31 may. 2014

Circuito cerrado

Hace una hora he intentado escribir. He apagado el ordenador, he llenado una bolsa con cosas para tirar, he bajado y me he tomado un café. y en ese café, cómo no, me han vuelto las ganas de llorar de cuando he hablado contigo por teléfono. La palabra soledad me parece algo muy raro. La ausencia de realidad no tiene porqué significar soledad, ni tener personas a tu alrededor implica que estés rodead@.

Lo siento, sé que no te gusta que me ponga filosofa. Odio llorar, odio ponerme a pensar en lo que no tengo, odio recordar la enorme lista de errores que ya he hecho. Pero lo que más odio son esos momentos en los que veo que será muy difícil avanzar. ¿Qué haría Hamilton, por ejemplo, si cuando entra a cambiar neumáticos su equipo se están tomando unas cañas? Pues se hunde. Tendrá un coche buenísimo y ser bueno en su campo, pero él solo no hace nada.


No sé ni porqué saco este deporte; tal vez para tomármelo como algo ocioso, para restarle importancia. 

30 may. 2014

Hola chicos. Pasad por aquí

Desde antes de empezar, desde antes de estar decidida a cambiar, me has apoyado moralmente. Pero hoy has estado a mi lado, has escuchado lo mismo que yo y has visto, mejor dicho sentido, cuándo he apretado tu mano, ilusionada por las novedades. Al salir, sentía que mis ojos se iban a desbordar. Y sé que no hay nada seguro, pero cada milímetro que avanzo es una gran victoria.

No miedos. No dependencia. No presiones. No responsabilidades ajenas. Y, probablemente, no más bajadas de peso.

También me has ayudado a semi vaciar mi armario; menos cosas. Sinceramente, mi habitación parece otra, sin abrir el armario. Más orden, menos tonterías por medio. Y me ha hecho muchísima gracia cuando, tomando ese café dulce, hemos estado hablado de nuestros objetivos a largo plazo.


Acompañarte a la parada de autobús, hablar, besarte hasta matar. Comprar unos yogures para cenar, tras mirar mil precios, llegar a casa y escribir aquí, en mi habitación, escuchando nuestra música. Ahora suena lo que te diría cada día; quédate a dormir. 

28 may. 2014

No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes

Les pasa a aquellos diabéticos no golosos o tantos aventureros que no valoraban su ciudad natal. En el amor, no iba a ser menos, nos acostumbramos a la otra persona, a ti, pero debemos saber controlar nuestro síndrome de abstinencia. Saber respirar y sonreír, aun echando de menos.

Esta semana está siendo rara, ya sea por tu salud o mi ausencia; no podemos hacer otra cosa. Nuestras vidas siguen y nos servimos de distracciones y sucedáneo como sms o llamadas telefónicas. Me ha dado por abrazarte con toda la ternura posible. Sé que cuando te abrazo no puede pasar nada; no hay frío, no hay temblor, no hay miedo.


La distancia, física o temporal, sólo supone un obstáculo, que, con AMOR, se convierte en una dificultad minúscula. 

26 may. 2014

Extraña cardiología

Cualquier especialista en la materia conoce todos los secretos del músculo principal.
Pero ignoran la magia que puede albergar. Magia negra en caso de depresiones; para eso existe la psiquiatría, o eso dicen.

Pero ¿quién se encarga de la magia bonita? Hay quien no cree en los espectáculos de ilusionismo, igual que muchos niegan realidades como la obesidad. Y, dado que TODO es amor, creo necesaria una especialidad en la felicidad. Que hubiera unos índices para poder medir la felicidad, la euforia, el frenesí. Algún método efectivo contra la soledad.

Ya sé que hay personas, como tú, que reventaríais los índices de felicidad con sólo respirar. Sé que desaparecerían los empleos de psicología, psiquiatría y… seguramente varios camellos. Pero también descendería el índice de suicidios. ¿Hay algo más importante que salvar vidas? Sí, ya sé; la crisis, el dinero que da la comercialización de pastillas (que, por mucho que digan, yo pienso que crean tanta dependencia como cualquier porro)… bla bla bla…. Y BLA.

