30 mar. 2014

Poco que decir

No podrás decir que no disfruto con la comida, la música, tu risa, tu mirada al otro lado de la mesa.
Igual que no puedes decir que no me quieres. Por mucho que te empeñes en chincharme, ya sé tu truco. Dices justo lo opuesto a lo que piensas. Aun así, te amoldas a mí; me has escrito. Por supuesto, esa cartita ya está guardada.

Volviendo a “Italia”, tú has visto mi temblor, mi entusiasmo, mi emoción, mi ojillos brillantes… por qué brillaban: el piano, el placer de degustar esos platos y, más importante que todo eso, porque estaba contigo. Contigo he compartido cenas y desayunos, pero nos quedaba la comida; objetivo conseguido. Igual que hemos conseguido tantas cosas.

Ya en casa, en tu cuarto, ha sido como siempre, incluso mejor. Me volví a emocionar al leerte y me volví a quedar dormida a tu lado, aunque me negase por hoy. Hoy mi sueño ha durado más tiempo, hoy me has dado besos llenos de ternura y hoy hemos sobrepasado cualquier medida de felicidad, comodidad, complicidad…


Pero, ¿sabes con lo que más me quedo de hoy? Parte de tu carta; me has llamado Luz. Tú, el que apareciste en medio de mi oscuridad; sé que tu situación era similar a la mía, pero me parece tan… idéntico, que no sé qué hacer, qué decir. 

29 mar. 2014

Verte dormir, tan confiado en mí y en mis manos, tan preso de mi aroma dulce y delicado, tan frágil; como yo. Fue inolvidable.
Tanto ayer como hoy, he sentido que estoy correspondiendo a tu atención, y no significa que me esfuerce, simplemente me gusta. Me sabe bien saber que yo también hago magia con sólo rozarte.
Pero lo mejor no es eso. Lo mejor es saber que, a pesar de haber tenido un año complicado, lo voy a terminar con una sonrisa de película. Sí, sé que es una expresión exagerada, pero es así. Lo siento, Albert, ya encontré mi brújula; y mi sonrisa, que es lo que más importaba, ¿no?
Me paro a pensar en todas las personas que han intervenido en mi historial vital este año y me siento… no mal, ni bien, sino confusa. Agradezco que tratasen de ayudarme a sonreír, pero no les salió bien. Y tú, tal vez por conocerme de tiempo atrás, tal vez por el destino, tal vez mi situación o quién sabe si sólo por escucharme, conseguiste abrirte un hueco y orientarme un poquito hacia mi sonrisa. Quién sabe si ese apagón ya fue una señal para saber que me darías luz. Quién sabe si mi oscurofobia estaba ahí desde siempre para valorar la luz que dan personas como tú; perdón, tú y nadie más. ¿De qué valen mecheros encendidos, si al final se acaba el gas? ¿De qué sirve la luna llena, si a veces las nubes ocultan su luz? Eso ha sido un golpe bajo hacia J., lo siento. No olvido que estuvo ese martes conmigo ni que me prometió un café ni ese otro martes. Pero a veces la luna no es suficiente; ni el deporte, los libros, el Océano ó la música. Lo siento, de verdad. Hay personas que, sin hacer nada, lo hacen todo – Madre mía. No soporto las expresiones tan clásicas - . Y, sinceramente, no sabría decir cómo lo has hecho. ¿Por qué has podido más que los ansiolíticos? ¿Por qué sonrío con tanta fuerza? ¿Por qué he tardado tanto en saber que tú… eras tú? Infancia ya me lo dijo; “Amor basado en amistad es lo mejor”, cierto, pero da rabia haber tardado tanto. Mi Familia ha estado ahí, como siempre, en cada una de mis caídas – Siento haber mencionado antes a Océano y El guitarrista por supuesto no son los únicos - , preocupándose, entre mil cosas, de mi alimentación, mi autoestima frente a mi reflejo y, cómo no, alegrándose con mis alegrías incluso al otro lado del teléfono. Tato, casi durmiéndose de pie por no dejarme sola entre lágrimas; Criso, preocupándose por mi alimentación desde el otro lado del charco.

