7 feb. 2016

Amor oxigenado

El amor es dolor, no lo puede negar nadie.
Pero todos tenemos un pequeño masoquista dentro.
Por ello disfrutamos, nos compensa de sobra todo el daño que nos pueda causar esta droga.

Yo no recuerdo con exactitud cuándo me volví adicta, pero creo lo soy desde que me prohibieron cierto amor.

Una olla express pita, yo me volví dependiente emocional.
Siempre habían roces sin querer o miradas pérdidas, que alimentaban unas ganas que no sabían si serían colmadas.

Un café me podía dar más amor que algunas personas; no iban con prisas.

Pero qué bonito fue cuando me prestabas tu tiempo para algo tan personal como dormir.

Ahí me di cuenta de que lo importante no era tocarse, sino dejarse respirar.

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