29 abr. 2014

Porcelana

Llegar a tu casa antes de lo esperado y verte en pijama. Leer en tu habitación mientras tú atiendes a tus vicios. Y, como casi siempre, dormir mientras estás a mi lado.

Hoy he sobrepasado mi tiempo habitual de sueño, pero no ha sido la única rareza. Hoy, por desnutrición o simple cansancio, varias de tus caricias no han aflorado cosquillas. Hoy, cuando nos íbamos, tu madre se ha interesado por mi bienestar más que ningún otro día. Hoy, por culpa de cierto despiste, se me ha olvidado el móvil en tu cuarto, he perdido el autobús y el medio de trasporte que me ha llevado a casa ha sido el coche de tu padre.


Hoy me has dado amor, como todos los días. Pero en una dosis muy pequeñita y muy delicada. Mi estado es fragilidad pura, pero no importa porque sé que no me vas a dejar caer.

Debilidad

Tal vez por desnutrición. Tal vez por falta de sueño. Tal vez deshidratación.

Tal vez causa del vómito continuo o causa de recorrer esos pasillos, escuchar esas voces.

Debilidad abocada a estar en casa, “lucir” mi pijama y, para variar, vomitar.


Todo eso, contigo. Tú fuiste quien sujetó mi cadera en cada mareo, tú fuiste quien me esperó al otro lado de la sala de rayos, tú fuiste el que te sentaste a mi lado en la sala de urgencias y tú fuiste quien insistió en llamar a tu padre, si hacía falta, para que nos acercase a casa. Está claro que tú y solo tú eres el que no me va a dejar sola, ni un minuto, frente a mi situación. Ya sea por teléfono o por medio de mensajes escritos. “¿Has cenado?”o “En cuanto cuelgue, ve a la cama e intenta descansar ¿ok?” son unas de las muchas frases que son fáciles decir, pero nadie había dicho. Sabiendo que estás, ya no tengo miedo de mi misma. 

27 abr. 2014

Domingo familiar

Sueño transformado en risas. Por todo lo demás, nada más que normalidad.

“¿Qué quieres de comer? Vale, espera voy a ver si hay… Ahora nos bajamos, compramos el pan y nos tomamos un café ¿ok?”                 

“Qué calor, ¿no? Ah. Sí. Ya sabes dónde está: en mi rincón del sofá. ¿Te importa sacar dos platos llanos? Sí, mira: en la puerta de la derecha. Eh, no me eches tanto. ¿Quieres algo de segundo?”

“CINE”. “¿Estás bien? Sí, sí. No te preocupes. Cambia terror por asco. ¿Te has dormida? Que no, que estoy centrada, nada más.”

Curiosa la familiaridad que tienes con mi casa y el orden de cada objeto. Curiosa la postura natural que tomamos en el sofá. Curiosa la confianza de de mi perrita contigo, que, cómo no, has sido nuestro sofá. Curioso que no sólo me acompañes a mí al médico, sino también a comprar medicamentos para otra persona. Curioso que, siendo cafeinómana, haya pedido un helado dulce.

Pero, ¿sabes por qué? Tú me haces dulce. Tú, con tu sobredosis de azúcar en el té.

Has estado todo el día conmigo. Café, comida, película, helado, otra película, parte de fútbol, niños y mimos. Mimos en mi cuarto, sobre mi cama.


Pero lo mejor ha sido darme cuenta de que ya me conoces a un nivel máximo. Sabes dónde las cosquillas se convierten en dolor. Sabes cuándo mis silencios ocultan pensamientos. Sabes cuándo mi estómago se revuelve. Sabes cuándo de mis ojos brotan emociones. Sabes cuándo miento y cuándo no. Sabes, mejor que nadie, por qué mi ombligo es un punto especial, y también sabes hacer magia. Sabes la historia que hay detrás de varias fechas, no todas, pero suficientes. Sabes el valor que te doy. 

24 abr. 2014

Marcada

Mi espalda por tus mordiscos. Marcada mi boca por tus besos. Marcado mi cuello. Marcada la piel de mi tripa por tus suaves caricias. Marcada mi sonrisa, por el maquillaje automático del amor.