Pero eres tú. El hilo conductor de mis blogs, el que cambia mis lágrimas por sonrisas, el que me abraza con fuerza cuando tiemblo, el que me espera. El que, poco a poco, se esfuerza en hacer realidad esos sueños tan edulcorados que he tenido siempre. Y tú, mientras, insistes en sumergir chocolate blanco en un café. 

26 mar. 2014

Risas

En “En casa” creí que nunca podría reírme tanto fuera de esas cuatro paredes, pero me equivocaba. Hoy, antes de quedar contigo, que sería una tarde tranquila, de mimos tímidos, pero también me equivocaba.
Antes de nada, decir que ya no puedo confiar más en ti; no por nada malo, sino porque ya no hay nada en lo que no confíe en ti. Siempre me has escuchado, siempre me has ayudado, siempre te has preocupado por mí, siempre me has sujetado cuando me he mareado, siempre te han disgustado mis penas…aunque siempre has luchado contra ellas y siempre has conseguido que sonría.
Hoy me has llevado a un café para mí desconocido. Me ha recordado a dos bares concretos, pero éste es más espacioso. Mirando la carta de cafés, me he decidido por un solo, cómo no. Lo raro es que me has copiado la idea. Es la primera vez que tomas café tan puro conmigo; y, de alguna manera, veo que te acercas más a mí, a mi forma de ser y mis necesidades. Digo necesidades porque, a pesar de haber vertido algunas lágrimas, también he reído como no creía posible. Hemos visto a RL.
Y ya no es cuestión de que “parezca que va a llover”; ha llovido y hemos hecho ese clásico beso bajo la lluvia. Bueno, resguardados en un portal, y también a las puertas de mi rinconcito italiano. Sólo quedan cinco días, lo sé. Pero la ilusión de describir los platos e imaginar sus sabores ya hacen que me vuelva loca. Mis mareos han jugado a amargarnos ciertos minutos, pero no comprenden que “amargura” entre nosotros es imposible.
Y, para terminar, hemos vuelto a El bar donde me quedé dormida. Hemos ocupado la misma mesa que esa vez y nos hemos sentado cerca, muy cerca, a esperar a que pasase el tiempo para pararlo en nuestras manos. La timidez ya lo tiene complicado para abrirse un hueco en nuestros momentos. Hacía años que no reía con tanta facilidad, en ese sinsentido. Pero no importaban las miradas de extrañeza que nos pudieran dirigir. No hará falta NADA para que tú y yo sonriamos, ni siquiera que estemos cerca; ya no hablemos de silencios o espacios semi cerrados. Me da exactamente igual que la gente hable, piense o cuchichee. Quiero estar contigo, quiero rozarte hasta memorizar tus manos, besar tu boca hasta prohibir la sensación de sed, quiero sentir tu olor tantas veces que no consiga olvidarlo ni un minuto.

Y, cómo no, dándome calor. Luchas por calmar mis tiritonas cruzando el umbral de la supervivencia. Es muy de película, pero hoy era DE LOCOS cederme tu cazadora. Abrazarme como nadie lo ha hecho para intentar templar mi cuerpo. Y apoyando mis ilusiones, soñando con ellas como si fueran nuestras. 

24 mar. 2014

En casa

Sigo pensando que todos llevamos un pequeño masoquista. En este caso, a veces es necesario un espacio de tiempo para disfrutar con más ganas de la cercanía, las caricias, el cosquilleo, los olores, los besos, las risas, el estado de embriaguez por el amor, café con demasiado azúcar y cinco minutos de sueño profundo.

Pero, a decir verdad, es mucho más que eso. Es la primera vez que me he reído tanto, igual que la primera vez que tu hermano abre la puerta mientras estamos recostados en tu cama. Hoy me he olvidado totalmente de tus peluches… total, te tenía a ti. Has vuelto locos mis puntos débiles, y mi piel aun sigue totalmente erizada. Y varias veces me has producido ese “mareo” que antes sólo soñaba: felicidad en estado puro. Tal vez resulte ser la misma euforia de cierto miércoles.

CARICIAS. ¿Qué decir? Mi piel nunca había experimentado tal combinación, nunca se había estremecido tanto y con tan poco. Igual que mi cuerpo jamás había estado tan perceptible. Remontamos a cierto bar; siempre he temblado cuando rozan mi cintura: contigo no. Ni ese día, ni hoy. No tiemblo porque confío en ti y mi cuerpo lo sabe. Tampoco nunca me habían besado el cuello, ni la boca con esa dulzura. Nunca me había estremecido sintiendo ese tremendo ardor en cada centímetro de mi cuerpo. Nunca me había sentido tan “en casa”, la verdad; últimamente, ni siquiera en la mía. Pero eso tú ya lo sabes. Parece que la única manera de “estar en casa” es estar contigo.