A mí no me sale otra casa que una carcajada tan grande como las mentiras que nos intentan cola cada día. “El dinero lo mueve/puede todo”. No hay dinero, lujos, caprichos, en el mundo que consigan la décima parte que el amor que tú me das. Tú me acompañas al médico. Tú me ayudas a hacer la compra. Tú me haces sonreír, y reír, como nadie. Tú te sentaste a mi lado, en el coche de Mr Secretos, para que pudiese dormir unos minutos. Tú me preguntas día a día qué tal duermo, qué tal como y qué tal TODO. Tú eres el que me besa en cualquier parte; centro comercial, el ascensor de mi casa, bares, salas de espera. Tú eres el que me da besos de café, chocolate, helado del sabor que sea, flan; cualquier sabor sabe a vida si viene de tus labios.

Y todo eso no lo puede juzgar ni medir nadie.


No sé a ti, pero a mí me ha extrañado la transparencia con la que en una ecografía se plasma el latido de un corazón. Parece casi imposible. ¿Cómo es posible que no haya NADA que mida todo lo que sentimos? 

22 may. 2014

Ríete conmigo

¿Recuerdas el primer día que fui a casa? Yo sí; era domingo, 09/03, y vimos Posdata: te quiero y tomamos helado. Poco más.

Desde entonces, el 95% de los días, si no más, tu cama refuerza mis horas de descanso habitual. Ese día estaba nerviosa por conocer a tu familia; en cambio ahora sabes que me siento genial. No una más sino… la pieza del puzzle que “faltaba”. Sí, faltaba en tu vida para completarla, pero también en la de ellos para verte feliz, en la de Mr. Secretos porque todo llega, en la Pulsera blanca porque necesitaba una chica en el grupo. Pero me estoy desviando.

Mi alimentación es débil, pero en tu casa entienden esa parte. La entienden y se preocupan por cada tontería que me toca. Igual que en tu habitación ya están esas zapatillas de casa, varios números menos que las tuyas.
Mis canciones románticas, tus vicios, mis ratos leyendo en tu cuarto, el aroma único de tu casa o el ruido del calentador ya no son novedades, sino detalles necesarios; oxígeno de mis sonrisas, sonrisas convertidas en risas, risas que aliñan despertares de lágrimas, por ejemplo.

La frambuesa de mis labios se cambió por café frío tras comer en tu casa. Y, cómo no, Bob Esponja, que fue importante desde esas lágrimas provocadas por Posdata: te quiero y consoladas por kleenex con olor a miel.

Los temblores por el frío, la timidez y la novedad se fueron, dejando sitio a la risa que hoy ha llenado tu habitación. Risa al sentir tus manos haciéndome cosquillas, risa cuando me sorprendes y me alzas del suelo, risa cuando capto a la primera tu ironía radical.


Risa de seguridad, risa de que eres real, estás conmigo y no te vas a ir.

18 may. 2014

Pesadilla con final feliz

Hacía tres semanas que no comía en tu casa, con tu familia; y, como he dicho, lo echaba de menos. Puede resultar triste que sólo allí me sienta en casa. De hecho, lo he dicho todo.

Después, cómo no, tu cama me ha enredado en un sueño profundo sobrepasando el tiempo habitual; sueño roto por una pesadilla que no me esperaba. Tal vez la situación familiar, la cercanía de esa fecha, no lo sé. Solo sé que he despertado llorando, y que tú, a pesar de también estar dormido, te has preocupado, me has abrazado, me has besado. Has hecho todo y más hasta que ha desaparecido el temblor nervioso de mi espalda.

Ha habido besos y risas, como siempre sucede en esas cuatro paredes. Ha habido planes, a corto plazo y también preguntas personales, si es que aun quedaban algunas sin contestar.

Y algo nuevo. Hoy he cenado en tu casa. Hablando con tu madre de todo y nada, incluso quedando un día de esta semana para pasar un rato juntas. Me encanta. Llevarme bien con ella, tener tantas cosas en común y ver que se preocupa. De postre, me has acompañado hasta el coche y has saludado a mi tío.


Posdata: Quiero más domingos como este.

17 may. 2014

Mal día

Lo siento, mi amor. Más que nada porque antes, cuando hemos hablado, te he hecho creer que estoy bien. Pero hoy mi preocupación va más allá de no verte, no poder quedar hoy con mi Familia o la reacción de mi estómago. Hay más tristeza, pena, lágrimas.