Ya no es sentir, sino comprobar que hemos pasado a una etapa de confianza ilimitada y una restricción a la ironía. Pedir un beso surte su efecto, igual que “Para” implica una pausa. Pero la velocidad de nuestros besos ha crecido.

Nos comportamos como niños, sin miedo a comentarios, escondiéndonos en el mejor de los refugios: Nuestro mundo; sólo tú y yo mandamos allí.

23 abr. 2014

Reloj de arena tumbado

Hacía demasiado tiempo desde mi última escapada. Hacía demasiado tiempo desde que no debo estar pendiente de la hora. Y hacía mucho tiempo de compartir un probador.

Pero hoy por primera vez he sentido una comodidad plena, sin rastro de nervio, conociendo a parte de tu mundo.

Ha habido besos, por supuesto. Y caricias. Y algún mareo. Y frases de esas que salen sin querer, pero que parecen escogidas.

Mr. Secretos, entre otros, ha hecho que sea un día inolvidable; por cierto, en el coche me he acordado de Zapatito, pues había una pulsera blanca. Y también he visto a RL y Armadura oxidada. Pero me da todo igual. Ya ayer me sorprendió la tranquilidad con al que afrontaba una novedad; hoy no iba a ser menos.

Hacía años, tal vez demasiados, que no recorría ese centro de juguetes; las risas han estado aseguradas.
Pero paso de enumerar. ¿Sabes con qué me quedo? Que me encanta comer a tu lado. Me encanta que estés conmigo en situaciones que no querría experimentar. Me encanta ser una más en tu mundo. Me encanta que mantengas tu mano junto a la mía, porque sí. Me encanta que “llueva”. Y me encanta que estés cerca de mí. 
Porque así me es más fácil respirar, sonreír. Gracias a tu hombro he conseguido dormir un ratito, una vez más. Gracias a tu mirada existe ese brillo en la mía.


Qué raro: hoy llueve. Y mañana seguramente también. ¿Qué mejor plan que estar en casa? Allí tenemos nuestro mundo secreto. Es curioso; todos nos imaginamos un paraíso enorme, en cuanto a extensión, y el mío es bastante reducido. Estaría bien contar con una orden de acercamiento…. No me importaría estar pegada a ti. 

20 abr. 2014

Un día especial

Te has ido hace tres minutos y ya te echo de menos.

Mi intención siempre es dejar un día, como mínimo, entre nuevas entradas. Pero me encanta romper reglas, ya sabes. Cuando no puedo llorar, lo hago. Cuando tengo que ser fuerte, mi cuerpo se debilita. Y cuando tú me prohíbes darte las gracias, te las doy.
Por venirte hoy a casa, para que no estuviese sola. Me has ayudado con mis tareas de cada día. Has acompañado mi cena. Me has hecho reír. Me has abrazado. Me has besado. Me has consolado cuando me ha entrado un poquito de ansiedad.

Pero hay mucho más. Hoy has dormido unos minutos sobre mi cama; cierto rato tu sueño ha sido profundo porque no contestabas a mis susurros. ¿Sabes?, cuando duermes… resultas aun más dulce. Como ya he dicho, me has ayudado; no sólo a mí, también has jugado con mi mascota. Igual que hemos acortado la distancia entre nosotros, sentados en el sofá.

Sé que me olvido del 90% de todo lo que hemos vivido esta tarde, pero sin duda, ha habido lago destacable. Cualquiera que me conozca, sabe que últimamente era lo más “urgente”, de ahí mi risotada y mi alegría cuando la báscula ha marcado kilo y medio más. Es poco, sigo estando por debajo, pero es un progreso.


 Dicen que las endorfinas engordan.

19 abr. 2014

Lluvia

ANTES DE NADA, diré que pretendo seguir un orden cronológico, nada de valores.