Y lo que más me ha chocado, al principio, es la familiaridad del olor de tu portal. Una tontería, pero aun así extraña, ¿no crees?

23 mar. 2014

A pesar de haber encontrado la luz, con Linterna, echaba de menos el brillo de su música. Es más, ambos lo saben, aquella entrada que le escribí hizo que comparase y comenzase a valorar a Linterna.

Zapatito sigue siendo mi cosa bonita, mi niña dulce. Igual que Algodón, siempre tan serena.


Y tú ya eres parte de ellos. De mi mundo; ese mundo que encaja a la perfección conmigo. Sería imposible perfeccionarte.

Te lo dije

No quiero planificar. Minutos, horas, tardes… ¿para qué? Me gusta sonreír cuando mi corazón sonría, besar cuando mi boca necesite tus labios y abrazarte cuando tenga frío. Pero nada más. Me encanta estar contigo, ver el brillo de tus ojos y la forma en que sonríes cuando estoy cerca de ti. Ayer mismo lo viste; contigo los relojes desaparecen, y por eso tengo que estar pendiente de la hora que es. Porque me da igual la fecha, la hora que sea y el lugar donde estemos. “Contigo” tampoco significa cercanía física; bien puede suceder cuando releo tus mensajes, cuando oigo tu voz al otro lado del teléfono o cuando recuerdo tu respiración. En esos momentos, podría decir que te siento tan cerca que percibo hasta el sonido de tu risa tímida.
También te dije en Mucho más que un bar de copas que ya no es una expresión de blog; no quiero conocer a nadie más. Cada vez más personas te “meten miedo” con “Cuídala”, pero siempre sobra. Nadie me cuida como lo haces tú, ni podría hacerlo. Te preocupas por mi alimentación, mis horas de sueño, mi estado anímico, mis contracturas, mi felicidad.

Hola, universo. Hace cosa de un año, tal vez menos, que me referí a ti en un blog. Quería darte las gracias. Por fin parece que estás haciendo justicia. Gracias, de verdad. Sé que no tengo mucha paciencia, pero bueno. Al final, ya sonrío. Ahora solo te pido una cosa. “No me dejes perderle”

18 mar. 2014

¿Para qué poner un título?

Reconozco que la noche pasada no descansé bien. Reconozco que sincerarme contigo no es nada nuevo. Reconozco que en esos ratitos me pongo muy dulce.
Pero, ¿sabes qué? Me da igual, me encanta. Sí, me encanta ser yo misma y que nadie recrimine mi dulzura. Me encanta saber que los mimos son sinceros, no pura estrategia. Me encantan los besos lentos; me encanta reír. Me encanta confiar como confío en ti. Me encanta no tener ningún miedo. Me encanta soñar y planificar lo justo y necesario para sonreír. Me encanta compartir. Me encanta que rocen mis puntos débiles y sentir esos escalofríos; me encanta temblar. Me encanta tu sonrisa, el sabor de tus besos y las cosas sencillas; sencillas como parar cualquier reloj con sólo besarnos, o simplemente mirarnos.
Comprendo que estamos en un mundo paralelo. Ya da igual dormir o no; siempre tenemos ganas de vernos o de escuchar la voz del otro. Nos importa más bien poco lo que suceda a nuestro alrededor. Mi forma de decir te quiero son palabras, la tuya es mágica. No diré “caricias”, porque es más que eso. Es una combinación de contacto físico, suavidad, cosquilleo cálido, brillo peculiar en tus ojos y también protección garantizada.

