24 feb. 2016

Viajamos a los orígenes?

Podata te quiero, Siete almas, Divergente, Hechizada, los Minions, Memorias de una Geisha y otras que no me acuerdo del título.

Tantas películas, algunas acabando dormidos como Insurgente.

Qué más da terminar de verla.
Durante X minutos no fuimos nosotros, no estuvimos en esta ciudad.
La misma desconexión que tengo del viento de la calle.

Cuando duermo, casi siempre estás tú.
Haciéndome cosquillas, subido a un helicóptero o en una playa.
Pero estás tú.

En cada café. Ya puede ser con leche de almendra, solo, con hielos, en la Tirolina, Mais, Equus...
Siempre estás tú, en ese final lleno de azúcar que faltó en el inicio.

En cada libro.
Darío en Suave como la seda, Jack en Memorias de Idhún, los avances para Michaela Deprince.

Tú para mí.
Ninguna canción se ajusta al 100%, ni peli, ni libro.

Todos tenemos pasados grises, hasta que surge la luz.
Curiosea nuestras rarezas, tal vez retándose para hacerlas también luz.

He cambiado, pero tú no has opinado siquiera si un pantalón me quedaba bien.

Y pienso.
Tu felicidad es mi comodidad?
Hay que reconocer que ves como virtudes lo que yo aún considero complejos.

Nunca me has visto borracha, ni me has animado; porque sabes que mi mente viaja a otros veranos.

Nunca has insistido en que no llore, en que me calle, en que me equivoqué.

Está claro que el síndrome de Edipo no está pensado para mí.

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