7 may. 2016

Por fin

Desde que era pequeña, y no nos dejaban calzar más que zapatillas de tela en Sherezade, he soñado con unas puntas.

En cada pequeña obra que veíamos en el colegio me quedaba fascinada por el equilibrio sobre unos deditos tan pequeños, la confianza en que éstos pudieran con todo el peso del cuerpo.
Sergio, Lydia, Michaela Deprince, Thiago, Marianela... Alberto, Maria José.

Cuando fui a por ropa para asistir a las clases de Alberto estuve tentada a cogérmelas, pero para qué, si no sabría caminar. Y eran caras.
Ahora me da igual.

Tengo el ballet como la única ilusión semi realizable, sin tener que esperar.
Lydia me dijo que el cuerpo no olvida, y es la frase más cierta que he oído de una bailarina de contemporáneo.

El 22 de diciembre me tatué la promesa de llevar siempre una bailarina dentro de mi piel, y hoy ya me da igual lo que piense la gente.

Que si la tinta es mala, que no puedo comparar la danza con mi anterior tatuaje.
Dios, cómo habla la gente.

A los dos los perdí, pero yo decido no olvidarlos.

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