20 may. 2016

Frente a un té rojo

Me hace gracia. Así encuentran camino grandes versos; entre las ondas provocadas por una cuchara.

Objetivo de hoy?
No llorar más.

Hoy los cristales oscuros dificultan leerme. Lo agradezco.
Igual que agradezco tu paciencia.

Hace días contados que me prometí no ser tan transparente, al menos en palabras. Y por ahora no funciona.
Pero funcionará.

Todo necesita encontrar su momento.
El té necesita reposar una media de tres minutos antes de echarlo en la taza.
Los traumas necesitan tiempo para superarse, no pastillas.
Un cuerpo necesita tiempo para dusfrutarse enteramente.

Yo necesitaba una persona con tu paciencias, tu respeto, tu apoyo casi sin palabras, tu espalda para anclarme a ella y tus manos para sostenerme cuando me siento caer.

Las contracturas necesitan tiempo y hielo, pero también posturas cómodas; pocas personas ceden para que la otra esté a gusto.

No puedo compararte con una cosa, en plan simbólico.

Eres ancla, eres Trankimazin, eres cicatrizante, eres peluche.
Eres tila, eres yoga y también eres luz.

A reflexiones tan básicas me lleva un té, con algo de color y sabor, pero transparente como agua edulcorada con un azucarillo.

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