23 abr. 2016

Amaneceres

Confieso que soy caprichosa en algunos aspectos, pero es que siempre he sido perfeccionista.
La vida me obligó a conformarme con pequeñas dosis de felicidad, pero esas dosis tendían a la perfección.

Soy feliz con mi vida, mis metros cuadrados, mi estabilidad emocional, mis estiramientos... Contigo.
Pero hay momentos oscuros, como ciertas noches, en las que quiero más; quiero sentir tus ojos atados a mi boca y que la tuya sonría sin poder evitarlo.

Aún te ocupas de cicatrizar heridas de las que no fuiste responsable.
Y cada vez me curas antes, conoces al segundo cuándo mi piel está lista para volver a batallar.

Hoy he soñado con esos días en cierto domicilio de León.
Creo que, de tanto probar colchones para tu habitación, me he acordado de todos los compartidos contigo.

Lo importante no es que mida 2x2 metros, sino la comodidad.
Y de todos, creo que me quedo con esos, tamaño de niño.

Prefiero despertar a 30 centímetros de ti, pero con esa luz entrando por la ventana, e intuyendo el desayuno compartido con otra pareja y un niño de 3 años.

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