21 feb. 2016

Zapatillas y calentadores

Soy idiota.
Me supero cada día con metas pequeñitas y, aunque tropiece a menudo y haya personas que me ayuden a seguir caminando, hay frases sueltas, dichas sin maldad, que me matan.
Ni el tiempo lo cura todo ni la vida se disfruta como quieres, ni el dinero da la felicidad.

Quiero volver a Barcelona, pero no sola.
Quiero volver ala playa de Fuentes, pero ya no habrá castillos de arena.

Y daría todo por volver a Hélade y hacer varios cursos enteros.

Quisiera controlar esta debilidad que suelo mantener a raya, pero salta en el peor momento.

Quisiera conformarme, no ser tan romántica y pasarme la vida anhelando improbabilidades.

Sabes que me matas cada vez que me llamas pequeña bailarina, pero ni te imaginas la fuerza que me da.

Recuerdo la segunda clase de este último intento, tuve que parar porque no me llegaba el aire.
O la última, las lágrimas de rabia por no poder seguir jugando a ser como antes.

Nada es como antes, lo he hablado hoy con Picasso.
Nada vuelve a otro tiempo. Ojalá.

Y estoy bañada en lágrimas por la frustración de haber visto mis calentadores y zapatillas de clase hace un rato.

Para de pensar.
Olvida lo que intentaste pero no conseguiste recuperar.

Gracias a mis inicios, no tengo un esguince. No quiero olvidarlo.

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