29 dic. 2013

Sonrisas de mentira


Al final va a resultar que soy masoquista. Una dependiente emocional que suspira tranquila cuando por fin está sola en su casa.

Por supuesto que valoro la compañía, las palabras, los cafés… pero también me alteran. ¿Acaso con eso ya calman mi inquietud? Rotundo no.

A veces pasa por mi cabeza compartir ratitos con Océano, Gnomi, Furby o similares, pero para qué. La soledad que siento tras esos “cafés” es peor que la inicial. Y ya no siento esa impotencia desgarrada en lágrimas; sigo enfadada con todo y rebuscando motivos, pero ya lo tomo como algo rutinario. Es triste, lo sé, pero es lo que toca.

25 dic. 2013

Esperarte


Sé que existes aunque no sepa quién eres o si te conozco. Cierro los ojos y siento premoniciones mágicas del roce de nuestra piel, el sonido de nuestras risas sonando nerviosas en la penumbra. Y sigo sin tener ni idea de dónde estás o cómo será el momento en que sepa que eres tú, pero sé que cada día que pasa estoy más cerca de ese momento. Me da igual si conocerte frente a un café, paseando al perro o en la cola del supermercado. Y sé que siempre le meto prisas a la vida para que te ponga en mi camino, pero creo que cuanto más lo repita más te alejarás de mí. Así que toca esperarte.

24 dic. 2013

Otra vez


Toca sonreír y decir que eres feliz. Dar gracias por lo que tienes, por haber pasado un año más. ¿Cómo? ¿Con qué cambios? Eso da igual; todo culpa de la Navidad comercial. Asociamos FAMILIA a una conmemoración religiosa. ¿Por qué? Esto es mucho más que “sonrisa de maquillaje”. Parece que está prohibido sentir soledad en estos días. Y todo por “moda”, costumbres… sociedad.

Por otro lado, los pequeños esperan deseosos a recibir regalos, todo bienes materiales. Qué culpa tienen ellos. Yo hace tiempo que no pido deseos por escrito, aprendí que los abrazos no son cuestión de palabras ni reglas.

Recuerdo, de pequeña, estuve tentada a pedir un imposible a los Reyes Magos; total, son mágicos. Pero era totalmente imposible. Ahora no; mi deseo puede hacerse realidad. Es cuestión de suerte. Quiero… no sentir frío. Y no me valen pijamas, ni batas… ni una sauna. Quiero, necesito, calor emocional. Hace no tanto que una mirada, su mirada, me dio el calor que necesitaba para recuperar el aliento.

20 dic. 2013


¿Por qué, cada vez que voy al centro, mis pasos me llevan al mismo sitio?

Furby quería  haber acompañado mi “escapada”, pero no ha podido; lo he preferido. ¿Qué he hecho? Nada; subir a una librería, ojear las novedades. Y, cómo no, ir allí. J. me ha saludado como siempre. He curioseado su libro; también su marca páginas, me sonaba. Le he pedido que me llevara el café a la mesa, que quería leer. Habré leído 5 páginas, o menos. Me he despedido de él. Un par de compras para casa, y a casa.

17 dic. 2013

Colgando en sus manos


Todos nos sabemos esa canción de memoria. Y ha sido así, “he colgado”, mi espalda lo ha hecho, para ser precisos. Una vez más, esta nueva vida ha congestionado mi espalda, cierto pinzamiento en los hombros. Ya me ha preguntado: ¿Hasta dónde te llegan los tirones? Y garantizado queda que mañana mi espalda se quejará.

Lo malo ha sido después. No sé si serán avisos de parte de mis cervicales o de mi nutrición, pero el techo se ha cubierto de puntitos y ya no oía chill out. Ha venido Sus manos y me ha hecho volver a la normalidad, con su voz dulce J

Por otra parte, ya huele mucho a Navidad. Y me da miedo. Será una Navidad extraña; no habrá Familia (con mayúscula), pero habrá de mentiras, por muchas partes. Seré una ex fumadora que invierte en chicles.

15 dic. 2013

Café helado


He dado con un nuevo rincón; allí hay estilo, hay autenticidad y también hay imaginación.

Aun me sorprende el poder que tienen las malas rachas. Da igual que apenas conozcas a alguien; le cuentas tus problemas, compartes café e incluso lloras de risa, te emocionas y buscas cualquier mirada cuando sientes que te ahogas.

Sientes tan claros unos recuerdos que se te escapan por la boca sin que dé tiempo a nada. Los mareos, cómo no, están ahí. Y lo peor no es mi incapacidad por soportar.

Sino que NO entiendo, no encuentro salidas, no veo por ningún lado esa dosis de esperanza que llevo incorporada desde hace años.; y me ahogo. Ya no es que tenga la tensión baja, que como poco o que haga calor o ruido. Me mareo porque el miedo que tengo me corta la respiración y todos sabemos que un cerebro sin oxigeno no hace mucho.

Sé que he prometido a “Furby” mencionarle en una entrada, pero está visto que mi mente no necesita hacer referencia a ese café con helado de nata sino gritar que está de miedo hasta las cejas. Y no es miedo a la oscuridad o a la soledad. Es miedo a desquiciarme, miedo a que la realidad pueda conmigo, miedo a que un pitido de oídos me haga explotar como una olla express.

Y sé que el mejor momento para explotar era con Furby, uno frente al otro, con ese café helado. Pero ha sido imposible. Él ya sabe que me llevo mejor con las letras. Así que una vez más, mi pobre teclado de ordenador tendrá que soportar mis embestidas, con razón se me han borrado ya algunas letras.

¿Sabes qué pasa, querido teclado? Que echo de menos a las personas que aparecen en mi vida y la llenan de color, porque siempre se van. Sin decirme porqué se van, en qué me he equivocado, si les he tratado mal o lo que sea. Y además estoy enfadada, porque, si solo fuera echar de menos, lo entendería, pero también toca tragar y tragar. Y yo tengo el estomago pequeño. Y recuerdo haberlo estudiado; el estómago, cuando está lleno, tiene una válvula que se llama “cardias” o algo así. Pues eso, que estoy hasta arriba de tragar basura. Digamos que me siento como un puto vertedero. Que si la contaminación ambiental, el reciclaje y la madre que lo parió a todo. Hay quien opina que Greenpeace , por mucho que vaya de desinteresada, es una absoluta interesada. Pues me pasa lo mismo. Dios, karma o lo que quiera que decida las cosas se está descojonando en mi cara mientras me dan las primeras arcadas por sobrecarga.

Y cómo no, esta Océano h. Un completo amarillo, un imbécil, un saco de boxeo a distancia. Que solo recibe hostias y gritos al otro lado del teléfono. Que aun así se dirige a mí como “niña”, que no ha recibido nada positivo de mí. Que no para de darme consejos, como ese helado de chocolate, y aunque no le haga caso siempre tiene preparado un abrazo perfecto. Su voz dulce, que me da hasta calor en el esófago, ese “mi niña”, “cielo” o “”amor”. Que me dice que soy su osito de peluche cuando es completamente lo contrario.

Lo peor es que a Océano h ya le conocía, pero a Furby no. Y llámame loca, querido teclado, pero, tal vez  por los cafés o porque me esté volviendo loca, quiero pensar que Furby va a ser un amarillo. No sé por cuánto tiempo, pero me gustaría escribir más a menudo ese “mote” en mi blog.

9 dic. 2013

Demasiadadas


Océano se acuerda de mí y me pregunta qué tal estoy. Lo mismo que Criso o Tato. A veces no hace falta la cercanía física. La semana pasada tenía excusa para sentir escalofríos, ya no. Y ahora es cuándo menos me desprendo de ellos. “El mundo no va a esperar a que yo esté lista”, lo sé, lo estoy comprobando. Y a qué nivel. Llorar como una loca en mi casa, mientras escribo, tendiendo ropa o cenando, da igual cuándo.  

Es gracioso que mis entradas queden tan poéticas, tan aparentemente curradas, cuando son tan puras, tan poco meditadas. Tengo demasiadas horas al día para pensar qué escribir y con qué palabras. Demasiados pensamientos confusos. Demasiadas dudas.

7 dic. 2013

Un dia más con Tato


Esta vez con más frio y con buenas dosis de Ibuprofeno. Con cafés en Mucho más que un bar de copas. Unos fuman y otras comen, cada uno calma su ansiedad como quiere.

Le quiero, siempre le he querido y nunca he dicho lo contrario. Hemos hablado de cosas del pasado, como muchas veces. Pero hoy le he dejado las cosas bien claritas. Siempre me critica por vivir “tipo Disney”, pero ya le he dicho que cada uno escapa de su realidad como quiere. Unos beben, otros se drogan… y otros prefieren imaginarse un mundo bonito, dulce. No sé si se ha dado cuenta de que estaba a punto de llorar, que me costaba incluso respirar. Pero me ha dado igual; es justo que sea sincera con él.

Me ha acompañado a casa y le he enseñado las imágenes que decoran mis sueños y mis recuerdos. Le ha impactado cierto niño bonito. Yo, como siempre, no he parado de sonreír durante esas fotografías. Me ha prometido vernos dentro de poco, me ha abrazado y se ha ido. Para que luego critiquen las amistades a distancia.

5 dic. 2013

Vuelve el café


Cada escapada, cada sonrisa arrancada por alguien, queda presa en un café. Con hielo, con leche, con dos de azúcar, con espuma… da igual: es café.

Un médico me recomendó que tomase café, por la tensión y sus mareos consecuentes; que cuidase mi alimentación y intentara descansar. Sonreír no está de más.

Y ya no es como antes: varios vahídos al día. Hacía casi un mes que no me pasaba. Tal vez por querer hacer normal lo que es nuevo, si nunca había ido sola, ¿por qué hoy sí?, ciertas conversaciones o alimentos llenos de historias. Me ha costado recorrer el pasillo del autobús, necesitaba aire, por muy frío que esté.

