6 mar. 2016

Tobillos

Qué hay más inocente que unas tazas de chocolate?
Cuatro amigos, un domingo.

Cada uno de su padre y de su madre, pero tres tienen manía a una peraona, por llamarlo de alguna manera. Y qué casualidad; en esa reunión tan sin maldad, entra en escena ese sujeto.
Esperando a que salga, quemando garganta por prisa de poner distancia, respiración inquieta.

Luego risas.
Cereza, Picasso, Cerezo y yo.
Bares cerrados, guantes, escaleras traicioneras, dibujos y una carpeta.

15 kilómetros hasta mi casa, mi tobillo torpe pide hielo, pero mi abdomen recuerda el calor de las risas.

No hay bares que guarden todo, ni dibujos que hablen de pensamientos globales, ni cafés que reúnan todo.

Estamos nosotros.

Mía tobillos frágiles de bailarina frustrada  se tambalean, pero han soportado el peso de tanto frío emocional de tiempo atrás; por eso estás.

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