Hoy, entre otras cosas, te he hablado de mis mayores miedos; el origen de mis fobias, mi perplejidad ante “justificaciones” de mi historia. Pero también esta mañana te he hablado de algunos de esos sueños que de niñas es tan fácil contar; mis metas en la vida, mis ideas. Pero lo dicho: ME DA IGUAL. Hace no tanto sentía pánico a estar en cualquier espacio cerrado particular con un chico, sin importar los metros cuadrados. Ahora el espacio se reduce a una habitación, y el miedo se transforma en comodidad; hay quien puede tomárselo como “jaula”, pero para mí es un colchón mullido sobre el que desprenderme de mis problemas diarios. Todos tenemos problemas, lo sé. Y no debería utilizarte, también lo sé. Pero qué más da. Nos gusta pasar tiempo juntos, nos gusta compartir, nos gusta ser más nosotros y nos da exactamente igual lo que piensen los demás. Me da igual quedarme medio dormida en cualquier bar recostada sobre tu hombro. Me da igual que gente de nuestro entorno nos piquen con que parecemos tontos. ¿Y sabes por qué? Creo que esta “tontuna automática” es necesaria para hablar de amor. Y el amor es tan necesario como respirar, sino más, para ser feliz. 

16 mar. 2014

Fuera películas

Chinchándome, con dieta de besos, secuestrándome en tu cuarto, una vez más. Esta vez riendo sin parar.
He regresado a tu cuarto, te he hecho cosquillas por primera vez y… he reído. Qué más darán esos leves mareos, si son contigo, a escasos centímetros de ti. Qué más dará que mi tío nos viera ayer despidiéndonos en mi portal. Qué más dará que, cuando me tocas la espalda, sienta un calambrazo que me haga temblar entera. Qué más darán los interrogatorios de mis amigas. Qué más dará que la báscula siga yendo a su ritmo, en los 45. Qué más dará que mi prima pequeña ya no se crea que seas mi amigo especial. Qué más dará que te haga gracia que esté sentada en la silla de tu cuarto. Qué más dará que suene el teléfono de tu habitación. Qué más dará que hayamos tardado cuatro años en decidir qué hacer.
Y ayer fue gracioso ese ratito con mi Familia, una pena que no estuvieran El guitarrista y Océano. Será por sábados. Por fin mi familia, la genética, comprende que no soy una niña, que tengo las cosas claras, por una vez; que quiero que seas algo más que un cotilleo en mi portal, más que una boca que besar. Y paso de series o películas, pero ahora entiendo la magia de la lluvia, “la imprimación” y, cómo no ese “Empecemos por un para siempre”.
Es la primera vez que blogueo desde un ordenador que no es el mío y también la primera vez que escribo con una persona a un metro de mí, haciendo magia con sólo con rozarme.
Tengo varias cosas claras, siento redundar.
Cada vez que estoy contigo, me quiero quedar. O, de otra manera, que no te vayas. Tu voz al otro lado del teléfono está bien, pero no es suficiente. Llamadme loca, queridos lectores, pero trece días me han bastado para saber que no quiero conocer a nadie más. No es plan de dar nombres, pero…. En estos casi tres años de soledad emocional han habido varias ventanas abiertas; gente del gimnasio o del barrio. Personas que veía a menudo y que podían dar cierto cosquilleo. Pero se quedan en nada. Es más, yo lo siento si lo lee pero es así, ni siquiera ese descubrimiento del amor con J. se acerca lo más mínimo a esto. Es lo que yo decía en esos primeros blogs “El amor solo por una parte… es un error”.

Sé que es pronto, que con veintiún años la gente va a lo loco, no sabe lo que quiere y juega a vivir. Pero… yo hace mucho tiempo, tal vez demasiado, que dejé de jugar. Sé lo que quiero; soy fiel a mis cafés solos. Amargos pero puros. Y llenos de vida. 

14 mar. 2014

Hoy sí

Ya sabes que estoy coleccionando detalles para un cuaderno de recuerdos; el límite de lo romántico, lo sé.

Pero me da igual. Como ves, es la primera vez que te hablo en segunda persona, aquí en mi blog. ¿Por qué hoy? Porque sí. Porque esas cosas se notan. Hoy no quería irme de tu lado, aunque empezase a hacer frío. Hoy me he sentido parte de “Algo”, sí, con mayúscula. Ya no me siento, para nada, niña romántica. Mujer romántica, más bien. Más experiencia, más dolor y puede que algo de frialdad, pero también madurez. La suficiente para saber lo que quiero. ¿Y sabes lo que quiero? Quiero desayunar, cenar y comer todos los días contigo. Quiero viajar, soñar…. Contigo. Por supuesto, sobra decir, quiero avanzar… contigo. Igual que quiero sonreír todos los días. Y nada de lo que diga podrá abarcar ESTO, pero me da igual, también. Si sueno muy cursi, es sinceridad. Si sueno borde, también lo será.