He llegado a casa, y antes de colocar las compras, me he desprendido de mi ropa para refugiarme en mi pijama, esperándome bajo la almohada, calentito, como un café.

25 nov. 2013

Miedo


Dicen que toda arte arte marcial esconde un plano de serenidad y respeto, pero mientras tanto hay golpes y se libera tensión. Sobra decir que mi actitud no es violenta.

Pero todos tenemos etapas de rabia, de golpes a paredes, gritos. Rabia, impotencia y ahogo. La culpa se la echo al universo; sí, ya sé que antes de verano escribí “Buenos días, universo”. Hoy le dedicaría otra frase. Ya, ya no me creo que algún día pueda equilibrar nuestra balanza. Habrá alegrías, creo en ella y las espero ansiosa. Pero ya no me creo que consigan disipar los nubarrones grises.  

Soy consciente de que mi cuerpo no es gran cosa, que cualquier fuerza física puede derribarme, pero tengo una fuerza mental desmesurada. “Si las miradas matasen”,  me conocerían como asesina en serie. Si cada vez que me mordiese el labio inferior, por impotencia, mordiera la mano de alguien, habría colapsos en salas de enfermerías.

Si el mundo fuera justo, conseguiría vivir sin miedo. Es triste tener tanto miedo. Miedo a la oscuridad, miedo a sitios cerrados, miedo al tráfico, miedo a las despedidas, miedo a vivir. Lo malo es que no se me ocurre otro tipo de reacción.

16 nov. 2013

Princesas


(Al final de la entrada se entenderá el título. Me he permitido modificar su sobrenombre sólo para esta ocasión)

Erase una vez una princesa llamada Jasmine. Dejó su ciudad natal por circunstancias familiares, quién sabe si por algo más. El destino la hizo pasar por etapas de dudas, pequeñez, locura, rabia… pero nunca estuvo sola. Ella luchó y luchará por el final de su cuento.

Una noche invernal su amiga Pocahontas improvisó una cena para ambas. Jasmine comentó que le gustaba el mundo pequeño donde vivía su amiga; ella dijo lo mismo del “castillo” de su amiga. La aconsejó para cierto evento e hizo lo posible por aportarle seguridad. Jasmine, como en el clásico Disney, caminó descalza por el hogar de Pocahontas, hasta pasar el umbral de la puerta. Ahí fue donde ambas conmemoraron a la princesa de los zapatos de cristal. Ay si todo se solucionara con papel.

Hace un año, tal vez dos, decidimos apodarnos con nombres de princesas nunca lo usamos, de hecho hubo más referencia a Gnomolandia que a Disney. El caso es que hoy ella merecía una entrada propia, dulce y sincera. Ya sé que la amistad, como el amor, no requiere demostraciones diarias, ni siquiera palabras o declaraciones. Ella y yo somos “extranjeras” en un mundo que dejó de creer en princesas. Ella y yo esperamos a que un Aladín y un John Smith aparezcan en nuestros cuentos para hacer permanentes nuestras sonrisas de maquillaje. Ella y yo nos escuchamos, nos ayudamos, nos abrazamos… nos esperamos, porque nuestro amor tan familiar, como cualquier amor, lo espera TODO, sin fechas, sin condiciones… solo con pruebas no escritas; Mucho más que un bar de copas, una llamada a la hora de comer cierto domingo, abrazos inesperados, libros compartidos, baterías de móviles que necesitan ser cargadas en cualquier café y, cómo no, zapatos de princesa.

Pero lo repetiré una vez más; eres de las pocas personas a las que me sale llamar “Amor”, y sabes que lo digo de verdad. Nos conocimos hace muy poquito, pero nuestros mundos necesitaban juntarse. Para terminar, te diré mi frase favorita. Mi parte favorita del dia y mi mundo favorito.

Buenas noches princesa.

13 nov. 2013


“Escribe, te vendrá bien. Y además, eres buena”, “No te obsesiones con el peso, ni con que vas a vomitar; vive el momento y trata de sonreír”. Consejos de este tipo son los que normalizan la rareza de estos días.

Esta mañana, antes de ducharme, me ha dado por pesarme y… vuelvo a ver ese número par que me atemorizó hace tres semanas. “Tú vive sin pensar en cifras, come cuando tengas hambre y no te preocupes” ¿Y qué hago cada vez que me maree? ¿Cómo sujeto la estructura de mi sonrisa cuando ésta se derrumbe? Lo ´único que se me ocurre es pegarme trocitos de cello en las comisuras. “Y conserva el brillo de tus ojos; ¿qué brillo? ¿El que producen las lágrimas contenidas? Oh, claro, ¿cómo me voy a desprender de esa capa de agua?  

Se me ocurren demasiadas contestación bordes: Cállate la boca, tú qué sabrás, déjame en paz, no te metas en lo que no puedes sentir y similares. Pero me paro a pensar, y sé que todas estas frases lo único que buscan es ayudarme a volver a la normalidad. NO PUEDO ser borde con estas personas. “Perdóname; encima de tu situación, soy tan imbécil que te cuento mis movidas. Aun no entiendo cómo sigues hablándome”; que porqué. Porque soy dependiente emocional, y poco importa que tenga que oír temas que me dan exactamente igual; lo importante es que también alguien me escucha a mí.

Voy a comprar carne e incluso alguna clienta sigue saludándome con “¿Qué tal lo llevas? ¿Te apañas bien en casa?”, como si quedara otro remedio. Por experiencia, sé los cambios que viviré. Otros son más amables. “¿Qué tal todo, bonita? Veo que te siguen interesando las recetas; sabiendo las que te he visto comprar, tu cocina tiene que ser purísimo arteJ

Necesito que la gente me ayude a volver a la normalidad, pero también quiero no estar sola. Digamos que temo “la sobreprotección”.

10 nov. 2013

Otra vez Familia


Qué decir. Otra vez Familia; sí, lo pongo con mayúsculas porque me parecen tan importantes como cualquier apellido.

Ha habido diferencias respecto a la vez anterior, pero… positivas. ¿En qué consiste una familia? En compartir armario, maquillaje, baño. En desnudar nuestra apariencia y ser 100% sinceros. En preocuparse por alguien que prefiere estar solo. En confiar lágrimas que no saldrán de ahí. En café. En ayudar a mover pesos imposibles. En sentir todo el calor del mundo en una mirada, a pesar de estar a 5 metros. En dejar tu silla y mesa para estar al lado de quien grita dolor. Gente que se preocupa por la alimentación del otro. Y, como dice el gran Albert Espinosa, en el contacto físico de los amarillos; que no tiene nada que ver con el sexo.

Echaba de menos el mar; su olor, su fuerza y su brisa. Pero las relaciones cambian. Ojos que me ponían nerviosa pasan a ser Tranquimazin. Inexplicablemente, mi cuerpo no se ha quejado ante la temperatura, tal vez sea porque hay compañías más cálidas que cualquier estufa.

Sinceramente, no imaginaba que consiguiera vislumbrar algo del color de estos días. Es gracioso: ha habido lluvia, pero mi sonrisa sigue nublosa. Quién sabe si dentro de poco consigo plasmar todo ese color en esta niebla. La Familia tiene la escalera que me ayudará a alcanzar los nubarrones.

25 oct. 2013



Hace una semana, cuando el sol se iba a dormir, mis dos familiares más cercanos informaron de la imposibilidad. Recuerdo que estaba sudando, a medio vestir, y que, justo después, Salí corriendo a mi habitación; me cambié el pantalón, me recogí el pelo con una pinza y… entonces vino mi tía a la habitación. Se disponía a abrazarme entre lágrimas, yo aun no reaccionaba. Después vinieron mis tíos y, sentados en mi cama, decían “Llora si lo necesitas”. Apenas cené, qué raro. Me metí a la cama sin poder dormir cómoda, oí la entrada de un sms en mi teléfono móvil y me levanté; era Océano. A las 00.10 me llamó. Fueron las primeras lágrimas y las primeras frases de ánimo. Dormí tres horas.

A la mañana siguiente desayuné sin ganas y pasé la mañana ocupada con tareas de hogar. Después fuimos un rato al hospital, comimos fuera y vuelta al hospital. Fue una tarde intensa; sin hacer nada, esperando a nada, pero contando cada respiración, valorando cada pestañeo. Llegó la noche y volvimos a casa. Una especie de despedida. Esa noche dormí cinco horas.

 A las 08.00 me extrañó no haber recibido la noticia. Llamo y “se ha ido”. Cuelgo. Ya está. Hablé con J., y un “Ánimo” bastó. También cruce tres palabras con El guitarrista. Esa mañana me negué a tener nada que ver con lo correcto. Me refugié en los pequeños. Un abrazo ya no tan infantil y alguna confesión de debilidad. Tras comer, me llamó Gnomi y me dijo que nos veríamos a la tarde. Llegó el momento. El primer abrazo lo recibí de una persona vacía de momentos; no comprendí porqué estaba allí. Después vino mi Tío pequeño de mentiras; no dijo nada, solo dejó que empapase su ropa y que lo echase todo sobre su pecho. Su novia le imitó. Después abracé a unos antiguos vecinos, unos de esos familiares elegidos; entre ellos estaba Chico muffin. Él fue el encargado de renovar mis energías con un abrazo, la brisa que ayudaba a disolver la ansiedad del momento. Y entonces aparecieron Gnomi y Princesa. Y salí hacia la puerta, desplomada. Me arrojé a los brazos de Princesa; después Gnomi. Tras unos minutos hablando, Gnomi me invitó a una pausa diaria. Me regaló un amuleto que va a cumplir una semana alrededor de mi muñeca. Princesa tuvo que irse y después vino “Estrella”. Me levanté de la mesa y la abracé. Me preguntó por mi ánimo y por el de mi familia. Llamé a Microbio: alucinó y me dijo que haría lo posible por estar al día siguiente. También hubieron abrazos de lazos unidos a mi infancia escolar o a la de Sergio. Otra pausa diaria. Demasiados abrazos sinceros para poder ser redactados. Sin cenar, sin lograr dormir, tan siquiera descansar.