Hoy me tocaba a mí comer en tu casa, así que, en cuanto he podido, he cogido el autobús que me acerca a ti. Esta vez he prestado atención, para aprenderme el pequeño recorrido de la parada a tu casa; cómo no, hay un parque. Tenías cara de sueño cuando tu saludo ha sido un beso. Hacía calor. Hemos estado en tu habitación, haciendo todo y nada (estando juntos). De todo, me he quedado con una novedad muy íntima, a mi manera. Hablo de intimidad por la misma teoría de Albert Espinosa: El ombligo es el centro de todo. Y puede que no sea justo por eso, pero cualquiera que me conozca sabe que muy pocas personas han visto/tocado mi abdomen. Llega la hora de comer. Entonces me ha llamado la atención que “mis” zapatillas ya estaban en tu habitación. Y, aunque no haya sido la primera vez que como en tu casa, sí que ha sido la primera que estaban todos. Me ha gustado la naturalidad, las risas, los piques; me he sentido una más. Hoy hasta tu madre se ha alegrado, he comido bien, y eso que se me ha olvidado tomar el remedio al vómito; buena señal que todo siga igual. Cómo no, has querido abandonarme un rato, para tus vicios, pero yo lo he agradecido; he tenido tiempo para tomar café natural, frío, junto a tus padres. Como en todo café, hemos hablado; de cafés, de mí, de ti, de nosotros.

Toc toc. Entro a tu habitación en busca de verte. Otra vez esa cama ha tenido función de sofá para ver películas, para soñar despiertos. Hemos visto la película que pretendía ver con Furby, no sé si se acordará. Me ha gustado. Pienso que tú y yo tenemos una parte de Walter Mitty; no siempre somos realistas. Igual que no siempre es malo soñar con una realidad más bonita. Y ha sido durante la película cuando me he dado cuenta de que las cosas han cambiado y que no quiero que vuelvan a cambiar; si acaso, que sigan evolucionando. Ya dije que no quiero conocer a nadie más y que tu imperfección es perfecta para mí. 

Nuestras piezas de puzle encajan tan bien como el zapato de cristal en el pie de Cenicienta. Puede que hayamos visto la película, pero nuestras manos no se han separado ni un instante. Y, lo sabes, no han faltado besos improvisados. Así que, tras el film, se me ha ocurrido retomar una cuenta pendiente que tengo desde hace varios años. J. conoce esa faceta mía: no todo son caricias. No ha sido la primera vez, así que he dejado mi camiseta de deporte apartada y me he tumbado sobre tu cama. Ha sido entonces cuando las caricias diarias en los hombros y manos se han traspasado a toda mi espalda. Y hoy, inexplicablemente, he sentido lo que nunca. Dejando a un lado que hoy no he dormido sobre tu cama, el recorrido de tus manos y tus besos por mis vértebras y hombros ha colapsado mi respiración y el ritmo de mis latidos. He guardado silencio, principalmente porque no conseguía articular palabra alguna. Rato después, te he pedido tiempo para recuperar mi respiración habitual, por lo menos. Para ello, como ayuda, he necesitado escuchar Claro de luna; el efecto ha sido bastante rápido, lógico. Entonces me ha llamado Océano. ¿Sensación? Mm… inexplicable. Hace no tanto, era él quien conseguía calmarme; ahora no hace falta, porque estás tú. Aun así, sigue siendo él, una pieza súper importante. Su voz consigue un efecto de alegría particular, pero lo máximo ha sido cuando me ha preguntado sobre nuestra relación. Nos hemos despedido como el primer día que me abrazó: con ese “cuídate”.

Ha habido sonrisas, pero también risas. Ha habido sueños, pero ya no miedos; los pocos que había se esfumaron. No sé cuándo, pero me da igual. Es curioso cómo cambian las cosas. Desde que puedo recordar hasta hace cuestión de días, he tenido todo tipo de miedos; al pasado, al presente y al futuro. Ahora no; tengo miedos, por supuesto, pero ya no guardan relación con la vida. Temer la oscuridad o las tormentas son ajenas completamente. Podría darte las gracias por haberme quitado ese miedo, pero sé que no las aceptarías, simplemente me besarías. Y me dirías “No me seas”.

