12 jun. 2016

Bendita añoranza

Echo de menos. Mucho. A demasiadas personas, para la edad que tengo.

Y parece ser que es horrible o está prohibido, porque cualquiera que se me cruce me cambia de tema o me hace reír.

Echar de menos es la única manera de mantener vivo un pasado.
Y, en mi caso, son personas y situaciones reales, no imaginadas.

Me gusta recordar los vacíos que me han hecho ser quien soy.
Me gusta hablar de ellos, cada vez con menos dolor.

Pero sí, echo de menos canciones, juegos, voces, respiraciones.
Que las eche de menos no implica que me vuelva loca y condicione a todas las personas de mi presente.

Sinceramente, agradezco echar de menos, pero por algo más que no olvidar y sentir alguna lección aprendida.

Agradezco echar de menos porque nunca tuve amnesia.
Recuerdo todo lo importante que ha pasado por mi vida.

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