 Inyecto café doble en vena, luchando por mantenerme despierta. Saco ropa de hace dos años, de ese color que tanto me apasionó. El pantalón se me cae y busco un remedio. Familiares de fuera, madre del segundo niño de mi infancia. Lágrimas. Entereza… rota por una guitarra. Por unas frases que arañan recuerdos y afloran dolor. Lágrimas nuevas. Un paso, palidez y caída. (… ) Comida apetecible que mi estómago rechaza. Una guitarra, un cajón, una voz (cosquillas en los oídos). Primera huida. Llamada a un Amarillo; voz nueva, mensajes llenos de amor. EL BAR; J. me invita a un café con leche. “¿Fría?”, “Sabes que sí”. Vuelta a la realidad, en autobús; manos entrelazadas que dan el calor necesario, un gesto amarillo perfecto. Batido de chocolate. Consigo dormir.

Mañana confusa. Mensajes de ánimo de familiares, Criso (perdón por la poca originalidad) y otros. Emoción a borbotones. Salir a la calle ya desgarra mis lagrimales. La tarde trascurre como relaté en Luz de luna.

La mañana estaba planificada; mis cervicales son afectadas por la tensión. Veo por casualidad a una vecina de hace tiempo. Las ventosas, como siempre, consiguen descongestionar mi espalda, y un poquito mi dolor psicológico; es más, Sus manos consiguen que caiga dormida largo rato. Cómo no, toca café; con Infancia. Infancia, a mi lado en ese sofá lleno de historia, se encarga de llenar el silencio. Después Microbio, que respeta mis lágrimas pero también me anima a comer un poco. Me promete quedar dentro de poco.

Al día siguiente El guitarrista me saluda con ese abrazo que había reservado. Otros trocitos de mi “Familia” acompañaron mi dolor en forma de abrazo o palabras cálidas.

Esta mañana he llamado a Océano h; le he pillado con prisas, pero su voz como siempre, me ha hecho sonreír y sentir cosquillas. Por la tarde ha estado Tato. ¿Qué más da la lluvia? Un abrazo como nunca; mucho más que un bar de copas, con sus cafés, su tentempié y sus chupitos de niña. Lágrimas, recuerdos, lo clásico de ese sitio. Tato decide regalarme el día. Cómo no, centro. Y cómo no, libros. Es la primera vez que Tato me regala algo físico, es la primera vez que alguien viene conmigo para regalarme un libro, es la primera vez que Tato está conmigo toda la tarde, pero no es la primera vez que Tato está en los momentos difíciles. Ha estado siempre, da exactamente igual la distancia, la diferencia entre su vida y la mia, y da exactamente igual el dolor que pueda sentir y la rabia por no poder corresponder a su apoyo, porque justo por eso le llamo Tato.

23 oct. 2013

Otro martes


Hola. Café con leche; no te acostumbres, que ya sabes que yo soy de café solo. ¿Qué tal estás? Pues mal; creía que hoy estaría mejor… pero nada.

Aparece Luz de luna; zumo de melocotón. “Momento tenso” que yo no consigo percibir.

Al rato, nos refugiamos en el mismo bar que otro martes, el cumpleaños de mi estrella. Esta vez sí qu3e estaba abierta la parte de abajo, y, cómo no, hubo billar. Mis habilidades son y serán malísimas, pero J. es un buen compañero de equipo, lo mismo acierta con tres bolas seguidas que con la blanca.

Con lo que he criticado yo la Coca-Cola, fue lo primero que bebí allí.

¿No decías que te ibas a beber un chupito? No estoy en condiciones para ponerme sincera, J., lo sabes. Luz de luna se sorprendió de mi memoria extrema, le sonrieron los ojos cuando le enseñe la foto de Sergio y me dio ese abrazo extraña: yo sentada en mi silla y ella de rodillas. Le hablé de mi mundo amarillo, le dije que J. forma parte de él, que me pierdo cuando tengo contacto físico con él, pero que no tiene nada que temer. Le quiero muchísimo porque tengo mis motivos, porque lo más malvado que me ha hecho fue arañarme el corazón, y él sabe que lo agradecí. Compartí con ambos los recuerdos de mi etapa yonki, de los olores, las canciones. Luz de luna alucinaba cada vez más, y le dije que apenas me conoce, aun.

Total, como pasa a menudo, los relojes desaparecieron y la lluvia se fue a dormir. J. bostezaba. ¿Dónde vives? Yo te guio. Y así, con botellas de plástico bajo mis pies, terminó al pausa diaria de ayer, sin café, sin abrazo de J. pero recordando cómo era eso de sonreír.

20 oct. 2013

Vuelta a la rutina


No somos conscientes de la suerte de cada respiración o cada latido. Por supuesto que es bueno que, a veces, huyamos de la realidad; pero esas huidas también formaran parte de nuestro historial vital, que, por otro lado, será una colección de sonrisas, lágrimas y otros síntomas afectivos las marcas que dejemos de nuestra existencia.

¿Recuerdas esa tarde, cuando propusimos una cena que nunca llegó?; cuando te recuperes iremos de rebajas, que aún queda un mes (ya entrado el otoño y sin haber ido de compras.

Son frases que, habitualmente, carecen de todo, simplemente rompen el silencio. Pero toda regla tiene excepciones. Tiene que pasar un día, después, si tengo fuerzas, tomaré ese café que me prometí y reanudaré poquito a poco mi rutina deportiva. Me parece que es el único método para abrirme el estómago.

18 oct. 2013

Sonrisas


Este blog significa huida, “válvula de escape”, por tanto, me niego a dejar tantos días en blanco. Escribiré, aunque mi ánimo insista en quedarse paralizado bajo las sábanas; aprovecharé el huracán de pensamientos que me persigue para enfocar mis emociones, tratar de relatar mis objetivos.

A contracorriente. Es el titulo de dos canciones, ambas comerciales, pero de diferentes estilos musicales y con varios años entre ellas. Así es como, tal vez, sonría durante un tiempo; sucederá cuando más impotencia sienta, cuando más pequeña y sobrepasada me encuentre. De ahí que existan las sonrisas entre lágrimas. No implican felicidad, por tanto no vienen cargadas de endorfinas. O tal vez sí, no lo sé. Pero quién sabe. El cuerpo es sabio, pero también torpe, puede ser que no detecte la sinceridad de las sonrisas.

¿Sueños? Preciados o malditos deja ´vus. Sí, digo malditos. Porque, en cuanto a miedos profundos, el cuerpo sí que es sabio. Por qué si no, existen los desvelos de madrugada empapados en gotas de sudor. Pero TODO tiene su parte positiva, las pesadillas no iban  ser menos. Pueden avisarte de peligros o simplemente prepararte para lo peor. Las vacunas son pequeñas dosis del mismo virus, para que el cuerpo no entre en shock. Sucede igual. Y por esa preparación mental de las pesadillas, tal vez los sueños positivos cumplan la misma función. Lo que podemos imaginar, puede ser real.

¿Sabéis? He soñado infinidad de veces los suspiros cargados de amor que me darán las buenas noches y los buenos días; he soñado con las cosquillas recorriendo mi nuca cuando despierte y observe cómo juega con mi melena. Y, cómo no, he soñado mil formas de decir sí. Sí, quiero estar contigo toda la vida; sí, me comprometo a pagar este préstamo en X años; sí, me comprometo a educar a estos niños en un entorno familiar; y sí, enseñaré a sonreír.

14 oct. 2013

STOP, please


Hoy no me apetece ni teclear. Ni ser poética, ni rimar, ni ser positiva. Solo gritar. Pero al final, cómo no, recurro a mi dichosa válvula de escape. Ayer apunté mentalmente pasarme por el trabajo de J.; tengo mis motivos por querer verle y tomar café en su barra. Pero por otro lado, paso de oscurecerle la felicidad que tiene. No seré la primera, pero me alegro más que mucho por su situación. No sé si alguna vez escribí de esto, de él por supuesto que sí. Lo malo es que me haya pillado en esta etapa. No hace tanto de cuando me abrazó porque se lo pedí. Al tiempo me enteré de que, con mis mareos, no me convenía tomar té, pero qué más da.

Ahora es feliz, intuyo que puede enamorarse, si no lo ha hecho ya, y estoy tranquila. A pesar de que él haya sido el único, a pesar de que esté pasando una racha de dependencia emocional brutal, me da paz saber que está bien. Él, que siempre se ha resignado a vivir lo que le toca, ahora… no sé, hablando ayer con él me trasmitía esa magia que yo sentí hace dos años. Y por otro lado me falta tiempo.

Con depresión, cuatro quilos por debajo de mi peso, sin hambre, dividiendo el tiempo de mis días para dormir, estar en el hospital y hacer la compra básica. “No hace falta tener tiempo para un café” ¿Perdón? Yo no lo encuentro. Tal vez sea muy especialita para los cafés, yo qué sé. Pero no me vale tomar un café cualquiera y a toda prisa. Como ya escribí, mi último café duró dos horas, y hubo de todo. No es uno de mis favoritos, pero era el más cercano a mi cama; un domingo por la mañana no se puede exigir mucho.

Pero ya no hablo de J., ni de hospitales, ni de Sergio, ni Océano h… por qué será. Tal vez me haya cansado de compartir el peso de una depresión. Si no duermo bien, es mi problema; si me mareo a menudo, también es mío. Y así podría estar hasta la madrugada. Un “amigo” (entrecomillo porque no sé si puedo considerarlo amigo; digamos que “nos conocemos” y compartimos ciertas formas de ver el mundo, otras no) me ha dicho que nada de lo que pueda pasar en este tiempo es culpa mía. Me lo ha explicado y lo he entendido, es verdad. No deja de ser lógico que me preocupe, pero pase lo que pase no es mi responsabilidad.