Aun así, hay más cambios. La sensibilidad de mi piel, ese cosquilleo, no era nada nuevo, pero sí que ha cambiado. Se hace más soportable. Tu piel se va convirtiendo en parte de mí, igual que tu olor, ese olor tan suave, ya se va impregnando en mi cuerpo. Y vas sabiendo cómo adentrarte en el terreno de mi piel, sin hacer que me sobresalte. Es bonito. Igual que es bonito que me eleves de la cama sobre tus brazos. Igual que cuando te colocas de manera que me recueste cómoda sobre ti.

En cuanto a canciones, Quédate a dormir, Carolina, Una foto en blanco y negro, Terriblemente cruel y Quiero un camino (esta última la he escuchado nada más llegar a casa) han sido precisas. Ojalá me quedase a dormir, en tu cama (aun siendo mucho para ti), tuviésemos una foto juntos (de esas románticas en tonos grises) y corriésemos ese camino, aun a riesgo de crueldad.


Ojalá. Porque esas canciones, aun no siendo empalagosas, son sinceras. Igual de sincero ha sido el SMS que te he mandado al llegar a mi casa. “Parece que llueve”

18 abr. 2014

Uno más

Un helado más. Un bar más. Y uno más en casa para cenar.

Ayer fue, como todos, un día más a tu lado. Sencillo o no, con novedades o sin ellas, no importa. Al final, fue como todos: uno de nosotros abre un poquito más su mundo. Ya sabes que la pequeña es un saco de mimos últimamente, y contigo no iba a ser diferente. Me encantan los abrazos porque sí y la forma de llamar tu atención. Porque me recuerda a mí.

 Y me da exactamente igual que tu mezcles sabores de helados y yo no. Me da igual que vayas pronto a tu casa. Porque hagas lo que hagas y estés donde estés, cada día estamos más cerca aun. 

15 abr. 2014

Grandes realidades

La mayor parte de lo que nos rodea pasa totalmente desapercibido; como por ejemplo, esa emoción que nos (me) embarga durante una décima de segundo, al oler un café natural.
He elegido este título porque, viniendo a casa, he decidido que es el que mejor abarca lo que tengo que contar hoy. Cuando hemos entrado a ese bar, te has acercado a la barra y yo esperaba sentada a unos tres o cuatro metros de ti; he vivido segundos de confusión y rabia, por los mareos que me siguen asaltando en los momentos más inesperados, pero todo ha cambiado acunado he alzado la vista y te he visto a ti, haciéndote un hueco en la barra. ¿Cómo no nos dimos cuenta antes? ¿Por qué encajas tan bien con mi pieza del puzle? En esos momentos mi corazón latía agitado por tenerte cerca pero lloraba por tenerte cerca. Sé que es absurdo hablar de cercanía entre nosotros; estamos tan cerca que aun no entiendo cómo no nos duele respirar tanto aire. En Sobrenatural, Karol decía “Entonces su respiración valía por dos”, pero no hablaba de latidos ni cuestiones de alimentación.
Será mañana la segunda vez que me acompañes al médico. Según dices, vas a insistir en que no estoy bien. Es lógico; tú no tienes porqué ocuparte de todo aquello que un profesional sanitario deje sin hacer. Y puede que no te cueste, porque los cuidados prestados a un trocito tuyo no es otra cosa que autoprotección, pero no deja de ser injusto.
No niego que yo haría lo mismo. Puede que mi capacidad para dar amor no sea tan grande. Perdón, cambia “dar amor” por cuidar físicamente.”Si tú te cortas yo sangro”. Menuda frase más “impersonal”…  pero explica lo que quiero decirte. Aunque yo requiera mucha más atención, física, que tú, ¿sabes el “orgullo” que siento al poder ofrecerte un sobre de ibuprofeno cuando estás mal? ¿Sabes a qué nivel me taladran tus lágrimas? Sí, me taladran, pero me hacen ver que también sé desvanecer tus pensamientos grises.

