7 ago. 2016

Fórmula de personas amarillas

Hace mucho que creí cerrada la Fórmula secreta de los abrazos, principalmente gracias a ti.

Hubo un tiempo en el que dependía totalmente de esos brazos que envuelven cuerpos, que tumban los relojes de arena.
Es un gesto gratuito, pero Risto Mejide en su segundo libro ya criticaba eso de regalarlos, vacíos de todo.

Bien. Me acostumbré a valorar otras cosas, como quien sacrifica siestas para llevarte al médico, quien soporta puñetazos en depresiones, quien vela los ataques de ansiedad.
Como colchones hinchables que se desinflan, toallitas en cortes de digestión, entender que prefiero esperar a la salida de un garaje, los "llámame como tú quieras", salir de la cama y venir a casa porque esté mareada...

En mi lista seguirán unos básicos.
Océano, J. pese a dejarse abrazar y no hacerlo, pero ahora hay otros.
Y veo que no es cuestión de abrazos, sino de momentos amarillos.

Pueden ser cafés, confesiones en una cocina. No puedo ordenar en tiempo ni valor.

Está Microbio, Nieve, Infancia, Hec, Faro, Bici(pseudo nuevo), Avispa, quien me llama garrapata(que siempre es más de lo que cree) y, por supuesto, estás tú.

Son personas que se adaptan a mis particularidades, porque "todos somos raros", como dice Faro.
Ya sea eligiendo bombillas (perdón, lámparas), yendo en bici hasta un bar y traerme a casa, tomando un café extraño o consintiéndome caprichos en una casa que no es mía.

Mil cosas que no puedo poner aquí porque dejaría de ser anónimo.
Esta dichosa fórmula tiene que cambiar de nombre.

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