13 dic. 2016

Acelerador

Diré un clásico para empezar.
No puedo quererte con el freno de mano puesto.

Y ahora toca ser yo.
Si sólo fuera el freno de mano, quién sabe.
Pero quererte no se reduce a sentir; me calma que respires cerca de mí, sí, pero siento un vértigo tremendo cuando imagino posibles futuros.

No sé hasta qué punto todo seguirá igual ni cuándo cambiará lo básico, pero no tengo miedo a ningún tiempo incierto.

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