Me gusta ayudarte, me gusta que confíes en mí, me gusta verte reír y también me gusta que te cueste tanto irte de mi lado. Porque veo que no eres un capricho, sino una necesidad. Y mi mayor realidad.

12 abr. 2014

Una tormenta

Los miedos, más bien los temores, son una de esas ideas innecesarias que suceden tan a menudo.
Llevaba demasiado tiempo pre-ocupándome, intentando planificar, el día de hoy. Principalmente porque quería que te sintieses a gusto.

Total, para qué. Para escuchar las vocecillas ilusionadas de los más pequeños, que insistían en venir conmigo para conocerte. “Tranquilos, que come aquí en casa; luego le veis”. Para finiquitar el asunto de caerles bien, tú has sido quien portaba la bolsa de chucherías. Pero aun hay más: Nos hemos tirado al suelo a jugar con ellos. Puede que a ti te hayan ilusionado más los juguetes del niño, es normal, pero también mirabas, curioso, los de la pequeña. Me ha hecho muchísima gracia la naturalidad con la que los pequeños llamaban tu atención, pronunciando tu nombre como si te conociesen de siempre.

Más tarde, comienzan a llegar adultos y mis manos tiemblan. Pero pronto nos sentamos a la mesa, tú en la silla de la derecha, y todo pasa a ser normal. Una vez más, compartiendo comida contigo, pero, por primera vez, con más personas en la misma mesa. No ha habido preguntas curiosas, ni cuchicheos; sólo conversaciones sobre los pequeños o deportes: Algo simple y familiar, que, por supuesto, me ha encantado. Has sido uno más: ¿Me pasas este plato/la jarra de agua? Cómo no, has reído. Ya sabes que me encanta esa expresión porque da fe de que, además de estar cómodo, estás feliz. El postre ha sido estupendo, igual que las velas, la copita de cava o los cafés.

Pero sobre todo el café. ¿Por qué? Porque no sólo implica bebérselo. “El café” es la parte de una comida formal que más dura. Más risas, más recuerdos, más charlas…. Más confianza. Ha sido en esa parte cuando he visto que nosotros vamos bien, más que bien. He visto trasparencia, palabras sinceras. He sentido tu mano buscando la mía, pero también se ha acortado la distancia que había entre nuestros asientos. Algo tan sencillo como acercarnos, sentir tu olor muy cerca, sentir también tu calor, por supuesto.

Las horas han volado, como de costumbre en estos encuentros, pero no olvidemos sumar el STOP en nuestros relojes. No sé si, antes de salir de tu casa, dejaste el reloj de arena tumbado, pero ha ocurrido. He visto que todo ha ido bien, muy bien. Mucho mejor de lo que imaginaba, mucho más natural.

Y, para rematar, hemos ido a Mucho más que un bar de copas. Tras tantas horas tan cerca de mí y sin poder perder cierta cordura, tus caricias, sobre todo tus dedos jugueteando con mis vertebras superiores, me han obligado a suspirar bajando los párpados. Has venido a casa, una vez más, y has cogido tu cazadora, la misma que me dejaste en la tormenta

Y, hablando de tormenta, ¿sabes lo que pienso? Tranquilo, no voy a hablarte de miedos ni catástrofes. Pienso que esto que tenemos, que compartimos, es un temporal de estos que hacen historia. Puede que sea demasiada lluvia, tanta que nos ahoga, y es normal que pasemos cierto miedo. Pero este amor es tan fuerte, tan tremendo, que es absurdo preocuparnos por los desperfectos que pueda ocasionar. Una tormenta conlleva lluvia, agua, vida. Energía necesaria para crear a esta última.


Resumiendo, siento que mi vida por fin sabe hacia dónde tirar. Mis sonrisas están más presentes porque hay más oxigeno que las hace posibles y mis sueños, aun sin alejarse mucho de la realidad, están más cerca; perdón, están aquí, están sucediendo. Mi vida está avanzando y tú sigues ayudándome a sonreír. 

10 abr. 2014

Helados

Soy imbécil por obcecarme tanto con el cuaderno/caja de recuerdos.

