22 mar. 2016

Autodidacta

Empiezo el día como todos los anteriores.
Estiramientos mínimos, Saludo al sol y me visto para mi primer café.

Mientras bajaba he puesto datos y, por costumbre, he esquivado las vallas de seguridad; a la vuelta he visto que ya no están.

A todos nos cuesta acostumbrarnos a los cambios. Y a veces éstos desaparecen.

La cosa es que, subiendo a casa, le he dado una vuelta más.
Un chico del gimnasio, hace ya cuatro años creo, me dijo que yo parecía conformista. Qué equivocado estaba.

De todo lo que he estudiado, me sentí más a gusto con la biblioteconomía, y no sólo por ser un tema bonito sino porque nadie establecía el tiempo.

Sólo hay que comparar mi salud psíquica de esos años a mis últimos en colegios.

Reconozco que un tema se me atascó, la historia de biblioteca Nacional, pero fue lógico, y , aún así, no me rendí ni un solo día.

Todo el mundo, médicos, mi profesora de 4ESO e incluso algún familiar, se creía que escogería el camino de vida que me indicaban.

"El ballet es imposible para ti"
Incluso cuando mi último profesor me recomendó dejarlo, porque me estaba destrozando, lo hice del centro, pero no de mi vida.

Picasso me va a hacer un dibujo de mis dos centros de vida.
Tú me llamas Pequeña b. cuando mi mundo se tambalea y todo se estabiliza.
Las falsas opiniones me resbalan.

Las críticas me hacen crecer, pero las mentiras hacen daño; no soy tan masoquista como para no esquivarlas.
Cierro oídos y listo.

De todos los médicos que me han visto, solo uno apoya mi amor al ballet.
Mi espalda y mis piernas están formadas para posturas específicas.

Tan difícil es una tercera de pies, un relevé para crujir mis tobillos y una quinta de brazos para colocar mi espalda?

Me acuerdo mucho de Hélade, pero también de Sherezade y de mi primer aula bajo un tatami.

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