No te he dicho nada porque sé que mañana se solucionará. No te he dicho que anoche me quedé llorando hasta varias horas de la madrugada, a pesar de mandarte el sms de buenas noches, porque no quería preocuparte.

¿Y sabes? El cumpleaños de Sergio está cada vez más cerca; el año pasado tenía buenas intenciones, aunque fallasen. Este año no tengo ninguna intención. Estarás conmigo, por lo que no será un día horrible, pero, por lo demás, no me hago cargo de las lágrimas que pueda verter.


¿Te resumo mi mal día?...  Me gustaría que el reloj de arena que te regalé fuera la vida real; tan fácil como tumbarlo para que todo pare y respirar. 

16 may. 2014

Han pasado tres noches desde que dormiste en casa. 72 horas, si no es menos.

Desde entonces, reflexiono a menudo y en bastante profundidad sobre cuestiones “físicas”. La familiaridad de tu olor, el juego de mis dedos entre tus rizos. Ya pesar de que haga demasiados días que no voy a tu casa, a casa, en cuestión de horas allí estaré. 21 días es más que suficiente para echar de menos tus peluches, la colcha de tu cama o el teclado de tu ordenador.

Sobra decir que la magia del principio ha evolucionado. Sigue existiendo, por supuesto, pero la confianza, es plena, como ya dije.


Soñar contigo ya es una costumbre, pero lo mejor es que cuando despierto también estás. Eres real.

13 may. 2014

Divergente

Me quedo con la segunda acepción

   Que tiende a no coincidir con las ideas y tendencias sociales, culturales o económicas de otro u otros.

Romanticismo y París. Hippie y drogas. Cristianismo y contra el aborto. Cielo e infierno. Pobreza e infelicidad.  Ahorro y avaricia. Deportista y culturista. Camarero y gigoló. Enamorad@ y feliz (*).
Son algunos de los muchos términos que TODOS asociamos al momento, sin poder evitarlo. Y es el resumen de un gran prejuicio. Lo peor es que el 90% del mundo se niega a aceptar este error. Que seas italiano no significa que comas pasta cada día, ni un francés tiene que ser romántico o un español saber torear. Ejercer de bombero no elimina el miedo.

(*)
Hay personas que transforman la confianza en vulnerabilidad, manipulan a la otra persona y le impiden cualquier tipo de queja o réplica. En otras palabras, le roban el oxígeno. ¿Maltrato psicológico? Yo prefiero llamarlo tortura emocional terminal.

Por suerte, existen personas con una seguridad personal enorme que se niegan a que nadie decida por ellas. El miedo en lugar de cerrarse sobre sus corazones, les hace despertar. Es entonces cuando se burlan en la cara de todo lo demás. Puede que no sea fácil catalogarlas en “fuerza”, “rencor”, “debilidad”, “masoquismo”, “conformismo”…

Sí, solo hay una vida, y todo el mundo espera que hagamos lo que debemos. Pero solo nosotros tenemos el poder de equivocarnos o acertar.


Mi meta en al vida ha sido muy clara, siempre. Los medios o motivos han podido variar, pero, cuando te vas de vacaciones, te dicen ¿A dónde vas? o ¿Qué tal en ese sitio?; poco importa cuánto tardase el avión. Puede sonar radical, pero yo me alegro de haber cometido todas y cada una de las locuras que he vivido. De no haberlas cometido, seguramente ahora no sería tan feliz. 

24 contigo

Es curioso. Ayer, a esta misma hora, entraba en el autobús, muerta de miedo irracional; cierto temblor y malos pensamientos que se disiparon con sentarme a tu lado. No fue la primera vez que me acompañabas a  algo relacionado con médicos, pero esta ocasión era distinta. No debería haberme impactado tu predisposición a pasarme el bolígrafo o sujetarme el papel que confirmaba mi prueba: siempre me ayudas en esas cosas que parecen ahogarme. La hora; dejo mi ropa en una habitación minúscula y me tumbo en ese infierno para mis oídos, mientras siento, casi al tacto, la fuerza de mis latidos. Pensando en ti se hizo más corto, la verdad. Salgo mareada, con ganas de abrazarte, besarte… tocarte, pero, si no recuerdo mal, no hice nada de eso. Estaba aturdida. “Ha llamado tu tío; dice que ahora viene”. Me sorprende cierta llamada, ya que no es necesario que tu mundo se preocupe de mí, pero, qué más da, recuerda “Ni tu ni mi, nuestro”. Me das mi chaqueta y salimos a la calle. Trayecto a mi casa.