¿Hay algo más típico romántico que tomar helado en plena calle? Sí. ¿Hay algo más típico romántico que besarse bajo la lluvia? Sí. ¿Hay algo más típico romántico que curiosear una juguetería entera con la misma ilusión que dos niños pequeños? Sí. ¿Hay algo más romántico que una pareja besándose sobre un coche aparcado frente a la Torre Effeil? Sí. ¿Hay algo más típico romántico que un chico prestando a “su niña” su cazadora? Sí.

Muchos se preguntarán porqué tengo esa seguridad; bien, es porque te conozco a ti. Porque veo que el romanticismo no consiste en combinar tópicos de películas. Porque tú me das puro amor a cada segundo que pasa. Tu voz casi dormida al otro lado del teléfono, tus sonrisas, tu ilusión, esas frases bonitas que te salen sin querer, tu calor, tu cercanía. La pregunta es: ¿Cómo consigues causar un efecto tan loco (no me sale otra palabra) en mí, sin hacer nada? No tengo ni idea; ni yo, ni tu madre, ni tus amigos,…. Ni siquiera tú, ya que eres el primero en no valorarte como deberías. Pero todo cambiará, como tú dices.

Ha sido extraño hoy. No sabía que tuviese tanto miedo a los truenos; pero ahí has estado tú para abrazarme y para ofrecerme tu mano, para darme la seguridad que no tengo. Me ha encantado verte tan ilusionado entre juguetes, mientras hablábamos de “esos pequeños” que conocerás en cuestión de días; te lo pasarás genial con ellos, y ellos contigo. Ya imagino a mi pequeña princesita: “Tu amigo especial también es mi amigo, porque juega conmigo. También con el tato. No te enfades con él, ¿vale?”. Sé que parece muy planificado, pero me apuesto lo que quieras a que será así. Ayer estaba nerviosísima al pensar en esa “presentación”, pero hoy espero ansiosa.


Piezas importantes de mi mundo por fin van encajando al máximo.; y no sólo eso. También pasan a ser parte del tuyo. Ya lo escribí en un título: Ni tu ni mi, sino NUESTRO

9 abr. 2014

Déjate

Solemos empatar. Cuesta un tiempo que yo conozca a ciertas personas, pero también al revés.

Cuatro años para abrir los ojos. Siete días para pisar tu casa y conocer a tu familia. Cinco semanas para abrirte un hueco en casa.

Equilibremos comida familiar con cappuccino en la cocina y un par de cenas con partidas relacionadas con caramelos.
Hoy he conocido los nervios, no confundir con miedo. Pero me lo has hecho fácil. Como siempre, has templado mis nervios. Ya no es gracias al sofá ni a cualquier interacción psicológica. Eres tú, porque, aunque a veces no consigas hablar, aunque a veces te emociones o sientas rabia, es bonito sentir; pero más bonito es ver que expresas lo que ronda por tu corazón. Momentos confusos a veces, pero y qué; la vida no suele ser clara. Para esos momentos de incertidumbre estoy yo a tu lado. Intentare sacar de tu cabeza cualquier preocupación y haré que veas luz donde ves oscuridad. Recuerda que eres Linterna, mi luz en la oscuridad. 

Pero también me escribiste que yo soy tu luz.

Déjate alumbrar. Déjate oxigenar. Déjate sonreír.


Déjate no dejarte.

7 abr. 2014

Dulce

Tras despertarme por culpa de una llamada entrante, estaba tu respiración tras mi espalda y, al abrir los ojos, qué he visto: tus zapatillas y las mías.

Me he levantado, aun no queriendo alejarme de ti. Y, tras la llamada, he regresado a tu cama. He insistido en dormir; esta vez frente a frente, respiraciones encontradas a un par de centímetros. No sé cuánto he dormido ni si me has acariciado, besado o soñado. Y no me importa. Sé que entre estas cuatro paredes no hay presiones ni obligaciones que seguir. Por eso me gusta tanto. Es triste pensar que estoy más cómoda en cualquier sitio que no es mi habitación, pero por lo menos existe ESE SITIO. Siempre puedo marearme al levantarme bruscamente, pero ahí estás tú para evitar que caiga, igual que para “incitarme” a comer un poquito más. 