13 oct. 2013

Cafe


¿Echabais de menos las entradas con títulos de este tipo? Bien, pues… Como siempre, un café es pausa diaria, desaparece el ruido, la presión e incluso la pesadez de un reloj. Hablar de amores pasados, filosofías, temas personales o la familia; no siempre se consigue. No siempre un café tiene que ser compartido con otro café; también vale un Cola-cao.

Hablar sin tapujos, porque la otra persona te conoce desde siempre, incluso antes de existir. Albert, Risto… o mamá. Frases ajenas que se sienten propias. Impresión de soledad, miedo. Abrazos sin fórmulas y miradas regadas por lágrimas. Corazones solitarios y gélidos que en el fondo sufren fiebre.

10 oct. 2013

Vamos a ver


¿Por dónde empiezo? Ni siquiera hay un orden de cantidades; miedo, debilidad, impotencia, añoranza, rabia…

Vuelvo a echar de menos a Sergio, como en todos los momentos verdaderamente difíciles. Sigo creyendo que todo lo que ocurra en mi vida son baches que podré esquivar. He gritado, literalmente, su nombre entre lágrimas; tarde o temprano me ayudará.

Tengo miedo a la soledad, la penumbra, la ausencia de una luz, aunque sea pequeñita y no muy cercana. La autosuficiencia es terreno desconocido para mi corazón; siempre se apoya en “amarillos” ya sean familiares o amigos. Y, tal vez, por eso tenga ganas tremendas de ver a Jasmine, Tato, Océano, J.… todas esas personas que forman parte de mi historial vital.

Me esfuerzo en hacer vida normal, comer como siempre, hidratarme y no echarme a llorar. Pero es imposible, la debilidad me asalta en momentos inoportunos; hablando con una vecina, tendiendo una lavadora o sacando al perro. Abrazar a mi oso grande de peluche ya no me sirve de casi nada.

Tampoco imaginar una respiración tras mi espalda para conciliar el sueño. A veces rozo mi tripa con mucha suavidad, me estremezco y cierro los ojos para imaginar que no estoy sola, que el universo oculto bajo mis sábanas es real, que no tengo miedo del mundo.

1 oct. 2013

Tardo, pero aprendo


Tomar café (hacer pausa diaria) con cualquiera, conformarme con estrechar brazos desconocidos o perderme en canciones desconocidas.

Digamos que son barreras impuestas a mi forma de ser, pero situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Esto me suena de una película, pero ahora es lo que siento y pienso. “Cualquiera” no es el concepto exacto; podría decir “un amarillo” o alguien que me conoce pero que yo apenas conozco. En cuanto a abrazar y hallar refugio es algo que anhelo, echo de menos ese calorcito, y, honestamente, no me importaría ser la parte activa del abrazo: la trasmisión de energía surte el mismo efecto en ambas direcciones, creo.  ¿Y qué decir de las canciones? Sí, soy coleccionista. Siempre he apostado por versiones lentas y cargadas de amor, pero ya no. El agudo de la música Heavy o la simpleza del Soul equivalen a la misma sensación, erizan la piel de mis oídos.

Por supuesto que sigo apostando por mis sueños, por mi “cuento imperfecto”, pero, hace tiempo, aprendí a vivir todo lo demás.

29 sept. 2013

Mundo amarillo


Le admiro por su fortaleza, su positivismo, su forma de escribir, su sencillez y el amor que desprende con solo mirarte. Como él dice, tiene el poder de pulsar las teclas exactas que ciertos corazones necesitan. Y comparto enteramente su versión del Mundo amarillo; siento que he invadido brutalmente su forma de pensar. Disculpas ante todo.

Las expresiones, el concepto de “casualidades”, la importancia del afecto en todo lugar y la importancia del punto intermedio entre la amistad y el sexo. Hace mucho que no duermo y despierto junto a un amarillo. Pero como él también dice, los amarillos a veces solo intervienen días, meses o años contados.

25 sept. 2013

Como tantas veces, Sergio


Tantos días llenos de novedades, tanto tiempo sin desconectar, sin poder abrir mis emociones a este gran amigo; no importa lo idiota que resulte cada expresión.

En medio de esta dichosa depresión (odio la palabra, pero acepto la realidad), hubo un día, más bien una noche en la que volví a sonreír. Si él sonríe cada día y vive con su historia, yo soy imbécil por dejarme vencer ahora. Estoy releyendo ese “Mundo amarillo” y me doy cuenta de que la tristeza no es el camino correcto. ¿Cómo ser positiva? Tendré que descubrí el modo, pero no pienso quedarme atrapada en casa. Por eso he vuelto a mi rutina deportiva. No importa si no aguanto más que quince minutos. Yo marco el ritmo, el caso es avanzar poco a poco. También empecé el verano con cierto temor a cierta prueba médica, y esta tarde me lo ha recetado el médico. Quién sabe si esos tubitos de sangre consiguen depurar el pesimismo que recorre mi cuerpo. Ya me creo todo lo que me digan.

Por otro lado, ¿qué me pasa para tanto pesimismo? ¿Echo de menos a Sergio? Por supuesto. ¿He dejado de creer en que me ayuda desde dondequiera que esté? Jamás. En “Un secreto” ya lo dije. Si mis sueños no se cumplen es porque no es el momento adecuado. Confío en él. Ya sé que creo en Dios, sí. Pero con Sergio es diferente.  Él me conoce, bueno, me conoció, en un plano real, y por eso siento una confianza más directa. Hace trece años que no le veo, ni le oigo, pero le siento a menudo. Está conmigo en los momentos difíciles y también en mis alegrías. No sé muy bien porqué hablo de él, tal vez porque es mi principal apoyo cuando dudo.

16 sept. 2013

¿Té?


“Buenas noches” articulado. “¿Cómo tú por aquí?” a voz “¿Y esa vocecilla?”. Dame papel y boli y te explico. -…- . Ponme un chupito de lo más fuerte que tengas.  “¿Aguardiente?”. No, por Dios, algo más suave. “Patxarán”. Me lo bebo poco a poco. Puf, a ver si recupero algo de voz; un té verde, porfa.

Como suele ser costumbre, no puedo evitar sonreír nerviosa y querer contarle mil cosas, pero mi garganta me lo impide. Me retiro de la barra y abandono mi consumición, mi bolso y mi chaqueta, tratando de encontrar reposo dentro del baño femenino. No sabía que era tan pequeña; sufro un golpe leve y mis ojos se cierran frente al espejo a la vez que lucho por hacer entrar aire a mis pulmones. Cuando me recupero, regreso a mi taburete de barra. Vuelvo a escribir:

“Llámame friki, pero quiero estar aquí contigo porque como supondrás en casa me deprimo. Y sé que estás currando, que tu sitio es la barra pero, me conoces, me encantaría que me abrazaras. No porque seas tú sino… Ya sabes que para mí los abrazos son un gran antidepresivo. Aunque entiendo perfectamente que pases del tema. Solo quería decírtelo.”

“¿Tanto escribir para un abrazo?” J. sale de la barra, no había nadie más en ese momento, y deja que le abrace a mi antojo; he hundido un poquito mi cabeza en su hombro y he inspirado su olor, el de siempre. He suspirado.

Es curioso. De mi antigua “Fórmula secreta” es el único abrazador que ha reincidido. En ambas ocasiones, me he saltado la regla nº1, ambos han sido cortos pero también ambos han tenido un poder superior a todos los otros. Pura calidad en abrazos, sacian en pequeñas dosis.

He hecho caso a “Océano “h, he vivido un gran abrazo y, aunque la báscula siga empeñada en llevarme la contraria, opino que las dosis de té me ayudarán. Qué más da que lleve todo el día con un levísimo mareo; el problema está si empeora y termino en el suelo. Aunque nunca estaré sola: J, “primo mayor” o toda mi “familia”. ¿Nunca habéis hecho esos ejercicios de confianza de dejarte caer para que te cojan por los hombros?

Qué decir


¿Que mis oídos se estremecían al oír los pitidos acelerados por los pasillos? ¿Qué mi nariz se negaba a respirar ese olor tan neutro? ¿Qué esa palidez, esa comida insípida y muchas cosas más me empujaban fuera de esas paredes? Tal vez.

Tal vez el silencio y horas seguidas de lectura no resulten tan apacibles. Tal vez sea más que una cuestión de rutinas. Tal vez vuelva a añorar esos grados de afecto: abrazo, apretón de manos y miradas. Tal vez estas lágrimas sean justificadas e incluso, tal vez, sean la única forma de no explotar. Tal vez los vómitos sean la única forma que conozca mi organismo para desechar esta incertidumbre. Tal vez nunca logre olvidar la sensación claustrofóbica de un hospital, ni nunca desprenderme de ese “asco” hacia cualquier sanitario.

8 sept. 2013

Querida rutina...


Cuando más tiempo tengo para escribir, lo que me faltan son ganas de contar, de expresar, de sentir.

Ya no maldigo la rutina, es más, tengo ganas de volver a ella, ni el aire molesto que me despeina o las agujetas del corazón que bien conoce este blog. Ya no opino; simplemente no comprendo muchas cosas. Soy de esas personas que creen que todo pasa por algo; karma, Dios, destino: llamadlo cómo queráis. Yo tampoco sé muy bien cómo referirme a esa fuerza. Reflexiono y observo que mi vida está loca. No sabe qué dirección coger ni qué camino tomar. Ni siquiera sabe dónde está ahora mismo.

Aparecen “sujetos” que se interesan de una manera especial por mí; lo que tanto quería hace unos meses. Pero mis mareos persisten, las circunstancias familiares no me permiten parar y un café es el tiempo máximo de mis escapadas. Suerte que mis noches consten de ocho horas. Por otro lado, los abrazos escasean, como siempre; la distancia existente entre uno y otro es odiosa, pero también me hace valorarlos.