A diferencia de las primeras entradas de este blog, mientras escribo estas palabras, tengo casi tres años más; ya sé que la edad es sólo una cifra, pero cualquiera que me conozca sabe que ha habido lecciones de vida. Tiempo suficiente para saber lo que quiero, para soñar, buscar, esperar y, al final, encontrar. Intento buscar cierta lógica, deducir en qué momento empezó todo. Pero quién sabe. Además, qué más da. Hoy ha sido la única vez que… a ver sí, te echo de menos cada minuto que no te tengo cerca, pero hoy he aprendido que tu ausencia no puede amargar mis ratos de soledad. Al contrario; será la bombilla encendida en ese pasillo que me separa de ti. 

13 mar. 2014

Empatados otra vez


Algunas personas, como él, no están acostumbradas a mostrarse débiles, pero todo es cuestión de teclas; yo le prometí, hace ya tiempo, que encontraría su tecla, y ayer sucedió. No hay nada que un abrazo no arregle, aunque… duele. No se lo dije: me duele verle mal, igual que me duele cada minuto sin él.

Tal vez no sea cierto, pero siento que no necesito conocer a nadie más. No sé dónde quiero estar ni cuándo ni cómo, pero por nada del mundo quiero perderle. Ayer le dije un “Cállate” que me dolió incluso a mí, saber que, por un momento, no quiero saber nada de lo que me pueda decir.

Y no sé muy bien porqué escribo, como si lo que siento fuera cuestión de palabras. Podemos darnos las buenas noches, los buenos días, llorar, cenar, desayunar… pero se sigue quedando corto. Llevo desde el martes, creo, contando los minutos hasta el domingo; la idea de volver a su cuarto me hace suspirar.

12 mar. 2014

Siete días


Suficiente para sonreír, para llorar, para volver a dormir y para soñar.

Suficiente para recordar miles de sensaciones y conocer otras. Escribir con la punta de los dedos, sentir suaves caricias sobre los hombros, pero TAMBIÉN una caricia ascendente recorriendo mis vértebras.

Jamás había hablado tan a menudo por teléfono, ni había estado tan tranquila y confiada en cualquier sitio, con o sin él cerca.

Sé que cualquier enamorado puede tener mis síntomas. Pero me siento rarísima. Duermo bien, sonrío y, por fin, estoy a gusto, incluso en mi casa. Soy de natural pasteloso, pero… me siento coherente, tal vez no sea más que mi sensación. Sigo estando muerta de miedo, en la mínima medida. Por eso me niego a alejarme del suelo, aunque sean algunos centímetros. ¿Para qué alejarme de una realidad tan bonita? Siempre he intentado limitar la dosis de amor en mis palabras, incluso aquí, en blogspot; pero ahora no. ¿Para qué, si a él le gusta cómo soy? ¿Para qué, si es lo que siento? Desde muy pequeña lo he tenido clarísimo: “Cualquier tipo de amor, no material, jamás puede ser motivo de vergüenza”.

Parece que todo el mundo, en mi barrio, ya sabe porqué sonrío, y me da igual. No me gusta ser el centro de atención, pero qué más dará. Ya no escribo con algún objetivo claro, solo escribo. Ya no hay palabras, miradas… ni siquiera caricias. NADA explica lo que siento. Por lo menos él también está enamorado, sé que no hay nada que se iguale así que… nos comprendemos el máximo posible. Pienso que no hay nada más similar a dos corazones que se buscan, se complementan, se necesitan. Sea su voz, sus palabras o su foto en el fondo de pantalla de mi móvil. Anoche hice lo que nuca; me tiré horas muertas sin hacer nada, sólo esperando a que me escribiese. Suena desesperado, pero es así. Entiendo a Neruda. Un loco de amor, el primero de los poetas románticos. Siento terminar así, pero no hay más.