Hace no tanto decías que no me veías delgada, pero hace muy poquito dijiste la verdad: Debes comer más. Peque; estás un poquito delgada. Ya no sólo la báscula me dice las verdades. Y, llámame rara, pero me creo más lo que me dice alguien que me quiere que lo que cuente una maquinita. Sí, ya lo digo como algo habitual: me quieres y confías en mí. Igual que yo a ti. Igual que cada vez que me rozas el cuello; por mucho que diga que no quiero que lo hagas, cuando tus manos erizan la piel de mis hombros siento ardor. Ardor de amor, dicen, yo creo que es más. Sí, estamos enamorados y tenemos los síntomas de cualquier mortal en este estado, pero siguen habiendo mil detalles que no creo que cualquiera pueda sentir. Tal vez por algo tan simple como que nadie es yo. Contigo se vuelven a reencontrar esas dos grandes cualidades mías: fortaleza y debilidad. J. decía que era de locos, pero ya me di cuenta de que no me conoce tanto como ambos creíamos hasta hace poco. Él es de cerveza y día a día. Nosotros somos de dulces y… más dulces. 

5 abr. 2014

En los momentos de desesperación y soledad es cuando más noto que no estás.

Sé que tengo tu pulsera y que nuestros corazones laten al mismo ritmo, pero son momentos de debilidad. Sé que me dirías “Llámame”, pero quiero que lo pases bien, por los dos.

Sé que debo cuidar mi alimentación, por mi bien. Pero cada vez que mi estómago rechaza alimento, me acuerdo de ti, de tu preocupación; y se vuelve aun peor. Pero sabes que hago todo lo que puedo para solucionar esto.


Aun así, hay personas de “mi entorno” que parecen disfrutar cargándome con más presiones, sobre todo presiones en las que no tengo nada que ver. Pero, ¿sabes? Cada vez que siento principio de ansiedad, miro mi muñeca: la misma que aun tiene pequeñas marcas, la misma que tú rozaste al ponerme la pulsera; y entonces todo vale, todas las preocupaciones desaparecen y mis labios dibujan esa sonrisa que ahora tú oxigenas. 

El tiempo

Ya sabíamos que el tiempo se detenía con muy poquito. Por eso mismo, sabíamos que los relojes dejarían de funcionar, igual que las hojas del calendario no pasarían al mismo ritmo.

No pensé que el reloj de arena pegase tanto con tu habitación, ahí con otros recuerdos navideños. Creo que mis palabras escritas surtieron el efecto esperado. Al igual, la pulsera me está ayudando a mantener en pie esa sonrisa que sólo tú consigues.


Para rematar, cierro los ojos y recuerdo la suavidad de tus manos correteando por mi espalda, atravesando las costuras de mi sujetador, y tus labios besando con delicadeza mi rostro dormido. Hay detalles que no hace falta sentir, para reconocer. 

3 abr. 2014

Calor

Cuando estoy a tu lado, un calor emocional que hace que se desvanezca la sensación de soledad.
Cuando me tomo un café recién hecho y éste pasa por mi garganta.
Pero también es calor un masaje realizado con semillas, aun no estando tú. Porque, aunque cueste mucho, cada vez que las semillas precalentadas rozaban mis vértebras, mi clavícula y la curva de mis hombros cerraba los ojos con fuerza tratando de recordar tu piel, para pensar que estabas ahí, sobre mi espalda.la menta y los cítricos me parecían fuera de lugar; me habría gustado sentir tu olor. Así, seguro, me habría quedado dormida, una vez más.
Olvidando el masaje, quiero tenerte cerca, te necesito cerca; no es plan obsesión de, si no es así no poder respirar, pero contigo es todo mucho más fácil. ¿De qué nos vale nacer si no vivimos al máximo? ¿Para qué decir te quiero cuando la realidad es te necesito para reventar los índices de felicidad?

