29 sept. 2013

Mundo amarillo


Le admiro por su fortaleza, su positivismo, su forma de escribir, su sencillez y el amor que desprende con solo mirarte. Como él dice, tiene el poder de pulsar las teclas exactas que ciertos corazones necesitan. Y comparto enteramente su versión del Mundo amarillo; siento que he invadido brutalmente su forma de pensar. Disculpas ante todo.

Las expresiones, el concepto de “casualidades”, la importancia del afecto en todo lugar y la importancia del punto intermedio entre la amistad y el sexo. Hace mucho que no duermo y despierto junto a un amarillo. Pero como él también dice, los amarillos a veces solo intervienen días, meses o años contados.

25 sept. 2013

Como tantas veces, Sergio


Tantos días llenos de novedades, tanto tiempo sin desconectar, sin poder abrir mis emociones a este gran amigo; no importa lo idiota que resulte cada expresión.

En medio de esta dichosa depresión (odio la palabra, pero acepto la realidad), hubo un día, más bien una noche en la que volví a sonreír. Si él sonríe cada día y vive con su historia, yo soy imbécil por dejarme vencer ahora. Estoy releyendo ese “Mundo amarillo” y me doy cuenta de que la tristeza no es el camino correcto. ¿Cómo ser positiva? Tendré que descubrí el modo, pero no pienso quedarme atrapada en casa. Por eso he vuelto a mi rutina deportiva. No importa si no aguanto más que quince minutos. Yo marco el ritmo, el caso es avanzar poco a poco. También empecé el verano con cierto temor a cierta prueba médica, y esta tarde me lo ha recetado el médico. Quién sabe si esos tubitos de sangre consiguen depurar el pesimismo que recorre mi cuerpo. Ya me creo todo lo que me digan.

Por otro lado, ¿qué me pasa para tanto pesimismo? ¿Echo de menos a Sergio? Por supuesto. ¿He dejado de creer en que me ayuda desde dondequiera que esté? Jamás. En “Un secreto” ya lo dije. Si mis sueños no se cumplen es porque no es el momento adecuado. Confío en él. Ya sé que creo en Dios, sí. Pero con Sergio es diferente.  Él me conoce, bueno, me conoció, en un plano real, y por eso siento una confianza más directa. Hace trece años que no le veo, ni le oigo, pero le siento a menudo. Está conmigo en los momentos difíciles y también en mis alegrías. No sé muy bien porqué hablo de él, tal vez porque es mi principal apoyo cuando dudo.

16 sept. 2013

¿Té?


“Buenas noches” articulado. “¿Cómo tú por aquí?” a voz “¿Y esa vocecilla?”. Dame papel y boli y te explico. -…- . Ponme un chupito de lo más fuerte que tengas.  “¿Aguardiente?”. No, por Dios, algo más suave. “Patxarán”. Me lo bebo poco a poco. Puf, a ver si recupero algo de voz; un té verde, porfa.

Como suele ser costumbre, no puedo evitar sonreír nerviosa y querer contarle mil cosas, pero mi garganta me lo impide. Me retiro de la barra y abandono mi consumición, mi bolso y mi chaqueta, tratando de encontrar reposo dentro del baño femenino. No sabía que era tan pequeña; sufro un golpe leve y mis ojos se cierran frente al espejo a la vez que lucho por hacer entrar aire a mis pulmones. Cuando me recupero, regreso a mi taburete de barra. Vuelvo a escribir:

“Llámame friki, pero quiero estar aquí contigo porque como supondrás en casa me deprimo. Y sé que estás currando, que tu sitio es la barra pero, me conoces, me encantaría que me abrazaras. No porque seas tú sino… Ya sabes que para mí los abrazos son un gran antidepresivo. Aunque entiendo perfectamente que pases del tema. Solo quería decírtelo.”

“¿Tanto escribir para un abrazo?” J. sale de la barra, no había nadie más en ese momento, y deja que le abrace a mi antojo; he hundido un poquito mi cabeza en su hombro y he inspirado su olor, el de siempre. He suspirado.

Es curioso. De mi antigua “Fórmula secreta” es el único abrazador que ha reincidido. En ambas ocasiones, me he saltado la regla nº1, ambos han sido cortos pero también ambos han tenido un poder superior a todos los otros. Pura calidad en abrazos, sacian en pequeñas dosis.

