8 jul. 2016

Dolor, amor. Cuestión de tonos.

Me sorprende haber vuelto a sacar este punto de hiperactividad.
Igual que me sorprende sentirme tan protectora cuando estás mal.

Sé que vale de poco, pero, ya lo hablamos, amor es sufrir cuando lo hace el otro.
Amor es algo muy simple, pero muy a menudo insistimos en complicarnos, en forzarlo.
Amor es respeto, protección, avanzar.

Y, en mi caso, reconozco que estuve loca por reencontrar un amor imposible, creyendo que sería mi única oportunidad de sonreír.

Pero apareciste tú.
Tarde, para ser tú. En un momento duro.
Pero has sido, por ahora, lo más grande de mi vida.

Tú elegiste estar, ayudarme, acompañarme, hacerme vencer miedos y crecer.

Me das la vida, se oscurece cuando sufres.
No, corrijo.
Me das la luz necesaria para distinguir desde los leves hasta los fuertes tonos de color que hay cerca de mí.

Me asustan los peligros.
Un camión de bomberos con alarma, uno de los dos en la sala de urgencias, lágrimas de dolor físico...

Pero sin gris no importarían los tonos.

La gente en el gimnasio buscan tono muscular... idiotas.
El tono de la felicidad eclipsa cada fibra que se contrae.

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