Mimos a la pequeña, ganas de comer por mi parte y un dolor de cabeza que, tal vez un gramo de ibuprofeno solucionaría, aunque no. Yo en mi habitación y tú en el salón. Estás en el sofá, concentrado en tu pasatiempo, mientras yo me encargo de la cena. “Listo”. E, igual que en Vitoria, nos sentamos uno frente al otro. Como siempre, tu ritmo alimenticio deja al mío a kilómetros luz; aun así mi estómago no acepta lo planeado, tú me ayudas.

Comienza la vida en el sofá. Mi cansancio no fue saciado por la cena ni por tus besos ni por un par de páginas leídas. Bostezo, aunque no tengo sueño, y mi cuerpo suplica relax, aunque antes que dormir quiere estar cerca de ti. “¿Está cansada la nena?”, asiento. Al rato, nos vamos a la cama. Ya acostumbrados a los 105 centímetros de tu cama, 135 significan un desierto odioso de distancia; yo acorto 50 centímetros. Mi cansancio pronto me lleva a un sueño tranquilo. Sin presiones, sin relojes. No sé a qué hora he tenido un mal sueño, como tantas veces, pero no he querido despertarte; sabes que me vuelves loca con esa dulzura que adaptas al dormir. De todas formas, he dormido tres horas más de lo habitual, y el despertar contigo ha sido algo increíble. Y natural.

Me he levantado y he hecho tareas básicas y luego, tras meter mi vaso con leche de soja al micro-ondas, he regresado, para intentar despertarte. Ha costado, pero has salido de la cama. Y los dos hemos tenido un desayuno de niños, diferentes pero… creo que ya lo tenemos asumido; somos diferentes, amarillos, “elegidos” emocionalmente. Tras desayunar, hemos aparcado la dulzura. Me he sentido como en las películas, cuando él la besa a ella, tumbada en la cama en diagonal, cuando los besos se trasforman en mordiscos, cuando la pasión deja marcada la forma de su boca. Y después, aun con el pijama, hemos ido al salón; aun sin abrir la puerta de la calle. (…)


Un café ha despejado mi aturdido pensamiento; lógico que reaccione así tras tanto tiempo de sueño interrumpido. Y tras ese café, sólo decir que necesito más días como éste. Que me encanta la seguridad con la que cerré anoche la puerta con llave. Que me da igual que llueva, truene o haga sol. Contigo todo lo demás sobra. Relojes, fechas, lugares, palabras, heridas, traumas; nada existe.

10 may. 2014

Sin fuerzas

Estiro mi cama como puedo, mientras una sonrisa escapa de mis labios al recordar lo que he soñado hoy.

En mi habitación la cama está orientada hacia la puerta, pero en el sueño no. Estaba en el centro, bajo la lámpara. Y al despertar, ahí estabas tú, sentado a mi lado, sonriendo al verme abrir los ojos. “¿No has dormido en el sofá?”, te preguntaba extrañada. “Sí, pero quería verte despertar”, fue tu respuesta con esa delicadeza en la voz que tuviste ayer, cuando también me quedé dormida en el sofá. “Ay, mi niño dulce. ¿Y ahora qué piensas hacer? ¿Rescatarme de entre las sábanas y llevarme en brazos a la cocina? Además, no has preparado el desayuno, ¿verdad?”, ya me había incorporado de la cama e intentaba arreglarme el pelo. “No me hace falta desayunar. Además, con verte despertar, me vale”, y me fundes en un abrazo.
Demasiado edulcorado, lo sé. Yo me conformo con la idea de que en cuestión de días pasaremos la noche juntos. No pasará nada, porque no tiene porqué. Además estás avisado de todo; a veces lloro, a veces hablo con Sergio y a veces también tengo pesadillas. Todo será tan fácil como recorrer el pasillo, verte y dejar que todo se solucione. Pero lo mejor no será eso. Puede que no salgamos hasta las tantas, pero, una vez cierre la puerta con llave, ya no estaremos en casa, estaremos en ninguna parte, tú y yo. Entonces podrás morderme la tripa, besarme con labios sedientos.

