25 may. 2016

Disciplina

No sabría explicarlo, pero cada pasito que doy, de ésos que nadie creyó posibles, aunque pueda doler, me siento crecer.
Ya ves, a mi edad y creciendo.
Mi cuerpo también. No hablo de tamaño porque sería raro, sino de más resistencia al peso, al dolor.

Los tendones y ligamentos siempre dando guerra, pero ya entiendo que es lo mejor que puede pasar tras caídas.

La gente oye esas dos palabras y se lleva las manos a la cabeza.
"Fulanito no podrá jugar el partido de vuelta"
"Menganito deja su carrera por riesgo a recaer"

Mi último profesor de ballet me dijo cuando tuve el desgarro: "gajes del oficio"
Qué verdad.

Un fontanero tiene callos.
Un camarero tiene ampollas.
Un bailarín tiene lesiones.

Pero todos.
Asumo mi torpeza, pero todos.

Caminar con puntas una hora al día ya produce tendinitis.
Luego tobillos débiles, sobrecargas, esguinces...

Es un deporte. No diré más duro, no vaya a ser que me explote el blog, pero para mí, más discreto.
Nadie se quita la ropa en directo ni mediatiza su vida personal, si es que tienen hueco.

Son viajes y horas de ensayo a diario.
Dietas estrictas como modelos.

Un equipo de fútbol puede almacenar copas, pero una compañía se enriquece del aporte de cada componente, en cualquier momento puede perder su distinción.
Una bailarina no sólo firma contratos por exclusividad a una compañía; también se compromete a no quedarse embarazada.

Dar vida o vivir su vida.

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