Es extraño que yo lo diga, pero, ahora mismo, me dan igual esos “sujetos”; quiero volver a mi rutina. Quiero ser esa “cría despreocupada” que se levantaba a las 9:04, que hacía deporte y se perdía entre libros en su biblioteca habitual. La misma que degustaba sus tazas de café solo con sus tostadas de Nutella. En cuestión de un mes, me arrepentiré de haber escrito esto, pero mi blog, mi vida, necesitaba conocer los malos tragos para valorar los chupitos de licor dulce.
Querida rutina....
 
Vuelve

2 sept. 2013

Situacion actual


La soledad es pena, oscuridad. Da miedo, nos bloquea totalmente.

Y esta soledad ya es rutinaria, pero sigo molesta. Intento aceptar la realidad, pero me ha salido la vena inconformista. ¿Por qué tengo que sonreír y estar feliz, si no es así? Yonki del amor, yonki del amor… queda muy bonito como expresión propia, igual que las agujetas en el corazón, pero resulta que hay un nombre verdadero para esto. Dependiente emocional. Sí, soy eso, pero hace tiempo decidí ignorar a cualquier experto en psicología.

¿En qué me baso para afirmar esto? Hace no mucho tenía una Fórmula secreta de los abrazos; un abrazo es el mejor antidepresivo. Arregla una ruptura, una ausencia, un llanto, un enfado. Vi que no están de moda, lo más cercano parecía un apretón de manos: también lo valoro. Y últimamente he visto que una mirada surte el mismo efecto. Hay miradas frías y miradas abiertas, cálidas; a esas me refiero.

Siempre he dicho que me vuelven loca los ojos oscuros, pero, con estas novedades, me he dado cuenta de que el color es lo de menos – qué anti racista suena - . Que dentro del color marrón hay miles de tipos: tonos y mezclas; igual en azules, verdes o grises.

28 ago. 2013


Abrázame, quédate a mi lado, deja que llore hasta quedarme seca, haz lo que sea para que sonría.

Esto y mucho más es lo que quiero mañana; será absurdo, pero tomaré el clásico té de las 5. Lloraré, porque sé que con él no puedo fingir; son muchos años de penas compartidas. Y, como ya no hay Fórmula secreta, le pediré un abrazo en el que yo marque el tiempo y la distancia. Y sé que sonó muy romántico, pero esta vez también desaparecerá cualquier temperatura. Qué más dará que la infusión hierva o que la cerveza esté fría. Dará igual. Porque quiero fundir la puta escarcha que se empeña en paralizar cualquier positivismo de este verano. A pesar de todo, tengo que recordar el dibujo de ese unicornio y otros muchos detalles. Tengo 21 años; seria patético dejarme llevar por la negatividad y anclar un verano más. Sí, han vuelto la ansiedad y las ganas de llorar, peo la palabra depresión dejó de existir para mí; porque nadie, ni siquiera la vida, tiene el poder de derribar mi sonrisa. Ahora está en obras, pero volverá, más amplia que nunca. O tal vez con la misma sencillez, fiel al recuerdo.

Café

Es justo lo que necesito. Evadirme de todo, desahogarme en el fondo de un café solo, pero es lo que menos me conviene. Ayer no comí; ayer rompí a llorar; ayer me quedé dormida en el sofá. Menos mal que la báscula aun no se ha sumado a esta tortura psicológica.

Siento decir que un abrazo carece de sentido; siento abandonar un libro cuando ya me queda menos de la mitad, siento pensar por alto en trozos de cristal. Siento no ser fuerte.

Visto que no podré parar el tiempo durante una temporada, retomaré los tés. Para empezar, una tila de dos sobres, por favor.

23 ago. 2013


No he querido preocuparte. Sí, te he contados las “novedades” familiares y propias; te he contado mi último abrazo, los besos, las caricias y mis molestias para dormir. Pero me he negado a que te preocuparas por una más de mis bajadas de tensión. Ella ya me conoce, sabe mis reacciones, y una mirada ha bastado para saber que un hielo podía ser la solución.

Ojalá todo lo arreglara un hielo. Soy consciente de que los polos se están derritiendo, pero siempre habrá hielo; en las gasolineras, en los bares, en cualquier congelador. El hielo combate accidentes puntuales como un golpe de calor; también es bueno para los dolores musculares. Y el corazón es un músculo. Recuerdo que hace ya unos años un single del verano era “corazón congelado”; qué habría que hacer para mitigar tanto dolor sufrido, esas malditas agujetas cardiacas. ¿Bastaría con hielo? Al final va a resultar que tener corazón de hielo es la mejor opción.

22 ago. 2013


Como siempre, el café es la batería de ciertos momentos; cómo no, repantigados en el mismo sofá.

 Pienso que este camarero quiere entrar en el record de “La peor música”, cada día se supera; pero da igual. Es de los pocos cafés solos que no tienen esa dichosa acidez, las gominolas de cereza picota glaseadas y el bajo coste de las cañas.

Pero ayer fue diferente. Cómo no, fue necesaria cierta dosis de cafeína. No tardaron mucho en llegar los besos rápidos, distraídos. “Te cambio el sitio”, “Déjame dos minutos”, “No muerdas”, “Muerde cuanto quieras, no hay problema” y, cómo no, “Abrázame”. Sé que he renegado de la Fórmula secreta, pero nunca dejaré de amar esa sensación: la temperatura ambiental deja de importar y, aunque suene excesivamente romántico, cualquier sonido desaparece y las agujas del reloj se paran. Ese abrazo, en ese sofá, recostada sobre su hombro… me sentí una niña pequeña. Nunca he tenido primos mayores, pero pienso que, en cierta edad, es la función que cumplen. Abrigar, ayudar y cuidar. Contra todo lo que pueda pensar este sujeto, aun no tengo pseudónimo para él, pero me da igual; necesito decírselo.

Gracias por escucharme siempre, por no impacientarte, por sujetarme cuando estoy mareada, por aconsejarme, por ese chupito que me debías y por esperarme.

20 ago. 2013


Pierdo peso, la ansiedad persiste incansable y el hielo no calma mis quejas musculares. Y, según parece, aun estamos en el meridiano de agobio continuo. Esta tarde he comprobado que mi subconsciente en ocasiones grita y pelea en momentos que no debe hacerlo. He sido sincera, he hablado sin tapujos. También he pasado por diferentes versiones: he sido niña, comiendo gominolas; he sido adulta, rozando mi boca con otra. Estrella, gracias una vez más, por hacer mágico un roce sobre mi hombro; por cierto, he descubierto otro punto débil que tal vez conozcas: esa cicatriz en medio del cuello que de alguna manera también me une a ti.

16 ago. 2013

Por favor



El cargo de toda una casa sobre mis hombros, millones de recuerdos que me asaltan queriendo hundirme, la ansiedad de cada momento: saber que no puedo cambiarlo. Esta semana la empecé suplicando un café, un abrazo, una sonrisa; ahora siento que me voy a desplomar. Te necesito ya, mi vida; sigo sin saber quién eres, pero no me pienso rendir hasta que el roce de nuestros labios sea un cartel iluminado: SOY YO!! Entonces me hundiré en tu pecho y te abrazaré con tanta fuerza que nuestras costillas parezcan entrelazarse. Poco importará que el ritmo de nuestros corazones nos reviente los tímpanos o que nuestras bocas enloquezcan. Te quiero YA, te quiero AQUÍ, te quiero SIEMPRE.































Enamorame, amor

13 ago. 2013

Soñar es gratis no?


Aunque ciertas personas traten de hundirme, de hacerme sentir tan extraña que mi vida carece de sentido, personas como tú me hacen sonreír, sonreír de verdad. Un simple susurro, una sonrisa, el sonido de tu respiración… incluso la ausencia de todo esto son detalles que ponen en marcha mi vida. Palabras demasiado cariñosas incluso para mí, de tu boca, me producen un escalofrío que me llega hasta la nuca; igual que pensar en tenerte cerca. Es un sueño, no puedo enamorarme de ti.

9 ago. 2013

Sencillamente.

¿Sabes qué pasa?
No sé si quererte
No sé si odiarte
No sé si acercarme a ti
o alejarme.

No sé si el tiempo es insignificante
o una absurda barrera.
No sé si la distancia es un reto
No sé si estás cerca o lejos
Quién, dónde y cuándo resumen bien mi inquietud
Y la respuesta es fácil: TÚ

5 ago. 2013

Curiosidad


Ya no es nada nuevo mi alto consumo de cafeína ni el efecto de ésta, ni la velocidad que adquieren mis latidos. Tampoco son nuevas las relevaciones que da mi corazón, la trasparencia del fondo de mi pensamiento, mis sueños y mis miedos. No es nuevo el sofá de ese bar, tampoco la mezcla de pena y rabia que me dan los finales de algunas amistades.

No todos los días encuentro cafeinómanos, como yo. Hemos compartido anécdotas del pasado, comentarios sobre personas en común y algunos sueños. Es curioso: he conocido a muchas personas que se llaman así y nunca me ha enfadado con ninguno; también es curioso que, justo hoy, haya vuelto a ese lugar, regado por lágrimas tanto tiempo atrás, ese que produjo temblores y nudos en estómago. Curioso que al levantarme del sofá el mareo haya sido cuestión de segundos. Curiosa la seguridad con la que he reprendido el camino a casa. Pero lo más curioso de todo es que la llegada a mi portal me ha recordado a mi tierna infancia, con pompas de jabón.

Quiero olvidar, quiero llorar, quiero soñar, quiero besar y me quiero enamorar.

Escribir me da la libertad de explotar y oxigenar mi corazón, pero el calor o la prisa que me rodea apenas me deja masticar la realidad. Huyo de la realidad tan a menudo como puedo; descripciones de abrazos o un “hola” son momentos en los que mi corazón ralentiza su ritmo.
