Las etapas difíciles, la debilidad, tal vez existan para que gente como tú aparezcáis y os quedéis. 

7 may. 2014

Cóctel de emociones

La mezcla de diferentes licores es la fórmula exacta para una gran resaca. Igual que un buen combinado de emociones consigue recorrer, plan montaña rusa, estados anímicos contrapuestos.

Hace casi un año me pasó algo similar con Océano h. pero, lo siento; esa consecución de temas musicales queda a años luz de lo que has conseguido tú.

No hace falta conocerme mucho para saber que mi cuerpo entero entra en tensión al saberse necesitado de cualquier personal sanitario. Y tú siempre has estado ahí. Pero hoy no tiene comparación a ningún día. Mi primera reacción ha sido risa. Risa transformada en pérdida del habla, temblor y lágrimas; todo ello acompañado con un chorrito de sensibilidad virgen extra y una cucharada sopera de amargura. Nombre de primer plato: Desesperación.

Me has acompañado a casa, has comprobado mi tensión arterial y ritmo cardiaco: resultado lógico. He llorado, he dicho muchas cosas de las que ni me acuerdo y seguramente me arrepiento. Pero has estado ahí; me has abrazado, me has rozado, buscando tranquilizarme, aunque nada. Se ve que mi piel se niega a hacer llegar cualquier intento de ánimo a mi yo emocional. Nombre de segundo plato: Compañía.


Pero en todo menú, hay postre. un postre dulce, agradable, que hace inolvidable ese menú. La risa sincera, el dolor abdominal y facial, las lágrimas de felicidad y la recuperación del tacto son algunos de los ingredientes. Todo lo demás eres tú. El que me roza cuando me siento sola. El que insiste en que coma más. El que me acompaña al médico. El que me ayuda a hacer la compra. El que es uno más en mi casa. El que me hace sonreír como nadie. El que consigue llevarme al límite de la felicidad en cualquier situación o lugar. Insisto, CUALQUIER situación. El que mañana arrasará.

Y sí, emociónate, deja que te brillen los ojos, sonríe.... no olvides que te quiero.

3 may. 2014

Dos

Dos personas. Dos corazones. Dos sonrisas diferentes pero comunes. Dos casas.

Se ha convertido en algo habitual el ver cómo me ayudas a preparar la comida o acompañarme a comprar el pan. Hoy, ya lo sabes, me ha gustado ver que cortas el pan como cualquiera de mis familiares. También se ha vuelto habitual la ironía, las cosas dichas del revés.

Pero, ¿sabes lo mejor? Ya no hay “mis” o “tus” amigos; ahora es “estos”. Ya no hay “tu” ni “mi” casa. Y más de lo mismo con canciones o expresiones habituales.

Me encanta ver que dos meses ha sido tiempo suficiente para esta confianza, esta transparencia y, llámame egoísta pero lo más importante, esta felicidad. Aunque ahora que lo pienso, esta emoción es mutua.

¿Qué puedo destacar de este tiempo? Que no habría imaginado tener la comodidad que tengo con tu casa y tu familia; claro ejemplo, tu hermano el otro día, cuando acababa de despertarme. Que me emociona cocinar o ir a la compra junto a alguien. Que por fin estoy ocupándome de mi salud. Que me arrepiento más que mucho de mis momentos de debilidad.

Que soy feliz, gracias a ti. Y sé que no debo ni puedo depender de nadie; pero es que tampoco es así. No te necesito a ti; necesito las bocanadas de aire que me dan tus latidos. 

1 may. 2014

No ha sido la primera comida familiar. Ni la primera escapada de rutina con tus amigos. Ni la primera vez que me ves con ese jersey de rayas.


Pero no importa nada de eso. Hoy podría escribir una entrada bastante larga, profundizando en los cafés, las risas con mis tíos o los piques con Hec, Mr Secretos, Leñador o Pulsera blanca. Pero esto es un blog EMOCIONAL, no un inventario de momentos cualesquiera. Aclarado esto, hoy no ha sido un día redondo; no implica que haya sido un mal día, sino ligeramente ovalado. Pero me ha encantado porque en los cuatro momentos molestos que ha habido has estado tú, ya fuera rozándome el hombro o acariciándome el pelo. Y además, lo ha dicho Mr Secretos: soy una más. Siempre gusta que digan esas cosas.