9 mar. 2014

Posdata. te quiero


Hoy ha sido la primera vez que subo a casa de un chico con el que salgo. Pero lo importante es que he estado en casa de Linterna, he conocido a su familia, he estado en su habitación, abrazada a su peluche y… bueno, sí; he llorado porque la película era increíble. He tomado mi helado favorito y abrazado un peluche que me encanta. Pero sé que también ha sido un día súper importante para él. Y me alegro con su alegría; eso es el amor, ¿no?

Me sorprendo a mí misma. Hace no tanto, mis blogs eran “Quiero esto, quiero lo otro”; ahora no. Y se me hace raro porque, sinceramente, no puedo pedirle nada más al universo. Todo está avanzando, por fin.

He estado hablando un rato con Infancia. A él le pasa igual con su chica. Siente que nadie puede encajar mejor ni tanto como ella, con él. Entiendo los candados de tantas parejas dejados en Verona, el no avergonzarse de nada y, si cuchichean, no importa. La película era preciosa, pero así, con él, con sus caricias y su respiración, casi me quedo dormida en varios momentos. Confío en él. Tras la película, me ha dejado que buscase algunos videos de Youtube; tras algunos de mis preferidos, he visto claras sus ganas de besarme. He escogido Claro de luna, Debussy. Siempre me ha parecido mágica. Tan mágica que hemos tenido que salir corriendo para no perder el autobús. Y sí, había acertado con sus ganas de mí; me he enterado después, las madres notan esas cosas. Sé que no tiene ningún sentido relatar TODO, ni mucho menos el porqué separar algunos párrafos y otros no. Pero me da todo igual. No sé si estoy a tres metros sobre el cielo (¿por qué 3? Tres es un número impar, muy feo porque…. no simboliza a una pareja, que son 2), diez, cien, un kilometro o de aquí a Venus. Hablando mal y pronto, me joden los tópicos, las frases hechas y las supersticiones. Mi ciudad del amor es Roma, no París. Odio San Valentín, como tantos otros; dame fechas con sonrisas.

Nunca he tenido muy claro lo que quiero en la vida, pero ahora sé que era esto, voy por buen camino. Por favor, no te vayas.

7 mar. 2014

Luz


Con ella hay vida y alegría; sin ella hay muerte y soledad.

Es tan sencilla de conseguir como encender una lámpara o una linterna. A veces cuesta encontrar el modo. Pasa igual que en las relaciones; hay un abismo entre la amistad y el amor, pero, a menudo, resultan ser demasiado similares.

Quienes me lean, y me conozcan, sabrán que tengo oscurofobia. Y comprenderán que lo que más miedo me ha dado siempre es estar sin luz, sola. Últimamente todo el mundo usa bombillas de bajo consumo, creyendo que sirve de algo, pero su luz no basta. Parece que ya ni te quieren vender esa luz verdadera, es la última que te enseñan cuando vas a comprar una bombilla. Pero ¿qué más da que sea la última? Mejor; tras tener que cambiar a menudo de bombilla o quedarte a oscuras en cualquier momento, es cuando más valoras lo bueno. Las cosas sencillas.

Ha pasado mucho tiempo. Yo veía a gente de mi entorno, más pequeña, que ya sabían lo que querían y lo habían encontrado, sencillo. Pero siempre me salía esa envidia sana. Cabreada con el mundo, entre mil cosas, porque yo no encontraba esa compañía emocional. Y entonces, lo que decía antes d la luz; puedes tener miles de mecheros o cosas varias para alumbrar tu oscuridad, y, al final, haberlo tenido muy cerca de ti desde hacía tiempo. Es lo mismo que saber presionar la tecla adecuada cuando hay una sobrecarga eléctrica. Te dejan de importar los planes y a dónde ir o qué comer. Es la continuidad de agujetas en los músculos de la mandíbula. Es necesidad de oír su voz cada mañana, aunque sea al otro lado del teléfono. Las cosquillas que me hace sentir con sus caricias. Volver a mencionar la palabra “amor” para llamar a alguien. Agradeces la improbabilidad, la suerte, las horas, el saber que está dispuesto a cruzar media ciudad en una noche, si me encuentro mal.

Y me encanta, es como si estuviera en un sueño, mi sueño. Al final lo he comprobado, Todo llega, y TODO es el amor. Los sueños que se cumplen. Los miedos que desaparecen. Las ilusiones que afloran.

