10 ene. 2016

Pena

Pies que se quejan, manos que atan, palabras que irrumpen pensamientos.

No importan las fechas ni los motivos, cada persona tiene un tope. No es que  sea malo, pero negarse a explotar puede serlo.

Negarse a respirar te mata.
Negarse a olvidar te destruye.
Negarse a vivir te ancla en el ayer.

Voy a poquitos, desde antes de ti.
Muy a poquitos.

Pero echo la vista atrás y me siento orgullosa. Casi no me reconozco.
Sí, esa adicta a moverse, llena de fobias, cabreada con el karma y dependiente total de otras opiniones.

Dónde ha quedado?

No fue cortarme el pelo, ni cambiar de dirección, ni retomar pasiones.
Ni salir de círculos, decir NO o ganar un par de tallas.

Soy de ideas claras, pero tampoco cerradísima de mente.

Veo injusticia más allá delante corrupción, la pobreza y el maltrato.
Y la pobreza en todas las demás.

Pobre aquél que se cree superior.
Pobre el que cree que con dinero lo tiene todo.
Pobre aquel que vive en un rincón de su vida llamado Ego.

Pena, asco, vergüenza incluso.

Solo pensar que esos seres son iguales a ti y a mí.

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