6 may. 2016

Estados

Hace ya tanto.

Y ahora entiendo el daño que te hacía cada vez que me oías "Pégame".
Entiendo lo injusto que era que asociara todo al pasado.
Entiendo que estaba absorbida.

Veía el alcohol como algo manipulador, la medida de 1.80 como dominación, muchos lugares como túnel del terror.

Era curioso la exactitud de la altura. Soy malísima para calcular, pero era 1,80; si eran 2 centímetros más, no había problema.
Los ojos. No el color, sino la forma.

Lo que aún sigo sin soportar son las frases.
"Tú sabrás "
"Ya estás otra vez?"
"Si es por tu bien"

Pueden ser dichas sin maldad, pero consiguen que se me hagan nudos en algo más que el estómago.

Si pregunto algo, quiero una respuesta.
Si estoy mal, estoy mal. Resulta que no soy actriz.
Y si es por mi bien, tranquilo que lo sabré.

Por eso no quiero verte todos los días, no quiero hacer siempre lo mismo (llámalo sexo, viajar, cafés, cines...), no quiero controlarte ni que me controles más de lo necesario.

Entiendo que a veces te preocupes por mi alimentación, pero recuerdo que una vez me  llegó a agobiar que pidieras foto de mi cena.
Estando contigo, con luz, con ilusiones, ya no tenía sentido ayunar buscando la inanición.

Me encanta que me ayudes a hacer la compra, es como jugar a vivir juntos, pero antes insistias en que comprase más que mis anotaciones en papel cuadriculado.

Recuerdas la primera vez que me pesé contigo a un metro? Esta noche lo haré, sola, pero sabrás el número.

No puedo describirte la satisfacción de que confíes en mí, frente a situaciones de estrés, de nutrición, de lágrimas.
Todo es temporal.

Mi primera redacción en sesión psicologíca decía "No soy fuerte". Ser y estar no es lo mismo.

Estoy llena de ilusiones, de confianza, de ganas de avanzar.
Yo antes no era así.

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