Enamorame, amor

31 jul. 2013


Cabe destacar que ayer retomé mi rutina deportiva, en pequeñas dosis, eso sí. Una pequeña dosis que, al parecer, ha sido suficiente para contracturar uno de mis hombros. Pero no importa, eso con una pastilla y quince minutos de hielo se pasa. La angustia el miedo, las ganas de llorar, no tienen antídoto.

Ser consciente de que alguien revuele dentro de mí, sacando mi pasado y jugando con mis traumas; desde el principio supe que “el Caramelo provoca caries” pero es ahora cuando pasa factura.

25 jul. 2013


Lo necesito. Cada breve descripción de abrazos hipotéticos me llena de calor durante cinco segundos, después me deja vacía, fría y sola. Pero hoy, por primera vez, he pedido una de estas descripciones y he sido consciente de que mi pulso ha ido descendiendo y mis manos han quedado temblorosas durante unos minutos. Un temblor de emoción; mis ojos han brillado, había quedado sin palabras. Me ha costado mucho empezar a hablar porque mi corazón se ha atado a ese cosquilleo en los hombros, no quería dejarlo huir. Pero sé que cuando hable con esta persona, cuando vea su nombre escrito o simplemente vea una foto, ese calor volverá; no sé si volveré a temblar, pero ya no me da miedo.

24 jul. 2013


Tantas veces echar de menos es inútil…

Sé que las casualidades no existen y que el destino, la vida, sabe el momento perfecto para que pase algo, por eso mismo confío. Cada caída, cada bache en la vida, ayuda a fortalecer, y a menudo oigo “eres fuerte”, aunque parece que no es suficiente. Echo de menos recuerdos, aunque sean puntuales, y también sueños, aun no realizados; mucha gente los considera “cuentos”, pero son mis objetivos, los caminos que quiero tomar hasta alcanzar mi vida.

Por mucho “dolor” que conozca, no cambiaría NADA en mi vida porque, gracias a tantos errores, ahora puedo esquivarlos. He tropezado mil veces con piedras muy parecidas, pero llega un momento en el que parece que tengo un detector.

No tengo prejuicios JAMÁS, pero aun así siempre, una sola mirada, me hace saber cómo es alguien. Tengo que tener cuidado? Puedo confiar? Alguna debilidad?

Llevo tanto tiempo pensando en cómo serás que si, como dicen, es mágico, va a ser como si ya supiera todo de ti.

Puedes ser cualquiera, lo sé. Y puede que ya te conozca, aunque no lo creo; no he sentido esa seguridad de la que hablan, y quiero que me sorprenda, cuando y donde sea. Puedo conocerte sacando al perro, en el gimnasio, en la biblioteca o haciendo la compra de casa. Te busco en cada persona con al que me cruzo, porque aunque me dé igual como sea tu físico, sé perfectamente lo que me harán sentir tus ojos; ya lo he vivido. Sentir que caigo en un abismo sin ningún temor a hacerme daño. Que pueda “estar en casa” en cualquier lugar del mundo si es juntos. Ya lo dije hace muchos blogs, pero es que NECESITO un inventario de recuerdos. NECESITO tus besos de buenas noches y tus cosquillas de buenos dás. Sin despertador, sin reloj. Que el tiempo solo valga si es a tu lado. Que no sean destacables los abrazos ni besos ni caricias, sino al ausencia de ellos. Que me llames niña (mi niña), cariño, tesoro, cielo, amor… y que lo digas porque lo sientes. Que consigas hacerme reír cuando me quiera morir, es bonito.

Oír tu voz superará a los mejores violinistas y pianistas del mundo. El olor de tu cuerpo será el perfume de mi vida, al igual que mi toque de vainilla te hará soñar. Tus manos corretearán por mi espalda como niños traviesos y mis labios buscarán los tuyos, sedientos.













Enamorame, amor

20 jul. 2013


Echo de menos sentir que mis labios arden al distanciarse de los tuyos, la risa tonta cuando tus manos se deslizan por mi espalda, los suspiros que daba sobre tus hombros cuando jugabas por mi espalda. Echo en falta el sabor de nuestros besos, esos que conseguían que todo desapareciera. Echo de menos tus manos abriéndose camino bajo mi camiseta; ese cosquilleo continuo en el estómago. Echo de menos que te metas conmigo, que me abraces cuando tengo frío, que me mires a los ojos y sienta vértigo.

Ya no sé ni a quién va. No siempre se “echa de menos” algo real. Hace no mucho predije que sería un verano cálido, pero, por lo visto, no es la calidez que esperaba; por ahora. Mientras, por las noches, las sábanas arden, encierran un mundo que no para de gritar, tal vez porque no encuentra lo que quiere. Quiero que, cuando me meta a la cama, pueda aspirar su olor, tu olor; una fragancia que me haga sonreír sin poderlo evitar. Que me digas que soy dulce o como tú quieras, porque eso significa que me ves, que soy importante para ti.











Enamorame, amor

19 jul. 2013


Sé que llevo varios blogs sin dejarme llevar, simplemente relatando acontecimientos. Y puedo garantizar que lo echaba de menos. Este blog es, ante todo, el espejo de mi corazón. Ahora toca dejar que hablé él solito. Toma las riendas del teclado.

A veces puedo sentir envidia sana, por tener ante mis ojos buenos consumidores de mi droga (amor); también puede que mi cerebro se alegre por ellos y que quiera que nunca se les acabe el suministro de droga… pero mi corazón siente impotencia por no poder robarles aunque sea unos míseros gramos. Recientemente, ya lo dije, vi a Esperanza y me dio un vuelco el corazón. Sentí muchísimo por él, aun lo recuerdo; sus ojos negros quedaron grabados en mi mente, al igual que la curvatura de sus labios al sonreír. Pero ya es pasado, ya no hay abrazos suyos, ni consejos ni nada. También he de puntualizar que Caramelo ha cambiado, por consecuencia de lo que tanto quería: enamorarse. Verle llorar de emoción, y no de nostalgia, fue el tope; entendí la importancia que le da, la necesidad que tenía de encontrarla. Y me alegro muchísimo por él; ya sabía de antes que mis súplicas terminan surtiendo efecto. Ahora queda que se cumpla MI sueño. Los abrazos siempre serán mis puntos fuertes, por supuesto, pero me parece que ya no actualizaré su Fórmula secreta. ¿Para qué? Todos, cada uno de los abrazos, son importantes, y, últimamente, he visto que ser abrazador también llena por dentro, aparte de que esas 6 reglas no son estrictamente necesarias. Aunque no la vaya a publicar en blogspot, me gustaría hacer una lista de sonrisas de miradas; esos ojos que, cuando brillan, te remueven las mariposillas que andan resecas, sin ganas de vivir, en alguna parte del cuerpo. Y esas miradas no necesitan estar a centímetros de ti, puede que estén a kilómetros, pero que una imagen consiga ese revoleteo.

17 jul. 2013


Encontrarme H, mi estrella, esos ojos negros, fue el principio del fin de ayer.

Mareos, aparentes lipotimias, regadas por lágrimas, y abrigadas por abrazos.

Esta mañana, he hablado con “Océano h” y resulta que la solución a mi temor actual es el helado de chocolate.

El problema es que ahora reaparece un sentimiento impulsivo que ya tenía abandonado; metáfora gastronómica: La mozzarella no utilizada mira cómo su compañero, el jamón york, ya es parte de una pizza. Y yo no sé si mi pizza va a ser dulce, salada, picante… sólo siento miedo de temer que estar mucho tiempo en el recipiente de ingredientes.

12 jul. 2013

Un gran día


En la entrada anterior me quejaba de no llorar. Las rutinas deportivas son metas imposibles con esta temperatura, esta bajada de peso, esta deshidratación, esta preocupación continua. Me he mareado, cómo no, esta vez lo de siempre: una hipoglucemia; aunque he de destacar que es la primera vez que me mareo en una tienda. Cómo no, el antídoto es una lata de Coca-Cola.

El resto de la tarde, como estaba planeado, ha sido bestial. A una hora temprana nos dirigimos a la cita; buen rollo, la sinceridad y el trato amigable persiste. Nos bajamos, veo a mi cuñada y la estrujo entre mis brazos. Es una persona que se deja llamar “amor” y de las pocas a las que apetece llamárselo. Nos lleva hacia su casa, aunque, antes, tenemos que pasar cierto tramo de Casa del terror. Por extraño que siga sonando, “mi nuevo colega” (aun me extraña decirlo) me coge de la mano para darme seguridad en la subida de esas escaleras irregulares, es gracioso, porque Caramelo hizo lo mismo en esa torre. Llegamos, hay presentaciones.

Claras de huevo que se empeñan en no separarse de la yema, espuma de pelo desperdiciada, un vestido monísimo, galletas, cosquillas, un masaje en la espalda, álbumes fotográficos, risas desenfrenadas, sinceridad, más gente, un café que se cae, consejos para el cuidado del pelo, algún leve mareo, comparaciones genéticas, confesiones castigadas con silencios, promesas… y lo mejor: Una carta y una pulsera.

11 jul. 2013

Deshidratandome


Esa sensación que describe Pablo Alborán n una canción tiene distintos factores. El calor actual me provoca una de sus versiones. Me empeño en buscar explicaciones a cada pequeño detalle, pero es imposible. ¿Por qué ayer, sentados en la  cama, tenía tanta sed? La sed es síntoma de inicio de deshidratación. ¿Por qué, estos días, me puedo llegar a beber 3 litros de agua en cuestión de horas? ¿Por qué no lloro? ¿Por qué me doy duchas frías cuando siempre lo he hecho con agua a punto de hervir? Ya no sé si odiar a este elemento (H2O).

