29 dic. 2013

Sonrisas de mentira


Al final va a resultar que soy masoquista. Una dependiente emocional que suspira tranquila cuando por fin está sola en su casa.

Por supuesto que valoro la compañía, las palabras, los cafés… pero también me alteran. ¿Acaso con eso ya calman mi inquietud? Rotundo no.

A veces pasa por mi cabeza compartir ratitos con Océano, Gnomi, Furby o similares, pero para qué. La soledad que siento tras esos “cafés” es peor que la inicial. Y ya no siento esa impotencia desgarrada en lágrimas; sigo enfadada con todo y rebuscando motivos, pero ya lo tomo como algo rutinario. Es triste, lo sé, pero es lo que toca.

25 dic. 2013

Esperarte


Sé que existes aunque no sepa quién eres o si te conozco. Cierro los ojos y siento premoniciones mágicas del roce de nuestra piel, el sonido de nuestras risas sonando nerviosas en la penumbra. Y sigo sin tener ni idea de dónde estás o cómo será el momento en que sepa que eres tú, pero sé que cada día que pasa estoy más cerca de ese momento. Me da igual si conocerte frente a un café, paseando al perro o en la cola del supermercado. Y sé que siempre le meto prisas a la vida para que te ponga en mi camino, pero creo que cuanto más lo repita más te alejarás de mí. Así que toca esperarte.

24 dic. 2013

Otra vez


Toca sonreír y decir que eres feliz. Dar gracias por lo que tienes, por haber pasado un año más. ¿Cómo? ¿Con qué cambios? Eso da igual; todo culpa de la Navidad comercial. Asociamos FAMILIA a una conmemoración religiosa. ¿Por qué? Esto es mucho más que “sonrisa de maquillaje”. Parece que está prohibido sentir soledad en estos días. Y todo por “moda”, costumbres… sociedad.

Por otro lado, los pequeños esperan deseosos a recibir regalos, todo bienes materiales. Qué culpa tienen ellos. Yo hace tiempo que no pido deseos por escrito, aprendí que los abrazos no son cuestión de palabras ni reglas.

Recuerdo, de pequeña, estuve tentada a pedir un imposible a los Reyes Magos; total, son mágicos. Pero era totalmente imposible. Ahora no; mi deseo puede hacerse realidad. Es cuestión de suerte. Quiero… no sentir frío. Y no me valen pijamas, ni batas… ni una sauna. Quiero, necesito, calor emocional. Hace no tanto que una mirada, su mirada, me dio el calor que necesitaba para recuperar el aliento.

20 dic. 2013


¿Por qué, cada vez que voy al centro, mis pasos me llevan al mismo sitio?

Furby quería  haber acompañado mi “escapada”, pero no ha podido; lo he preferido. ¿Qué he hecho? Nada; subir a una librería, ojear las novedades. Y, cómo no, ir allí. J. me ha saludado como siempre. He curioseado su libro; también su marca páginas, me sonaba. Le he pedido que me llevara el café a la mesa, que quería leer. Habré leído 5 páginas, o menos. Me he despedido de él. Un par de compras para casa, y a casa.

17 dic. 2013

Colgando en sus manos


Todos nos sabemos esa canción de memoria. Y ha sido así, “he colgado”, mi espalda lo ha hecho, para ser precisos. Una vez más, esta nueva vida ha congestionado mi espalda, cierto pinzamiento en los hombros. Ya me ha preguntado: ¿Hasta dónde te llegan los tirones? Y garantizado queda que mañana mi espalda se quejará.

Lo malo ha sido después. No sé si serán avisos de parte de mis cervicales o de mi nutrición, pero el techo se ha cubierto de puntitos y ya no oía chill out. Ha venido Sus manos y me ha hecho volver a la normalidad, con su voz dulce J

Por otra parte, ya huele mucho a Navidad. Y me da miedo. Será una Navidad extraña; no habrá Familia (con mayúscula), pero habrá de mentiras, por muchas partes. Seré una ex fumadora que invierte en chicles.

15 dic. 2013

Café helado


He dado con un nuevo rincón; allí hay estilo, hay autenticidad y también hay imaginación.

Aun me sorprende el poder que tienen las malas rachas. Da igual que apenas conozcas a alguien; le cuentas tus problemas, compartes café e incluso lloras de risa, te emocionas y buscas cualquier mirada cuando sientes que te ahogas.

Sientes tan claros unos recuerdos que se te escapan por la boca sin que dé tiempo a nada. Los mareos, cómo no, están ahí. Y lo peor no es mi incapacidad por soportar.

Sino que NO entiendo, no encuentro salidas, no veo por ningún lado esa dosis de esperanza que llevo incorporada desde hace años.; y me ahogo. Ya no es que tenga la tensión baja, que como poco o que haga calor o ruido. Me mareo porque el miedo que tengo me corta la respiración y todos sabemos que un cerebro sin oxigeno no hace mucho.

Sé que he prometido a “Furby” mencionarle en una entrada, pero está visto que mi mente no necesita hacer referencia a ese café con helado de nata sino gritar que está de miedo hasta las cejas. Y no es miedo a la oscuridad o a la soledad. Es miedo a desquiciarme, miedo a que la realidad pueda conmigo, miedo a que un pitido de oídos me haga explotar como una olla express.