Ayer apenas dormí una hora, pero fue por la emoción de su “Ya no quiero prueba”; anoche pasaron varias horas de madrugada hasta que logré conciliar el sueño. Y él estuvo conmigo, en palabras. Estaba más que dispuesto a venir a mi casa, pero yo me negué. Conoce mis días grises, pero no soporto que nadie me vea en esos límites. Tal vez él sea la excepción; insiste en pasar el máximo tiempo posible conmigo. Siempre ayudándome, dándome todo y más. Su pseudónimo es Linterna, por un detalle absurdo pero muy importante de cuando solo éramos amigos. Pero es curioso, porque Linterna ha conseguido ser la luz de mis penas.














Enamorame, amor (?) No; ya lo has hecho

1 mar. 2014

No es necesario ningún tíulo


Ahora mismo estoy escuchando una base piano en cuatro tiempos repartida en corcheas asimétricas. Justo ahora aparece una voz. Una voz que hace crujir algo en tu interior, como si hubiéramos estado toda la vida esperándola.

Esta es la descripción de una canción concreta, pero hay mucho más.

Como ya sabéis, la música es algo demasiado grande para alcanzar a describir, demasiados sentimientos para asimilar. Algo así como el amor. Tal vez sea eso; amor. La música es amor. Suena bien. Explicaré por qué hablo de amor cuando hablo de música, no confundáis con “canción”.

Por mucho que existan figuras musicales, nombres de notas o registros vocales, la música es abstracta, intangible, y justo por eso: un tesoro.

Sé que las canciones, las letras, hacen más popular y cercana la música, hoy en día. Pero os voy a contar lo que yo siento.

Dejando a un lado que un solo de piano, guitarra, violín o lo que sea, sin orquesta, ni voces… ya me hace temblar, hoy me he dado cuenta de que los tiempos entre nota y nota también son tesoros.

Lo asumo, me gusta Claro de luna, Romance anónimo y otras grandes obras, pero, llamadme rara, a mí me pierde la sencillez.

 La primera vez que oí y vi tocar una guitarra fue a mi madre, yo tendría 6 o 7 años. Recuerdo que sonreía al oír la melodía y también quedó grabada en mi memoria, no sé por qué, la funda de ese instrumento. Ella aprendió  tocar a temprana edad, no sé mucho más; sólo que disfrutaba tocando, era su válvula de escape cuando estaba triste.

 Hablando de mamá, mi flauta dulce del colegio era suya, al igual que la funda naranja, que tenía una carita dibujada a lápiz. Durante cinco cursos escolares, una vez a la semana, como mínimo, la rozaba. Me frustraba no tener habilidad para tocarla bien, pero me llenaba pensar que estaba compartiendo algo con ella.

Un día, en ese último curso que teníamos la flauta como material en clase, un chico tres cursos mayor que nosotros, tocó en una clase. Él llevaba 3 años estudiando la guitarra, pero no importaba. La profesora no hacía más que hablar y pedirnos que nos fijásemos en detalles, pero yo no la escuchaba. Tocó Asturias y Romance anónimo. Otros días, en esas clases, la profesora nos puso CD´s o vinilos de Recuerdos de la alhambra, Entre dos aguas, el concierto de Aranjuez, Granada… no recuerdo con exactitud más títulos. Yo nunca escuchaba a la profesora, apenas apuntaba los detalles, las fechas, el compositor o interprete; cerraba los ojos y sentía calor por dentro.

Dos años después, alguien me recomendó que entrase en un coro parroquial. Algo simple. Siempre he pensado que mi voz es mala, pero resultó ser perfecta para contralto. Aun así me costó un tiempo ubicar mi voz. Siempre es más fácil amoldarse a lo que más destaca. Cada domingo me levantaba temprano para llegar puntual a los ensayos.

Mientras, en el colegio, siempre que hacían actividades relacionadas con el canto, yo me apuntaba. Carolina o Lo echamos a suertes son canciones que no podré olvidar.