Incompatibilidad de mis mayores vicios. comerme la cabeza y deporte


Ayer fue un día fuerte, de emociones inigualables. Tres chicas metidas en escasos metros cuadrados que apenas se conocen, pero con una confianza asombrosa. Colocación de las toallas, tocará compartir una, aunque la mía de perritos (una toalla con historia, muy especial) se queda demasiado pequeña. Varios de los presentes optamos por proteger nuestra piel de la radiación solar, otros no (malditos kamikazes). “La familia” decide darse un chapuzón, aunque yo estoy algo indecisa. Comemos nuestros bocadillos, mi cuñada me ayuda con el mío. De postre, cómo no, “nutella”. Tomamos el sol, abrasamos un poquito nuestra pie, hasta que nos animamos a meternos en la olímpica; a alguien se le ocurre cruzarla, y es entonces cuando sucede algo que quisiera olvidar, algo que anoche trató de impedirme dormir. Por muchas hipoglucemias, síncopes cardiacos o desmayos que haya sufrido a lo largo de estos años, ayer pasó algo nuevo, en el agua, la misma que dije hace tiempo que… era peligrosa, era el origen pero también provocaba tsunamis; bien, a veces no hace falta que sea agua marina. No estoy criticando a Océano, no tiene nada que ver; solo que ayer tuve mucho miedo, aunque al final todo terminó bien.

Tras ese “mal trago” todo continuó redondo. Las chicas nos tomamos un helado mientras ellos siguen en el agua, como los peces. Reparo en que tengo una bolsa de gominolas, que pronto desaparece, al igual que las “Tucs” del postre. Llega la hora de irse, y mi sobrina se desprende del grupo. Mi cuñada y yo compartimos de nuevo el vestuario, mientras a ellos les toca esperarnos en la entrada. Mi pelo terminó rizado, por supuesto, y mi espalda algo roja, pero no picaba; a Caramelo sí.

Terminamos yendo a casa, y, como siempre, acabé encerrándome en una habitación, la habitación. “¿Estás bien?” “No, déjalo. Es normal”. Nos vamos a la parada del autobús, un autobús que no viene. Y hay lágrimas, unas lágrimas que me destrozan por dentro, como nunca antes. Mi cabeza empieza a pensar en mil planes, posibles o improbables; cualquier plan efectivo es suficiente. Y entonces es cuando me sale abrazar a Caramelo. Me dio igual tener que ponerme de puntillas, me dio igual la corta duración del abrazo y la respiración agitada del abrazado. Ahí sí que hubo taquicardia, una bien fuerte. Tomé el control de la situación, a pesar de todo. No quise escuchar nada más, no quise que dijera ni una palabra más. Entramos en casa y yo me quedé en el salón. Fui traslúcida, no transparente. Solo una lágrima brotó de mis ojos, a pesar de que controlé muchísimo mi sinceridad y mi pulso cardiaco. Regresé a la habitación, pedí un trago de agua y me senté sobre esa cama, recuerdos de Telepizza. Quise cambiar de tema, hablar de cualquier otra cosa. Había sido un día perfecto, casi redondo; solo ovalado por “ese susto” en la piscina y ese momento de debilidad. Mi “ex contra” me propuso bajar a la calle, para huir de la situación que bien sabía no iba a soportar. Fuimos al parque, mi parque; ese del que, hace unos años, huí cierto día de noviembre. Hablamos de todo, me permití ser traslucida con él, nunca tanto como con Caramelo. No supe cómo agradecerle su actuación en la piscina; él me confesó que no supo porqué lo hizo, olvidó quién era yo, solo acortó la distancia. Decidí actualizar el papelito de mi cartera.

Llamadme friki, pero necesito decirlo. No sé a quién agradecerle… todo lo de ayer: las risas, la ayuda, los helados, el desahogo. Será Dios, será intervención de Caramelo, tal vez esta “familia” o, quién sabe, mi hombro. Gracias por un día más.

8 jul. 2013

Puede que...


Esta mañana me he levantado de la cama sola, como de costumbre, pero con la piel ardiendo; conste que estoy sana. Sé que se debe al calor, pero, emocionalmente, podría deberse a un grito por sensaciones.

Puede que un amigo me acompañe a casa y hablemos sin filtro: es un gran tesoro esa trasparencia, pero nada se sale de la normalidad del término “amigos”.

Puede que, por una vez, haya desechado la idea de un abrazo; a veces vale más jugar con sabores y texturas con los consecuentes recuerdos y risas.

Puede que tenga que retomar mis rutinas deportivas; mi droga con sus agujetas, tirones y contracturas. La liberación, la seguridad, la confianza en mí misma y en dicho entorno.

Puede que la ropa se acorte y deje que el sol dé vitalidad a mi piel.

Puede que haya desistido en ciertos recuerdos; que ya no quiera Mojito´s, ni piruleta, ni que me muerdan la boca hasta hacer herida, ni que me llamen Pequeño Saltamontes.

Puede que eche de menos a Sergio; es lógico. Puede que imagine cada día cómo sería todo con él, pero no vale de nada. No voy a llorar, porque no cambiará las cosas.

Puede que lo diera todo por un beso lento, por un par de ojos fijos en los míos, por parar el reloj, por sentir mariposas en el esófago.

2 jul. 2013

5´58


(Más tarde se comprenderá el título)

Prometí acompañarte en tu búsqueda de pantalones y camisa, y, por qué no, un cinturón. Esta mañana no he dejado tiempo entre mi despertador hasta el desayuno. Un té unas galletas han sido suficientes. He estrenado mi adquisición de ayer, lo más ligero que he visto en mi armario. Era previsible, he sido vuestro despertador. Tú no desayunas, te duchas, te vistes y nos vamos. Te has cortado el pelo; he de reconocer que tenías un puntazo. Estás igual que siempre, incluso mejor; eres fiel a ti mismo. Te enamoras de un cinturón, yo de otro; sucede como en las películas y como ya dije en un blog de hace mucho: te cargo con las bolsas, pero no te quejas. Te niegas a entrar a cierta tienda, aunque no tardo en salir. Poca variedad. Te aconsejo que te quedes fuera. Mis pies se empiezan a quejar. Otra tienda que optas por no entrar; una camiseta. Sección de cierta tienda hasta ahora desconocida para mí; te encaprichas de una chaqueta que será parte de tus sueños, pero al final me haces caso y admites mi buen gusto por esa camisa. Tienda con escaleras libres, cualquier lector de mi ciudad ya sabe a cuál me refiero; subes conmigo, deambulando por la planta hasta que encuentro prenda y me encamino al probador; te quedas (lo agradezco, aunque no te lo haya dicho directamente) y opinas sobre cómo me queda; ojeamos el sector masculino sin éxito; pago. Subimos al autobús buscando gafas de sol, otra vez sin éxito, para hacer una visita a mi gimnasio; no me ha importado lo más mínimo ver al sujeto “A”. Nuestras gargantas gritan por refrescarse, pero no hay granizado, excusa perfecta para una pausa diaria y uno de tus vicios. Charlamos animadamente y salimos en busca de los ingredientes. Ahora es cuando cobra sentido el título, es el precio que ha supuesto este viaje a Roma. Has visto que soy lista, en cuanto a esencias. Orégano, nata, aceite de oliva, sal, bacon y, cómo no, pasta. El emplatado perfecto, aunque no tenga mucha historia; la textura, exacta. El sabor ya te lo he dicho, y por otra parte estaba mi risa floja. Muchísimas gracias, Chef.

Vuelvo a dirigirme a ti


Anoche me faltaron un par de horas para poder plasmar el día.

Todo empezó por quedar a una hora extraña, a media digestión. Me encontré a un conocido, me pregustó qué tal…etc, y luego te vi. Cómo no, dos besos; te animas a mirar ropa, te conviene, nos conviene. Primeras adquisiciones. A continuación, nos impregnamos por la magia infantil de estas fiestas; es más, tú descargaste tu puño y sobrepasaste los resultados. “Deshidratamos” nuestros hígados, como es costumbre en estos días, destacando la paz existente respecto al protagonista de “¿Contento?”. Decidimos cenar el plato italiano por excelencia, los tres sentados sobre una cama. El final fue demasiado empalagoso para tu gusto, tranquilo hermanito, me refiero a la avellana. Nutella sin chocolate. Tras tu indignación por el poco ambiente de esta ciudad, me acompañasteis a casa. Hacía mucho tiempo que no le daba dos besos a quien tú ya sabes. Gracias otra vez.

1 jul. 2013

Cambio de chip


PROS:  

-          Reencontrarme con la primera chica con la que hablé en ese mal verano, la misma chica que bajó al rellano del portal con una lata de Coca-Cola para rehidratar mis lágrimas.

-          Tapear; no estoy acostumbrada, pero me conviene. Todo sea con tal de recuperar ese 9 en la báscula

-          Un café con hielos, cómo no, en ese bar; parada obligatoria cada vez que bajo al centro

-          Enamorarme de un yogur helado con diversas frutas y dulces

-          Risas incontrolables con comedia familiar en la calle

-          Aprender a beber en bota NOTA: De dos peñas diferentes. (¿Tengo cara de alcohólica?)

-          Impregnarme de una noche de rock

-          Disfrutar, a distancia, de un espectáculo de pirotecnia

ÚNICO CONTRA:

-          Sin ti, seas quien seas

29 jun. 2013

Planes de verano


Hace tiempo dije que mi único objetivo era dejarme llevar, impregnarme de emociones, sentir. Hoy, ya con sol radiante, tengo claro que quiero ver a Caramelo, ya es cuestión de días; también quiero ver a “Océano h”, hablar con él es otra manera de desconectar de todo. Este lunes, como cada año, será una fecha marcada, pero también entretenida, así que no habrá lágrimas.  Sigo queriendo enamorarme, lo tengo clarísimo; sé que a veces duele, pero soy yonki, necesito una pizca de amor para lucir maquillaje automático aunque sea a corto plazo.

25 jun. 2013

La RAE merece limpieza de términos


“Imposible” apenas se usa. Ideas como enterrar a tus hijos, sobrevivir a una catástrofe natural o combatir una enfermedad terminal pueden tener toda la pinta de imposible, pero yo lo clasificaría como improbable, ya que puede suceder.