Justo por eso titulo esta entrada con Calor. Porque dicen que el calor es necesario para vivir, en cierta dosis. Y es cierto. Nuestros cuerpos requieren una temperatura media para hablar de salud. Sí, hablo de algo interior, como el latido desenfrenado de un corazón loco de amor, a menudo también necesario.  Una persona que no ame NADA está buscando su propia muerte; no quiero decir que quiera morir. Sólo que probablemente, lo haga. La vida no es sólo salud física y mental. También son ganas. ¿De dónde salen las ganas? De un sueño, de una alegría o de uno mismo; de QUERER algo, AMAR algo. Amor=calor; calor=latidos; latidos=vida; vida=X…

1 abr. 2014

Ni tu ni mi, NUESTRO

Tus vicios. Tus juegos, tu café con dos de azúcar, tus coches, tus peluches.

Mis vicios. Mis libros, mi parte deportiva, mi romanticismo, mis textos.

Como ves, estamos empatados. 4 – 4. Y, poco a poco, tus rarezas ya no son rarezas, ni las mías. Saber que juegas es saber que respiras, conocer tu necesidad de doble dosis de azúcar es igual que saber tu nombre y las carreras son tus ratos obligatorios. Cada personaje de mis historias son sueños por cumplir, o no, mi barra libre de endorfinas se asemeja a un desayuno de hotel, la dulzura es necesaria en cualquier cuento y cada entrada es una emoción.

Nos entendemos en todo, nos gusta todo del otro y nos resbala TODO lo que piense quienquiera que no seamos TÚ y YO. Podría decir que sufrimos cierta bipolaridad; podemos planificar fines de semana o tardes y olvidarnos, a la vez, de la hora qué es, el día y todo.

Como todos, hasta hace muy poco, no soportábamos la distancia física, el no saber del otro y nos importaba DEMASIADO el que dirán. Ahora ya no. Nos da igual comunicarnos cada seis horas, de media; y no creo que sólo hable por mí, me gusta no perder la cordura, me gusta dormir bien y soñar contigo, me gusta presentarte a mis amigos y que confíen en ti y en que me cuidas. Porque es lo que haces cada día, con cada SMS, cada llamada, cada caricia, cada sonrisa.

Hemos ido ya varias veces de compras, me has acompañado a mi mundo de los libros y tú no te has quejado. Porque ya no es MI mundo, sino nuestro. Ver la puerta de GAMES ya no me pone de los nervios, ni entrar en tu habitación u oír “café” y que resulte ser Cappuccino.

Hoy has conocido a Infancia y hemos charlado los tres. Como de toda la vida. De nuestros momentos actuales y de nuestros recuerdos. Ha sido bonito; él conoce mi gran cambio y me ayudó mucho en su momento. Nunca se lo he dicho, pero si lo escribiré aquí. Me encanta estar con él; recuerdo los detalles: los cumpleaños, las tardes en mi casa, los regalitos, las tardes en cualquier parque. Y cuando veo sus ojos, recuerdo todo eso. El apoyo que me dio y me ha dado siempre. Y para rematar, ese café en “El bar del sofá”. Hemos dejado pendiente otro café, sin fecha, y me alegra saberlo.

Pero es mucho más; No es ver a Infancia, no es que tú me llamas Luz, no es que mañana me acompañes al médico, no es que me hayas llevado a mi rinconcito de Roma… ERES TÚ y con eso me vale. Claro que hemos esperado mucho tiempo, claro que hemos sufrido, claro que hemos tenido miedo, pero AHORA estamos juntos y todo lo demás carece de importancia.


No tienen sentido “Quédate” o  “No te vayas”, porque esto sí que sé que es mutuo; nos queremos cerca, nuestros mundos tienen más color, nos ayudamos a sonreír. Sé que lo dije con Sergio, hace mucho, pero ahora tú eres parte de ese oxigeno de mis sonrisas. (Qué nivel, dirás. Y con razón, te he comparado con mi angelito, valóralo)