1 may. 2016

Aunque no estés

Por una vez, voy a hablar sin tapujos, sin colorines, como era todo antes de ti, sin luz.

No soporto que haya temas concentrados en un solo día.
Por supuesto que agradezco que haya personas que insistan en sacarme de casa en días que quieren engullirme.

Y hasta tú no te crees que sonría entre lágrimas que mojan la almohada.
Lógico.

Pero también es lógico que, por un día desde hace mucho, eche de menos lo que perdí.
Tú me has oído balbucear en sueños diálogos con ella, pidiéndole nuestra canción.
Tú has visto su última habitación, has oído su voz en un vídeo, aunque seguramente no la recuerdas.

Y sabes?
Ese fue mi tormento cuando empecé la adolescencia.
Había olvidado el sonido de su voz.
Qué triste.

Recordaba canciones, prendas de ropa, incluso la funda de su guitarra.
Pero me faltaba lo básico.
El hilo que me cantaba para dormir, que me llamaba esas cosas que quedaron entre ella y yo.

Me revienta que ya no esté el restaurante asiático al que íbamos, la colonia que ella usaba.

La voz es eso que se me quiebra cuando me preguntan qué tal estoy, y ya no puedo fingir.

Y por mucho que escriba, por muchas veces que lea los libros que fueron de ella, no puedo fingir que no la echo de menos.
No estoy loca. Cualquiera se retuerce oyendo hablar mal de algo que tú no tienes.

Sólo quiero aprender a hablar de ella sin lágrimas, para hablarlo con alguien pequeño, que también será parte de ella.

Porque todo llegará.

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