3 sept. 2016

Me enorgullece ser amarilla

No se de quién, no sé qué momentos marcaron a  las personas que me consideren así.

Pero sé que lo soy.
Principiante porque colecciono en mi memoria centenares de esos momentos, una lista de personas que a veces tengo que recordar porque no son personas.

Un amarillo es una colonia mezclada con olor a ropa que te abraza, es una combinación de palabras en el silencio más doloroso, es un mirada profunda que te recuerda que existe la gravedad.

La definición rápida es: punto medio entre amigo y familiar.
Pero no.
Amigo es una palabra cada vez más prostituida; familiar es un término genético o de papeleo.

Los amarillos no son chinos. Ni perfectos, ni grandes psicólogos.
Un amarillo necesita amarillos. Un amarillo puede hacerse, pero principalmente se hace.

No me avergüenza decir que escribo "carta de Reyes" con los sueños que pido se cumplan.
No me avergüenza llorar cuando estoy mal ni sonreír con las carcajadas de un niño.
No me avergüenza ver películas de dibujos, ni ser romántica y dejar las tecnologías a un lado.

Me avergüenza que una playa canina sea más limpia que otra, mientras todo el mundo se queja.
Me avergüenza que te miren raro por rechazar una bolsa de plástico.
Me avergüenza esa selección de amigos basada en resacas o blancos vividos.

Un amarillo escucha, da y cuida.

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