25 nov. 2013

Miedo


Dicen que toda arte arte marcial esconde un plano de serenidad y respeto, pero mientras tanto hay golpes y se libera tensión. Sobra decir que mi actitud no es violenta.

Pero todos tenemos etapas de rabia, de golpes a paredes, gritos. Rabia, impotencia y ahogo. La culpa se la echo al universo; sí, ya sé que antes de verano escribí “Buenos días, universo”. Hoy le dedicaría otra frase. Ya, ya no me creo que algún día pueda equilibrar nuestra balanza. Habrá alegrías, creo en ella y las espero ansiosa. Pero ya no me creo que consigan disipar los nubarrones grises.  

Soy consciente de que mi cuerpo no es gran cosa, que cualquier fuerza física puede derribarme, pero tengo una fuerza mental desmesurada. “Si las miradas matasen”,  me conocerían como asesina en serie. Si cada vez que me mordiese el labio inferior, por impotencia, mordiera la mano de alguien, habría colapsos en salas de enfermerías.

Si el mundo fuera justo, conseguiría vivir sin miedo. Es triste tener tanto miedo. Miedo a la oscuridad, miedo a sitios cerrados, miedo al tráfico, miedo a las despedidas, miedo a vivir. Lo malo es que no se me ocurre otro tipo de reacción.

16 nov. 2013

Princesas


(Al final de la entrada se entenderá el título. Me he permitido modificar su sobrenombre sólo para esta ocasión)

Erase una vez una princesa llamada Jasmine. Dejó su ciudad natal por circunstancias familiares, quién sabe si por algo más. El destino la hizo pasar por etapas de dudas, pequeñez, locura, rabia… pero nunca estuvo sola. Ella luchó y luchará por el final de su cuento.

Una noche invernal su amiga Pocahontas improvisó una cena para ambas. Jasmine comentó que le gustaba el mundo pequeño donde vivía su amiga; ella dijo lo mismo del “castillo” de su amiga. La aconsejó para cierto evento e hizo lo posible por aportarle seguridad. Jasmine, como en el clásico Disney, caminó descalza por el hogar de Pocahontas, hasta pasar el umbral de la puerta. Ahí fue donde ambas conmemoraron a la princesa de los zapatos de cristal. Ay si todo se solucionara con papel.

Hace un año, tal vez dos, decidimos apodarnos con nombres de princesas nunca lo usamos, de hecho hubo más referencia a Gnomolandia que a Disney. El caso es que hoy ella merecía una entrada propia, dulce y sincera. Ya sé que la amistad, como el amor, no requiere demostraciones diarias, ni siquiera palabras o declaraciones. Ella y yo somos “extranjeras” en un mundo que dejó de creer en princesas. Ella y yo esperamos a que un Aladín y un John Smith aparezcan en nuestros cuentos para hacer permanentes nuestras sonrisas de maquillaje. Ella y yo nos escuchamos, nos ayudamos, nos abrazamos… nos esperamos, porque nuestro amor tan familiar, como cualquier amor, lo espera TODO, sin fechas, sin condiciones… solo con pruebas no escritas; Mucho más que un bar de copas, una llamada a la hora de comer cierto domingo, abrazos inesperados, libros compartidos, baterías de móviles que necesitan ser cargadas en cualquier café y, cómo no, zapatos de princesa.

Pero lo repetiré una vez más; eres de las pocas personas a las que me sale llamar “Amor”, y sabes que lo digo de verdad. Nos conocimos hace muy poquito, pero nuestros mundos necesitaban juntarse. Para terminar, te diré mi frase favorita. Mi parte favorita del dia y mi mundo favorito.

Buenas noches princesa.

13 nov. 2013


“Escribe, te vendrá bien. Y además, eres buena”, “No te obsesiones con el peso, ni con que vas a vomitar; vive el momento y trata de sonreír”. Consejos de este tipo son los que normalizan la rareza de estos días.

Esta mañana, antes de ducharme, me ha dado por pesarme y… vuelvo a ver ese número par que me atemorizó hace tres semanas. “Tú vive sin pensar en cifras, come cuando tengas hambre y no te preocupes” ¿Y qué hago cada vez que me maree? ¿Cómo sujeto la estructura de mi sonrisa cuando ésta se derrumbe? Lo ´único que se me ocurre es pegarme trocitos de cello en las comisuras. “Y conserva el brillo de tus ojos; ¿qué brillo? ¿El que producen las lágrimas contenidas? Oh, claro, ¿cómo me voy a desprender de esa capa de agua?  

Se me ocurren demasiadas contestación bordes: Cállate la boca, tú qué sabrás, déjame en paz, no te metas en lo que no puedes sentir y similares. Pero me paro a pensar, y sé que todas estas frases lo único que buscan es ayudarme a volver a la normalidad. NO PUEDO ser borde con estas personas. “Perdóname; encima de tu situación, soy tan imbécil que te cuento mis movidas. Aun no entiendo cómo sigues hablándome”; que porqué. Porque soy dependiente emocional, y poco importa que tenga que oír temas que me dan exactamente igual; lo importante es que también alguien me escucha a mí.

Voy a comprar carne e incluso alguna clienta sigue saludándome con “¿Qué tal lo llevas? ¿Te apañas bien en casa?”, como si quedara otro remedio. Por experiencia, sé los cambios que viviré. Otros son más amables. “¿Qué tal todo, bonita? Veo que te siguen interesando las recetas; sabiendo las que te he visto comprar, tu cocina tiene que ser purísimo arteJ

Necesito que la gente me ayude a volver a la normalidad, pero también quiero no estar sola. Digamos que temo “la sobreprotección”.

10 nov. 2013

Otra vez Familia


Qué decir. Otra vez Familia; sí, lo pongo con mayúsculas porque me parecen tan importantes como cualquier apellido.

Ha habido diferencias respecto a la vez anterior, pero… positivas. ¿En qué consiste una familia? En compartir armario, maquillaje, baño. En desnudar nuestra apariencia y ser 100% sinceros. En preocuparse por alguien que prefiere estar solo. En confiar lágrimas que no saldrán de ahí. En café. En ayudar a mover pesos imposibles. En sentir todo el calor del mundo en una mirada, a pesar de estar a 5 metros. En dejar tu silla y mesa para estar al lado de quien grita dolor. Gente que se preocupa por la alimentación del otro. Y, como dice el gran Albert Espinosa, en el contacto físico de los amarillos; que no tiene nada que ver con el sexo.

Echaba de menos el mar; su olor, su fuerza y su brisa. Pero las relaciones cambian. Ojos que me ponían nerviosa pasan a ser Tranquimazin. Inexplicablemente, mi cuerpo no se ha quejado ante la temperatura, tal vez sea porque hay compañías más cálidas que cualquier estufa.

Sinceramente, no imaginaba que consiguiera vislumbrar algo del color de estos días. Es gracioso: ha habido lluvia, pero mi sonrisa sigue nublosa. Quién sabe si dentro de poco consigo plasmar todo ese color en esta niebla. La Familia tiene la escalera que me ayudará a alcanzar los nubarrones.