13 nov. 2016

Cuestión de tinta, tal vez

No hablo de tatuajes, ni libros.

La vida no es un favor que nos hace ninguna fuerza superior, ni un castigo de nuestra vida anterior; yo la veo más como un taller de escritura en el que partimos de una base para dejarnos llevar.
La tinta fluye a borbotones, nos ponemos tensos y apretamos la pluma contra el folio.

Leer es bonito, pero mirar al papel y decidir quién, cuándo, cómo... eso no tiene comparación.
Yo hace tiempo que cogí mi vida por los cuernos, y sé que no todas las páginas serán cómodas; no cierro un libro por no sentirme al 100% comprendida.

Y lo siento por quienes lean esto y me tomen por borde, pero soy rara y, entre otras cosas, radical.
Cada vez hay más parejas que rompen y vuelven una y otra vez.

Yo no podría.
Si te dijera adiós, alejaría totalmente la parte pro de la famosa lista.
Puede que sin rencor, pero, como todo capítulo, es un trozo irrepetible del libro.
Nunca me gustaron esos libros que repiten la entrada y el final, sin mover una coma.

A mejor no quiero dejar de escribir.
A lo mejor no huyo de las páginas dramáticas, porque conozco bien las buenas características de cada personaje.
A lo mejor todo compensa.
A lo mejor soy fría por tantas caídas.
Alo mejor me enfado 10 minutos en vez de estar sin hablarte una semana.
A lo mejor la sumisión no está hecha para mí.

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