“Promesa” se aplicaba a algo férreo; a día de hoy, se rompe con la misma facilidad con al que se hizo. Ejemplo: matrimonio-divorcio.

“Amigo”. Es lo más parecido a un hermano, un amor incondicional, pero que éste sí ha sido elegido por nosotros. En cambio, hoy en día se utiliza muy a la ligera. Muchas veces no es un amor desinteresado.

¿Qué más puedo decir hoy? Hacía tiempo que no lloraba frente al televisor, pero hay escenas cinematográficas que representan a la perfección los sueños que jamás se abandonan, los abrazos perfectos, el verdadero amor. Por otra parte, días después, compartir metro cuadrado con recuerdos de su infancia, G. y V.

Y hoy, para dar un buen comienzo al verano, manos ágiles han vuelto a deslizarse por mi espalda y mis hombros. Olor a eucalipto, tenue luz verde y caricias. He relajado los párpados y he viajado a un plano de sueño; tú (seas quien seas) rozando mis vértebras en mitad de una playa, recibiendo el olor y la brisa del mar. De fondo, oyendo el suave caminar de las olas. También puedo decir que mañana tendré marcas de esta ensoñación; masajes con ventosas.

22 jun. 2013

No todos los gustos convienen


No me refiero a alcohol, drogas, sexo… sino a las pequeñas cosas. El verano, con su calor, es mi paraíso, pero hoy he sufrido el primer golpe de calor del año. Se ve que el deporte no va a ser la única debilidad que se me niegue. Y el amor… ¿qué pasa con el amor? Saber/creer que es ley de vida es lo único que me libra de pensar que estoy loca; miles de ex toxicómanos consiguen librarse de su adicción en mucho menos de dos años. En cambio yo, sin haber recaído, sin haber tenido la oportunidad de revivir esa sensación, siento la misma “resaca”, los mismos daños colaterales, que la primera semana sin ella. El mismo ahogo, la sensación de soledad absoluta. ¿Qué es mi vida sin amor?

21 jun. 2013


Siempre insistí en mantener cierto equilibrio, pero ayer vi que era totalmente imposible. Mi mente, dentro de su idiotez, es sabia; en cambio, mi corazón es débil. Por eso no soporta mis rutinas físicas o emociones fuertes, como bien pude ver anoche. Lo siento, Caramelo, ya no es cuestión de ignorar; mi corazón se resiente con cada enfrentamiento. Ojalá fuera fácil saber cuál es el límite, hasta dónde puedo soportar la presión.

Ayer pasé por cierto colegio… y me estremecí al pasar por el taller de tecnología y los bancos de la portería, igual que al oír el toque de atención de megafonía. Y creí que rompería a llorar al ver ciertas caras y recibir “abrazos”. Crucé palabras con el profesor de francés y me disculpé por sentirme atraída por Roma antes que por París; me dijo que, conociéndome desde pequeña, era lógico. Recordé mi primera lectura, mi primera narración en clase de Lenguaje, mi atracón a abdominales en 2º, la plastilina, tantas lágrimas…

19 jun. 2013

Café y amor


Hace cuestión de minutos he comprobado que no es precisa ninguna compañía concreta, ni que el lugar tenga leyenda, ni que el café sea perfecto.

Para tomar capuccino me quedo en mi casa. Pero hoy he huido de mi casa, de la monotonía, las frases de siempre, la rutina; había gotas de lluvia en las aceras y sobre los coches aparcados. He buscado el local más cercano y, a la vez desconocido, para dejarme llevar con una tacita de café; quién me iba a decir a mí que un café cortado iba a tener tanto rastro de sabor caramelizado. Me he acordado de mi “hermano”, cómo no; de su risa al verme nerviosa, del matiz verde de sus ojos. Y también he recordado la voz tranquilizadora que, a kilómetros de aquí, me guió el martes pasado hasta J.

Aunque tenga momentos de debilidad y caiga en la tentación casi cada día, sé que lo estoy dejando poco a poco. Me conviene porque es justamente lo que necesito para sentirme completa, pero controlo más que nunca las cantidades; los excesos hacen daño. Tengo sustitutivos, por supuesto, pero a veces no son suficientes.

18 jun. 2013

El amor es alimento

La primera vez que el aire desaparece en cierta clase deportiva. Primera vez que comparto espacio con cierto imbécil sin preocuparme. Primera vez que me entra un hambre atroz tras estudiar.

Me paro a pensar en la inocencia que tiene ese término: Primera vez; primera palabra, primera caída, primer amigo, primera borrachera, primer beso, primer amor, primer momento íntimo.

Todas suelen ser desastrosas, pocas veces funcionan, pero son un chute de energía y esperanza para hacernos mejorar.

Son ley de vida. Incluso el Imperio Romano, tan fuerte y poderoso, vivió una gran caída; pasó a ser, simplemente, la capital de un país, aunque para mí  signifique mucho más: arte, amor, sabor. Mención, una vez más, mi actual interés por la gastronomía. Jamás había ingerido cualquier tipo de seta, jamás había visto un programa de cocina y, por supuesto, jamás había comprado ningún libro o revista de recetas. Pero, a día de hoy, hojear fotografías de emplatados consigue embriagarme, como antes solo conseguía un violín. Un leve cosquilleo que nace en el estómago y que llega a cada poro de la piel, un extraño poder que me obliga a cerrar los ojos durante un segundo.

Es extraño; yo, Shuri, yonki del amor, estoy comparando el arte culinario con El Poder (amor).








Enamorame, amor

17 jun. 2013

Madrugada en soledad





Ya había olvidado mi dificultad para conciliar el sueño. Serían las tres, no lo sé; solo sé que mi cabeza vagó recordando detalles de esos momentos que marcan un antes y un después. Mi última visita a “Italia”, esa mezcla dulce ingerida en “22 horas sin dormir”, “Regálame Marte”, “Muérdeme la boca”, varios de los candidatos a “Fórmula secreta de los abrazos”, por supuesto J., Océano y Caramelo… pero también un tocayo de Océano: sus palabras tranquilizadoras el martes pasado. Cada temblor por hipoglucemia en el gimnasio, todas las pesadillas reales que justifican mi lista de Contra, abandonos, frases dolorosas, ausencias.

Echo de menos los sueños, dicen que son emisiones nocturnas del subconsciente. Hace años soñé que estaba tumbada en un jardín, al lado de un supuesto novio; recuerdo su juego, sus manos acariciando mis piernas. Como era un sueño, no le vi la cara, pero recuerdo mi sensación, era como si el mundo empezara de cero. Sin traumas, sin miedos.




















Enamorame, amor

15 jun. 2013


Hace cuestión de días, mi “hermano” vivió cierta situación molesta, y, ayer, sucedió lo mismo con otro gran amigo. Aun no sé mucho, pero, solo leer el término “accidente” me ha hecho temblar. Parece exagerado, lo sé, pero hace cinco años me habría negado directamente a escuchar o intentar ayudar.

Sigo buscando ojos oscuros, sonrisas tímidas, piques tontos y, cómo no, abrazos. Sigo queriendo cóctel de emociones, aunque los componentes ya no sean los mismos; por mucho que digan que este verano será “frío” atmosféricamente, Sé que, en cuanto a emociones, habrá calor, mucho calor.

“Me descontrolas” puede ser un buen resumen de todo lo que siento ahora mismo. Calor y frío. Confianza y extrañeza. Seguridad y miedo. ¿Qué me está pasando?

12 jun. 2013

Preparados, listos ... YA


Ayer fuiste el último, cronológicamente, que habló conmigo; en cambio, uno de los primeros que más me calmó. En tu ámbito, insuflaste el oxígeno necesario para desatar un poco ese nudo en el estómago. Con J. no hubo abrazos, ni manos apretadas ni nada especial, pero supe que puedo contar con él: rompió su rutina deportiva cuando le dije “Por favor, quédate conmigo”. Pero las pocas palabras que intercambié contigo fueron, sin duda, de más valor. Rompí (o romperé) la primera regla de los abrazos, pero sabes? No me importa, los “hermanos” están ahí siempre, no les hace falta un contrato de permanencia. Y, aunque a veces la distancia sea un obstáculo, el poder que adquiere el intercambio de palabras es brutal. Ahora sí que sí, empieza el verano, cóctel de emociones preparado para ser consumido, paso de Mojitos que tengan mucho limón.  

11 jun. 2013

Siempre en mi mente


Hoy el día empezaba perfecto, estar dos horas y media haciendo deporte parecía el plan perfecto para no llorar, para no romper nuestra promesa, pero, cómo, no, me he mareado. La primera vez que rompo una promesa contigo, la primera vez que me mareo en clase de Vero, la primera vez que tiemblo tanto, la primera vez que un mareo es revocado a lágrimas, la primera vez que lloro como una loca en el vestuario; pero no la primera que tomo un café para intentar remediar las penas. Vero me ha aconsejado una ducha fría, para el mareo y para las penas, y ha funcionado. También es la primera vez que he cantado en la ducha. Solo tú, Everytime we touch, Dime y Recuérdame han sido las canciones que he repetido una y otra vez.

Perdóname, de verdad. Vero me ha escuchado, mientras se cambiaba, y me ha dicho que “tengo que sonreír para que esté contento”, Jony me dijo lo mismo ayer y es lo que debería hacer. Pero lo siento,la situación puede conmigo, y, aunque ayer estudié durante tres horas, hoy voy a huir, voy a tomar café, uno tras otro, estaré con J, no me importa si actúa como camarero, como amigo, como ex o como cabrón simpático. Seguramente lloraré, total: ya he roto mi promesa, y me han dicho en el gimnasio que siempre es bueno llorar si se necesita. Son lágrimas justificadas, un día es un día.

Y lo siento si hay alguna letra mal puesta, no me apetece releer. FELICIDADES, MI NIÑO