años un single del verano era “corazón congelado”; qué habría que hacer para mitigar tanto dolor sufrido, esas malditas agujetas cardiacas. ¿Bastaría con hielo? Al final va a resultar que tener corazón de hielo es la mejor opción.

22 ago. 2013


Como siempre, el café es la batería de ciertos momentos; cómo no, repantigados en el mismo sofá.

 Pienso que este camarero quiere entrar en el record de “La peor música”, cada día se supera; pero da igual. Es de los pocos cafés solos que no tienen esa dichosa acidez, las gominolas de cereza picota glaseadas y el bajo coste de las cañas.

Pero ayer fue diferente. Cómo no, fue necesaria cierta dosis de cafeína. No tardaron mucho en llegar los besos rápidos, distraídos. “Te cambio el sitio”, “Déjame dos minutos”, “No muerdas”, “Muerde cuanto quieras, no hay problema” y, cómo no, “Abrázame”. Sé que he renegado de la Fórmula secreta, pero nunca dejaré de amar esa sensación: la temperatura ambiental deja de importar y, aunque suene excesivamente romántico, cualquier sonido desaparece y las agujas del reloj se paran. Ese abrazo, en ese sofá, recostada sobre su hombro… me sentí una niña pequeña. Nunca he tenido primos mayores, pero pienso que, en cierta edad, es la función que cumplen. Abrigar, ayudar y cuidar. Contra todo lo que pueda pensar este sujeto, aun no tengo pseudónimo para él, pero me da igual; necesito decírselo.

Gracias por escucharme siempre, por no impacientarte, por sujetarme cuando estoy mareada, por aconsejarme, por ese chupito que me debías y por esperarme.

20 ago. 2013


Pierdo peso, la ansiedad persiste incansable y el hielo no calma mis quejas musculares. Y, según parece, aun estamos en el meridiano de agobio continuo. Esta tarde he comprobado que mi subconsciente en ocasiones grita y pelea en momentos que no debe hacerlo. He sido sincera, he hablado sin tapujos. También he pasado por diferentes versiones: he sido niña, comiendo gominolas; he sido adulta, rozando mi boca con otra. Estrella, gracias una vez más, por hacer mágico un roce sobre mi hombro; por cierto, he descubierto otro punto débil que tal vez conozcas: esa cicatriz en medio del cuello que de alguna manera también me une a ti.

16 ago. 2013

Por favor



El cargo de toda una casa sobre mis hombros, millones de recuerdos que me asaltan queriendo hundirme, la ansiedad de cada momento: saber que no puedo cambiarlo. Esta semana la empecé suplicando un café, un abrazo, una sonrisa; ahora siento que me voy a desplomar. Te necesito ya, mi vida; sigo sin saber quién eres, pero no me pienso rendir hasta que el roce de nuestros labios sea un cartel iluminado: SOY YO!! Entonces me hundiré en tu pecho y te abrazaré con tanta fuerza que nuestras costillas parezcan entrelazarse. Poco importará que el ritmo de nuestros corazones nos reviente los tímpanos o que nuestras bocas enloquezcan. Te quiero YA, te quiero AQUÍ, te quiero SIEMPRE.































Enamorame, amor

13 ago. 2013

Soñar es gratis no?


Aunque ciertas personas traten de hundirme, de hacerme sentir tan extraña que mi vida carece de sentido, personas como tú me hacen sonreír, sonreír de verdad. Un simple susurro, una sonrisa, el sonido de tu respiración… incluso la ausencia de todo esto son detalles que ponen en marcha mi vida. Palabras demasiado cariñosas incluso para mí, de tu boca, me producen un escalofrío que me llega hasta la nuca; igual que pensar en tenerte cerca. Es un sueño, no puedo enamorarme de ti.

9 ago. 2013

Sencillamente.

¿Sabes qué pasa?
No sé si quererte
No sé si odiarte
No sé si acercarme a ti
o alejarme.

No sé si el tiempo es insignificante
o una absurda barrera.
No sé si la distancia es un reto
No sé si estás cerca o lejos
Quién, dónde y cuándo resumen bien mi inquietud
Y la respuesta es fácil: TÚ

5 ago. 2013

Curiosidad


Ya no es nada nuevo mi alto consumo de cafeína ni el efecto de ésta, ni la velocidad que adquieren mis latidos. Tampoco son nuevas las relevaciones que da mi corazón, la trasparencia del fondo de mi pensamiento, mis sueños y mis miedos. No es nuevo el sofá de ese bar, tampoco la mezcla de pena y rabia que me dan los finales de algunas amistades.

No todos los días encuentro cafeinómanos, como yo. Hemos compartido anécdotas del pasado, comentarios sobre personas en común y algunos sueños. Es curioso: he conocido a muchas personas que se llaman así y nunca me ha enfadado con ninguno; también es curioso que, justo hoy, haya vuelto a ese lugar, regado por lágrimas tanto tiempo atrás, ese que produjo temblores y nudos en estómago. Curioso que al levantarme del sofá el mareo haya sido cuestión de segundos. Curiosa la seguridad con la que he reprendido el camino a casa. Pero lo más curioso de todo es que la llegada a mi portal me ha recordado a mi tierna infancia, con pompas de jabón.

Quiero olvidar, quiero llorar, quiero soñar, quiero besar y me quiero enamorar.

Escribir me da la libertad de explotar y oxigenar mi corazón, pero el calor o la prisa que me rodea apenas me deja masticar la realidad. Huyo de la realidad tan a menudo como puedo; descripciones de abrazos o un “hola” son momentos en los que mi corazón ralentiza su ritmo.
































Enamorame, amor