He hecho caso a “Océano “h, he vivido un gran abrazo y, aunque la báscula siga empeñada en llevarme la contraria, opino que las dosis de té me ayudarán. Qué más da que lleve todo el día con un levísimo mareo; el problema está si empeora y termino en el suelo. Aunque nunca estaré sola: J, “primo mayor” o toda mi “familia”. ¿Nunca habéis hecho esos ejercicios de confianza de dejarte caer para que te cojan por los hombros?

Qué decir


¿Que mis oídos se estremecían al oír los pitidos acelerados por los pasillos? ¿Qué mi nariz se negaba a respirar ese olor tan neutro? ¿Qué esa palidez, esa comida insípida y muchas cosas más me empujaban fuera de esas paredes? Tal vez.

Tal vez el silencio y horas seguidas de lectura no resulten tan apacibles. Tal vez sea más que una cuestión de rutinas. Tal vez vuelva a añorar esos grados de afecto: abrazo, apretón de manos y miradas. Tal vez estas lágrimas sean justificadas e incluso, tal vez, sean la única forma de no explotar. Tal vez los vómitos sean la única forma que conozca mi organismo para desechar esta incertidumbre. Tal vez nunca logre olvidar la sensación claustrofóbica de un hospital, ni nunca desprenderme de ese “asco” hacia cualquier sanitario.

8 sept. 2013

Querida rutina...


Cuando más tiempo tengo para escribir, lo que me faltan son ganas de contar, de expresar, de sentir.

Ya no maldigo la rutina, es más, tengo ganas de volver a ella, ni el aire molesto que me despeina o las agujetas del corazón que bien conoce este blog. Ya no opino; simplemente no comprendo muchas cosas. Soy de esas personas que creen que todo pasa por algo; karma, Dios, destino: llamadlo cómo queráis. Yo tampoco sé muy bien cómo referirme a esa fuerza. Reflexiono y observo que mi vida está loca. No sabe qué dirección coger ni qué camino tomar. Ni siquiera sabe dónde está ahora mismo.

Aparecen “sujetos” que se interesan de una manera especial por mí; lo que tanto quería hace unos meses. Pero mis mareos persisten, las circunstancias familiares no me permiten parar y un café es el tiempo máximo de mis escapadas. Suerte que mis noches consten de ocho horas. Por otro lado, los abrazos escasean, como siempre; la distancia existente entre uno y otro es odiosa, pero también me hace valorarlos.

Es extraño que yo lo diga, pero, ahora mismo, me dan igual esos “sujetos”; quiero volver a mi rutina. Quiero ser esa “cría despreocupada” que se levantaba a las 9:04, que hacía deporte y se perdía entre libros en su biblioteca habitual. La misma que degustaba sus tazas de café solo con sus tostadas de Nutella. En cuestión de un mes, me arrepentiré de haber escrito esto, pero mi blog, mi vida, necesitaba conocer los malos tragos para valorar los chupitos de licor dulce.
Querida rutina....
 
Vuelve

2 sept. 2013

Situacion actual


La soledad es pena, oscuridad. Da miedo, nos bloquea totalmente.

Y esta soledad ya es rutinaria, pero sigo molesta. Intento aceptar la realidad, pero me ha salido la vena inconformista. ¿Por qué tengo que sonreír y estar feliz, si no es así? Yonki del amor, yonki del amor… queda muy bonito como expresión propia, igual que las agujetas en el corazón, pero resulta que hay un nombre verdadero para esto. Dependiente emocional. Sí, soy eso, pero hace tiempo decidí ignorar a cualquier experto en psicología.

¿En qué me baso para afirmar esto? Hace no mucho tenía una Fórmula secreta de los abrazos; un abrazo es el mejor antidepresivo. Arregla una ruptura, una ausencia, un llanto, un enfado. Vi que no están de moda, lo más cercano parecía un apretón de manos: también lo valoro. Y últimamente he visto que una mirada surte el mismo efecto. Hay miradas frías y miradas abiertas, cálidas; a esas me refiero.

Siempre he dicho que me vuelven loca los ojos oscuros, pero, con estas novedades, me he dado cuenta de que el color es lo de menos – qué anti racista suena - . Que dentro del color marrón hay miles de tipos: tonos y mezclas; igual en azules, verdes o grises.