Y sé que el mejor momento para explotar era con Furby, uno frente al otro, con ese café helado. Pero ha sido imposible. Él ya sabe que me llevo mejor con las letras. Así que una vez más, mi pobre teclado de ordenador tendrá que soportar mis embestidas, con razón se me han borrado ya algunas letras.

¿Sabes qué pasa, querido teclado? Que echo de menos a las personas que aparecen en mi vida y la llenan de color, porque siempre se van. Sin decirme porqué se van, en qué me he equivocado, si les he tratado mal o lo que sea. Y además estoy enfadada, porque, si solo fuera echar de menos, lo entendería, pero también toca tragar y tragar. Y yo tengo el estomago pequeño. Y recuerdo haberlo estudiado; el estómago, cuando está lleno, tiene una válvula que se llama “cardias” o algo así. Pues eso, que estoy hasta arriba de tragar basura. Digamos que me siento como un puto vertedero. Que si la contaminación ambiental, el reciclaje y la madre que lo parió a todo. Hay quien opina que Greenpeace , por mucho que vaya de desinteresada, es una absoluta interesada. Pues me pasa lo mismo. Dios, karma o lo que quiera que decida las cosas se está descojonando en mi cara mientras me dan las primeras arcadas por sobrecarga.

Y cómo no, esta Océano h. Un completo amarillo, un imbécil, un saco de boxeo a distancia. Que solo recibe hostias y gritos al otro lado del teléfono. Que aun así se dirige a mí como “niña”, que no ha recibido nada positivo de mí. Que no para de darme consejos, como ese helado de chocolate, y aunque no le haga caso siempre tiene preparado un abrazo perfecto. Su voz dulce, que me da hasta calor en el esófago, ese “mi niña”, “cielo” o “”amor”. Que me dice que soy su osito de peluche cuando es completamente lo contrario.

Lo peor es que a Océano h ya le conocía, pero a Furby no. Y llámame loca, querido teclado, pero, tal vez  por los cafés o porque me esté volviendo loca, quiero pensar que Furby va a ser un amarillo. No sé por cuánto tiempo, pero me gustaría escribir más a menudo ese “mote” en mi blog.

9 dic. 2013

Demasiadadas


Océano se acuerda de mí y me pregunta qué tal estoy. Lo mismo que Criso o Tato. A veces no hace falta la cercanía física. La semana pasada tenía excusa para sentir escalofríos, ya no. Y ahora es cuándo menos me desprendo de ellos. “El mundo no va a esperar a que yo esté lista”, lo sé, lo estoy comprobando. Y a qué nivel. Llorar como una loca en mi casa, mientras escribo, tendiendo ropa o cenando, da igual cuándo.  

Es gracioso que mis entradas queden tan poéticas, tan aparentemente curradas, cuando son tan puras, tan poco meditadas. Tengo demasiadas horas al día para pensar qué escribir y con qué palabras. Demasiados pensamientos confusos. Demasiadas dudas.

7 dic. 2013

Un dia más con Tato


Esta vez con más frio y con buenas dosis de Ibuprofeno. Con cafés en Mucho más que un bar de copas. Unos fuman y otras comen, cada uno calma su ansiedad como quiere.

Le quiero, siempre le he querido y nunca he dicho lo contrario. Hemos hablado de cosas del pasado, como muchas veces. Pero hoy le he dejado las cosas bien claritas. Siempre me critica por vivir “tipo Disney”, pero ya le he dicho que cada uno escapa de su realidad como quiere. Unos beben, otros se drogan… y otros prefieren imaginarse un mundo bonito, dulce. No sé si se ha dado cuenta de que estaba a punto de llorar, que me costaba incluso respirar. Pero me ha dado igual; es justo que sea sincera con él.

Me ha acompañado a casa y le he enseñado las imágenes que decoran mis sueños y mis recuerdos. Le ha impactado cierto niño bonito. Yo, como siempre, no he parado de sonreír durante esas fotografías. Me ha prometido vernos dentro de poco, me ha abrazado y se ha ido. Para que luego critiquen las amistades a distancia.

5 dic. 2013

Vuelve el café


Cada escapada, cada sonrisa arrancada por alguien, queda presa en un café. Con hielo, con leche, con dos de azúcar, con espuma… da igual: es café.

Un médico me recomendó que tomase café, por la tensión y sus mareos consecuentes; que cuidase mi alimentación y intentara descansar. Sonreír no está de más.

Y ya no es como antes: varios vahídos al día. Hacía casi un mes que no me pasaba. Tal vez por querer hacer normal lo que es nuevo, si nunca había ido sola, ¿por qué hoy sí?, ciertas conversaciones o alimentos llenos de historias. Me ha costado recorrer el pasillo del autobús, necesitaba aire, por muy frío que esté.

He llegado a casa, y antes de colocar las compras, me he desprendido de mi ropa para refugiarme en mi pijama, esperándome bajo la almohada, calentito, como un café.