Siempre estaba pendiente de cuidar mi voz, no soportaba pasar un día con afonía. Con tiempo y práctica mejoré mi voz y aprendí a alcanzar notas impensables tiempo atrás. Gané TODO en oído. Incluso lograba distinguir quién, de los cinco guitarristas, tocaba. Un año, apareció un violín. Delicado, como una cuna que te mece hasta caer dormida. Me ilusioné con él y sus melodías. Un fin de semana, taller musical, tuve en mis manos la guitarra de uno de mis compañeros, y me recordó, no sé por qué, a la de mi madre. En cuestión de minutos, recuerdo que estaba en la puerta de esa casita llorando. Cada día había ensayos, cambios de voces y decisiones…. El caso es que sentí una presión innecesaria. La música era mi afición, no una obligación, y parecía haberse convertido en eso. El último día recuerdo que salí llorando.

No dejé de cantar, en mis ratos libres. Conservo un montón de cosas relacionadas con ese coro, además de recuerdos en bares o salones de actos. De hecho antes de ayer soñé que pasaba por esa parroquia, para oírles cantar, aunque ya no estén ni la mitad.

La cosa es que ahora también hay una persona especial. Toca la guitarra, el piano y dice que tal vez empiece con el violín. Además de ser un amor de persona, es puro placer oírle tocar. No voy a decir siquiera su pseudónimo, porque él sabe que me refiero a él. Podría hablar solo de su música, como he hecho hasta ahora en esta entrada, pero no; y sé que repetiré cosas ya escritas, pero no me importa.

Fuimos al mismo colegio, de hecho el lo empezó un año que… de cierta manera, también fue un comienzo para mí. A pesar de estudiar varios años en el mismo centro, no nos conocimos hasta hace tres años y medio. Una de las primeras risas que compartimos fue por “Hacienda” o “Secretario”. Recuerdo la primera vez que le oí tocar, en ese salón. Sus manos no eran torpes, daba la impresión de que trataba al instrumento como si se tratara de una muñeca de porcelana, con delicadeza. Tal vez ahí me empecé a enamorar de su manera de tocar. Lo que pasa es que no solo quiero hablar de él como músico porque también es una persona muy grande, aunque no lo sepa.

Repetiré:

Su preocupación por mi alimentación no es algo nuevo, la verdad; hace ya algunos años que insistía en que comiese un poquito más.

Su música NO ES SOLO LA GUITARRA, el violín aun es solo una idea, creo, pero el piano… Si en ese curso escolar cerraba los ojos para disfrutar de una grabación, cómo no me voy a emocionar con música a un metro de mí. Desde hace varios meses pienso que cualquier día, me emocionaré en el momento más inesperado. Y lo siento, ahora me voy a dirigir directamente.

Muchísimas gracias, por estar siempre ahí. Por llevarme a casa, por abrazarme cuando lo necesito, por escucharme, por cantar conmigo a capella. Y… ¿sabes por qué más? Por estar, abrirme tu corazón… y llamarme princesa. Aunque sean letras escritas por otros. Sé que no lo has cantado intencionado, llámalo destino, pero era justo lo que necesitaba oír. Parece que está prohibido decir te quiero, pero me da igual. (Me voy a saltar mi regla del anonimato, sólo esta vez)Dani, eres puro amor, aunque no te valores lo suficiente. Y si se te sube ego cuando te digo que eres estupendo, será que lo mereces. No te deseo que seas feliz, que vivas de tu sueño, que es la música, ni que tengas suerte en todo lo que quieres. Porque no te hace falta. Lo vas a tener todo, Dani. He tenido muchos amigos que me han ayudado más de lo que yo merecía, pero tú… tú eres diferente. Te infravaloras y por eso tienes miedo. A mí no me engañas, por mucho que hayas podido perder timidez en estos años, te reservas muchísimo. Te das a los demás al 100%, ya sea tu familia o tus amigos, pero te encierras. Puede que yo te entienda, o no. No lo sé. A ver qué te parece. Cada tecla que pulsas, cada cuerda… es una emoción. Haces con la música lo mismo que yo con las palabras. Y seguro que me estoy metiendo demasiado, y puede que estés llorando mientras lees esto, pero TIENES que ser feliz, feliz de verdad. Amas la música, lo entiendo y lo respeto, y entiendo que te refugies a menudo en ella. Pero hay millones de personas que te pueden dar mucho más. Como ya he escrito antes, mis años en ese coro fueron algo inolvidable, de corazón. Pero después, ha habido más. Me he enamorado, he conocido a unos amigos brutales (en los que estás tú) y he aprendido muchas cosas. Tienes el poder, Dani; con tu voz, tu dulzura, tu forma de ser. Compártelo.